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SG Lewis / times

Lo mejor: 'One More', 'Impact', 'All We Have'
Te gustará si te gusta: Disclosure, Chic, M83
Youtube: 'One More'

Llega el momento de la verdad para el niño bueno Samuel George Lewis que, desde Reading al sureste de Inglaterra y en torno a los 25 años, se ha hecho con su hueco en la electrónica internacional como os hemos venido contando en los últimos meses. Ha colaborado con AlunaGeorge y Clairo, se ha colado en créditos de la mismísima Dua Lipa (la estupenda ‘Hallucinate’) y ha venido presentando pequeñas maravillas como ‘Experience’ para Victoria Monét, en la que colaboraba uno de los totems del mainstream actual, Khalid.

Su puesta de largo es ‘times’, un álbum centrado en los sonidos que más le inspiran para la pista de baile: la música disco (atención a las cuerdas de ‘Feed the Fire’ con Lucky Daye), los ritmos funky, el house y los beats de los años 90… Todo ello en sintonía con Disclosure (de hecho SG Lewis llegó a remezclar su single con Lorde) y Totally Enormous Extinct Dinosaurs, quien de hecho aparece como co-productor ocasional, como sucede en el primer tema del álbum, ‘Time’, el entonado por Rhye.

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‘times’ se sostiene en buenos pilares, como por ejemplo el oscuro ritmo tecno del viejo sencillo ‘Impact’, en el que SG Lewis logró reunir a Robyn, una de las voces más queridas del electropop gélido, no tan habitual como quisiéramos en la actualidad musical; y al expresivo y reivindicable -más después de haberle visto en vivo– Channel Tres. El nuevo single está a la altura y es aún mejor, lo cual es un elogio para Samuel, pues lo canta él y a nadie molesta. ‘One More‘, con la inconfundible guitarra de Nile Rodgers, merece en 2021 la atención que recibió ‘Lady’ de Modjo hace un par de décadas.

También sostienen el álbum el romanticismo de ‘All We Have’, que suena hasta poética como una canción de Caribou en su preciosa melodía o esa ‘Chemicals’, en cuyos créditos encontramos a Chad Hugo y que hoy por hoy solo puede sonarnos muy fuerte a Daft Punk. Después, el disco sucumbe a las minúsculas de su propio nombre, confundiendo la falta de pretensión con la generalidad, como en esa ‘Fall’ que cierra el disco sonando a M83 y Bon Iver sin ninguna necesidad. En un interludio habíamos oído al ingeniero de sonido Alex Rosner, una de las figuras esenciales del Nueva York de finales de los 70 y principios de los 80, decir algo así como que «si no hay armonía, no se baila». Aquí, armonía hay, ¿pero personalidad?

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