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Por qué ‘Ella baila sola’ sigue siendo un disco vigente

Lo mejor: 'Cuando los sapos bailen flamenco', 'Mejor sin ti', 'Por ti', 'Mujer florero', 'Lo echamos a suertes'
Te gustará si te gustan: Duncan Dhu, Nosoträsh, La Buena Vida, Javier Álvarez
Escúchalo: Mejor sin ti

No hubo adolescente español a mediados de los 90 que pudiera escapar ni queriendo de la historia de Marta y Marilia tocando en el Retiro. ¿Cuántas veces se pudo oír en la radio aquello de lo bien que «empastaban sus voces»? El fenómeno Ella baila sola no era, en cambio, tan propio de Fan Club, en aquel 1996 muy ocupado con Take That y Spice Girls, como apto para las edades avanzadas y la mediana edad. Pegaban en 40 Principales pero su sitio realmente era Cadena 100. Igual ahora que somos mayores terminamos de comprender lo que sus canciones significaron, pues sorprenden lo avanzadas que son algunas de sus letras.

1996 es el año de ‘Omega’, Los Planetas cuelan en radiofórmula ‘David y Claudia’, y Ska-P su disco más famoso, ‘El vals del obrero’, en la imaginería popular. Mientras Alanis Morissette se da un baño de masas en el plano internacional, España compra también discos de mujeres a espuertas. El debut de Ella baila sola no llega a ser número 1 a su lanzamiento en 1996 (queda en el puesto 3), entre otras cosas porque Rosana monopoliza la cima durante 14 semanas con ‘Lunas rotas’. Después irrumpe el fenómeno Spice Girls y en 1997, aunque ‘Ella baila sola’ sigue vendiéndose como rosquillas, el disco de Marta y Marilia ha de conformarse definitivamente con el puesto 2: ‘Spice’ es top 1 durante 16 semanas.

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Pero el disco vende 700.000 copias ajeno al entorno independiente, donde no les perdonan quizá ese «empaste» de voces algo chirriante, casi desabrido; o quizá su pinta de pijas madrileñas, pues se habían conocido estudiando una cosa tan burguesa como COU en un colegio de Cuzco, y no en la Malasaña de ‘Historias del Kronen’. Y sin embargo, su música definitivamente hizo más por el progreso que aquella película y libro falocentristas.

Lejos también de los números del gran Javier Álvarez, que les había sugerido en el Retiro, con no tanto acierto, que trabajaran con el productor Gonzalo Benavides, Ella baila sola conquistaron a media España con una colección de singles con la que a buen seguro Hispavox se frotó las manos en el segundo cero. Imaginad un mundo en el que la gente compra CD’s todo el rato, y poned a su alcance un disco que contiene todo esto: Marta Botía escribió el gran hit del grupo, ‘Lo echamos a suertes’. Marilia, la más hermosa, ‘Cuando los sapos bailen flamenco’. Juntas firmarían su gran «sleeper», ‘Amores de barra’, hoy por hoy favorita del público. Y el disco estaría plagado de canciones con más sustancia de la que creías recordar, hasta el punto de que duele comprobar lo poco que ha evolucionado España en estos 25 años.

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Incluso hablando de amor, las canciones de Ella baila sola eran peculiares. Su single de «breakthrough» era un retrato de la decadencia. ‘Lo echamos a suertes’ retrata el final de una relación con igual dolor que indiferencia. En los albores de una crisis existencialista, su gran lamento es sentirse «especial», huir de hacer «todo igual que el resto de la gente» y de la rutina. Marta y Marilia parecen más preocupadas por hacer virguerías vocales y coros a tiempo y a destiempo indistintamente, que por volver al pasado. ‘Cuando los sapos bailen flamenco’ sí parece la clásica canción de amor «te vas y te pierdo», si bien sus campos semánticos resultan tan extraños en su mismo título como su sintaxis. ‘Por ti’, de repente, como cierre, es un tema tan excepcional en el disco que casi parece apelar al amor maternal (o paternal), pues es lo más puro que hemos encontrado en esta trayectoria de 13 canciones.

El gran éxito ‘Amores de barra’ celebra los rollos de una noche con Marta y Marilia en una posición de absoluto control y dominio, celebrando su sexualidad («son las 12, hasta las 5 te utilizaré») y tratando a los hombres, literalmente, como «ganado». Y media España descubría qué es la ironía gracias a la letra de ‘Mujer florero’, no al hit coetáneo de Morissette. «De mayor quiero ser mujer florero», una canción de Marilia, hubo de ser un himno mayor del que ya fue, en su feminismo visible, pero ojo al resto: ‘No lo vuelvas a hacer’ era una amarga orden contra un maltrato o un amor tóxico, pero una orden al fin y al cabo, anterior a ‘Malo’ de Bebe y ‘Te doy mis ojos’ de Icíar Bollaín. El disco se abría con una canción de liberación y libertad llamada ‘Mejor sin ti’, con «más de todo y nada de ti». La misteriosa ‘Disimulando’, ambiental como la coetánea ‘Lo eres todo’ de Luz Casal (escrita por Vainica Doble), parecía una canción de desamor en 1996. Probablemente no lo fuera en absoluto.

No serían las revolucionarias de la ciudad, y España estaba bien entrenada, hasta inmunizada, de himnos pop anti-racismo teniendo en cuenta lo que había calado ‘Africanos en Madrid’ de sus amigos de Amistades Peligrosas, pero hay algo poético en 2021 en escuchar ‘Que se te escapa el negro’ mientras en la tele no paran de salir imágenes de Santiago Abascal, provocando disturbios en el obrero barrio de Vallecas.

El mayor pero del disco son esos arreglos de producción mainstream noventera; parecen haber cortado y pegado las guitarras eléctricas de un álbum reseñado en la Metal Hammer. O al menos uno de Héroes del Silencio. Ellas estaban encantadas con los arreglos de Alfonso Samus, y seguramente si otra persona se hubiera encargado de producir esto, el disco hubiera vendido lo mismo que el primero de Nosoträsh. Pero el álbum ha envejecido mucho mejor en sus momentos acústicos, como el neo-country de ‘Besos de hielo’ y la mencionada ‘Por ti’, que en grabaciones como la rockera ‘Victoria’ y ‘Entra’, que parecen ideadas para los directos sin más. En otras palabras, lo peor de ‘Ella baila sola’ son los hombres en él: bateristas, guitarristas (especialmente ese solo que está a punto de echar a perder ‘Lo echamos a suertes’, pues una vez lo das por acabado, vuelve para aburrir con lo mismo), violinistas en modo celta y gaiteros.

Ella baila sola se conocieron unos 6 años antes de publicar este disco. Marta acababa de cumplir 22 años cuando este debut llegaba al mercado a mediados de septiembre de 1996, dispuesto a comérselo todo en el Q4. Marilia, que en una entrevista reconocería que continuaría viviendo con sus padres incluso después de vender 500.000 discos y promocionar su disco en Latinoamérica, tenía sólo 21, pues cumple unos meses después, en diciembre. Juntas habían reunido y descartado un gran número de canciones que habían ido acumulando juntas y por separado a lo largo de años, y ese pequeño detalle que se pasó por alto parece clave de cara a que no pudieran repetir tal éxito descomunal. Quedaba algo de encanto en ‘E.B.S.’ (1998), pero ya era premonitorio que la mejor canción de ese segundo disco se llamara ‘Despídete’. Poco quedaba del dúo como tal cuando planteaba «cómo repartir los amigos» al introducirnos a su tercer álbum, con una unión tan artificial de ambas que sus figuras hasta parecen photosopheadas en la cubierta de ‘Marta y Marilia’ (2001). Habían pasado sólo 5 años, pero parecía que hacía 10 desde que las cosas parecían salirles «solas».

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