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Disco de la Semana: black midi / Cavalcade

Lo mejor: 'John L', 'Marlene Dietrich', 'Slow', 'Chondromalacia Patella'
Te gustará si te gustan: tanto These New Puritans como King Crimson, tanto Battles como Scott Walker
Escúchalo: 'Chondromalacia Patella', en Youtube

No todo es post-punk y black midi lo han dejado muy claro con su primer disco. Puede que la prensa los meta en el mismo saco que a Fontaines D.C. o shame, pero lo de black midi tiene que ver con un tipo de rock mucho más «arty» que el de los artistas mencionados. Los de Croydon combinan el nervio del math-rock con las improvisaciones laberínticas del jazz para crear composiciones imprevisibles capaces de volarte la cabeza cuando alcanzan su punto de ebullición. En el caos controlado de black midi caben instrumentos como órganos o sintetizadores que enriquecen unas grabaciones igual de mimadas en el estudio que espectaculares de presenciar en directo.

‘Cavalcade’, el segundo álbum de black midi, ha sido grabado durante el confinamiento y esta circunstancia ha influido en el proceso de composición de la banda, que según la nota de prensa «hubo de abandonar su manera de componer basada en la improvisación por otra más cuidada y deliberada». ‘Cavalcade’ sigue sonando a ellos en tanto las canciones más potentes contienen un elevado nivel de aparente improvisación, pues el grupo ha sumado a la banda a un saxofonista y sus partes son 100% free-jazz, como demuestra el single ‘Slow’; sin embargo, el disco sorprende por lo relajado y melódico que suena en comparación con el anterior. Es como si, a causa de la pandemia, a black midi no le haya quedado otra que madurar de golpe.

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Esta madurez se manifiesta en un sonido mucho más refinado y compacto que el de su debut, además de en una instrumentación diversa que incluye buzoukis o arpas, pero sobre todo en unas composiciones que en algunos casos son todo lo contrario a continuistas. El delirante primer single ‘John L‘, sobre un rey destronado, apunta al prog-rock dadaísta de finales de los 60 para incorporar su composición más sustos que un capítulo de ‘Pesadillas’, y el tema siguiente es radicalmente opuesto, una bonita oda a ‘Marlene Dietrich’ que se pavonea con el ritmo de la bossa nova pero conmueve con el dramatismo de una balada de Morrissey o Paddy McAloon: «Bajo suaves luces, con la cara estirada con cinta adhesiva, nuestra reina de habla dulce se sube al escenario» es la presentación que hacen black midi de la glamourosa actriz.

Llevamos 2 pistas de ‘Cavalcades’ y black midi ya han trastocado cualquier expectativa que se pueda tener sobre ellos. A partir de la 3 sí se puede decir que las canciones de ‘Cavalcades’ parten de lo explorado en ‘Schanengeim’ aunque haciendo gala de ese caos «deliberado», meditado, maduro, del que habla la nota de prensa. ‘Chondromalacia Patella’, que en español se traduce como «condromalacia rotuliana» y hace alusión a una enfermedad de la rótula, es otra locura de math-rock y prog-rock en la que caben influencias del free-jazz y en la que black midi buscan concentrar todo el sonido como si fuera materia a punto de estallar. Después llega otro giro inesperado con ‘Diamond Stuff’, una composición ambiental, medievalista, que debe su título a una novela de Isabel Waidner y por la que pasan diversos instrumentos de cuerda como cellos, bouzukis, pianos, flautas… para imaginar un mundo místico en el que el cantante se tiende «en un campo de antracita» mientras un «taladro de diamante me quita los pies».

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Si ‘Cavalcade’ satisface como obra de gran técnica musical, en la que el vocalista y guitarrista Geordie Greep, el también vocalista y guitarrista Matt Kwasniewski-Kelvin, el vocalista, bajista y tecladista Cameron Pictor y el batería Morgan Simpson se lucen cada uno en lo suyo, también sorprende por la claridad de algunas de sus melodías, que en el enésimo caos controlado de ‘Dethroned’ obliga a pensar en bandas con las que de hecho black midi tienen mucho que ver como los infravalorados These New Puritans o Wild Beasts. Después de volverse locos una vez más con ‘Hogwash and Balderdash’, cuyo título alude a formas de escribir bobas o absurdas, como las que presume esta misma canción, el disco se cierra con una emotiva balada de «crooner» que podría ser de Scott Walker. ‘Ascending Forth’ imagina una vida «sin preocupaciones» y lo cierto es que black midi han hecho un disco lleno de distracciones en el mejor de los sentidos.

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