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Julien Baker / Little Oblivions

Te gustará si te gusta: Laura Marling, Lana del Rey, Phoebe Bridgers, Sharon Van Etten, Natalie Prass
Lo mejor: 'Ringside', 'Faith Healer', 'Hardline', 'Favor', 'Crying wolf', 'Ziptie'
Escúchalo: vídeo de 'Hardline'

Hace unos años escribí en esta web sobre la relación entre los artistas y las adicciones, y sobre cómo la sociedad sigue culpando a los adictos sin entender la patología que hay detrás. He recordado ese texto mientras escuchaba y leía sobre el regreso de Julien Baker, porque en ‘Little Oblivions’ se centra, más “sin filtro” que nunca, en sus adicciones, su reciente recaída, sus comportamientos autodestructivos, sus sentimientos de odio a sí misma y, en definitiva, su (inestable) salud mental.

No lo hace victimizándose, pero, aun así, seguramente muchos escuchen estas canciones y concluyan que se está haciendo la víctima, que los adictos “no me dan ninguna pena porque ellos se lo han buscado”, y demás coletillas. ¿Lo bueno? Que a Julien se la suda -a ratos- lo suficiente como para no cortarse un pelo ni autocensurarse y regalarnos un disco tan bueno como éste, un disco que lleva terminado-y-paralizado un año (pandemia mediante) y, sobre todo, un disco que tendrá poder terapéutico no solo para ella sino también para muchos de sus oyentes.

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De hecho, en uno de los singles, ‘Favor’, Baker habla de cómo disculparse por su comportamiento autodestructivo (que no solo le destruye a ella) acaba convirtiéndose en más auto-odio: “de la culpa al disculparme lloro, y me da mucha rabia porque parece manipulador, como que le robo a la persona su derecho a estar enfada… no quiero ser esa persona que se escabulle de sus mierdas llorando”.

En ‘Little Oblivions’ hay novedades respecto al acompañamiento musical, ya con una banda, y con más instrumentos y tímidos experimentos: del banjo de ‘Heatwave’ pasamos al piano de ‘Song in E’ y ‘Crying Wolf’, de ahí a los sintes y órgano de ‘Hardline’, la guitarra sucia de ‘Ringside’, etc. Pero se mantiene constante su gran habilidad como compositora, la manera en que su voz sabe cuándo debe tomar más espacio y cuándo dejarse llevar por la instrumentación y, sobre todo, su tremenda honestidad al hablar de, como ella dice, “sus mierdas”: la adicción y una autoestima por los suelos están presentes continuamente en las letras.

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“Por la mañana cuando despierto / desnuda en su madriguera / renuncio a todas las cosas que me trajeron aquí / y por la tarde, volveré otra vez” narra en ‘Crying Wolf’, “me golpeo a mí misma hasta sangrar / y te doy un asiento de primera fila” en ‘Ringside’, “no me voy a molestar en pedirte perdón / por algo que voy a volver a hacer” en ‘Relative Fiction’, o una de las más bestias, en ‘Favor’: “¿qué derecho tenías a no dejarme morir? / si me hubiese salido con la mía / yo te habría echado en falta más de lo que tú a mí”. No es de extrañar que empezase el disco diciendo “»blackout» un miércoles, ¿estoy intentando evitar algo? / empezaré a pedir perdón por adelantado / por todas las cosas futuras que voy a destruir” (‘Hardline’). De hecho, en el single ‘Faith Healer’ canta «te creeré si me haces sentir algo», y esto tiene bastante relación con el propio título del disco y con lo que quiere decirnos Julien a lo largo de éste.

Porque su espiritualidad sigue siendo esencial (la descorazonadora ‘Ziptie’ quizás sea el mejor ejemplo), pero de un modo distinto, buscando el Bien y el Mal dentro de una misma y no depositándolo todo en un ser, según contaba a EW: “además, tanto la religión como las identidades políticas férreas, o de pertenencia a un grupo han sido cosas a las que me he adherido para sentirme segura, para calmar mi ansiedad… para sentir algo. Y es por la misma razón por la que soy tan susceptible al abuso de sustancias”. A todos estos mecanismos con los que intentamos evadirnos “de una realidad dolorosa y dificil” es a lo que ella llama “pequeños olvidos” (‘Little Oblivions’) en nuestra mente. Este álbum es un reflejo de todo eso y, al mismo tiempo, consigue ser un “little oblivion” en sí mismo. Pero esta vez para bien.

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