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‘Karen’: Rosenvinge sostiene la rica deconstrucción total de ‘Memorias de África’

‘Memorias de África’ es uno de los dramas románticos más recordados del siglo XX, como luego lo fueron también ‘El paciente inglés’ y ‘Los puentes de Madison’, antecedentes todos de ‘Brokeback Mountain’, remozado con protagonistas gays ya en el siglo XXI: tragedias cocinadas a fuego lento de las que te dejaban pegado a un kleenex horas, días o semanas, dependiendo de tu suerte en el momento de visionado. Son malos tiempos en cambio para el romanticismo, y la directora María Pérez Sanz ha estado muy hábil deconstruyendo el personaje de la autora y protagonista de ‘Out of Africa’, Karen Blixen, tal y como lo conocieron decenas de millones de personas.

En ‘Karen’ no vemos al personaje popularizado por Meryl Streep anhelando a ningún hombre. Si en la famosa película, esta mujer en 1913 ya no necesitaba que nadie le diera permiso para mantener una relación extramatrimonial, en la cinta que ahora se estrena, su independencia va más allá. Nadie le da paseos épicos por el cielo porque ella vuela sola en su negocio; nadie le tiene por qué lavar el pelo ni nada, si no es porque esté muy enferma. El único hombre de su vida aquí es Farah Aden, criado, amigo o apoyo espiritual en su plantación cafetera.

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Inspirándose en textos de Karen Blixen ajenos a ‘Memorias de África’, donde el personaje luego interpretado por Robert Redford tampoco tenía tanto protagonismo, el somero guión de ‘Karen’ nos habla de lo doméstico, del día a día de esta emprendedora, pero sin perder de vista el colonialismo ni las críticas que ha recibido la escritora sobre este asunto. En una escena que parece fundamental, Karen habla sobre lo importante que es para ella Farah, mientras este aguarda en la puerta mirando a la nada, como un perro.

‘Karen’ es, por tanto, una película poliédrica en matices e interpretaciones que lejos de aburrir -no le da tiempo, dura 65 minutos- por su ritmo tipo Isaki Lacuesta, quien por algo sale en los agradecimientos, pide un segundo visionado, consintiendo el debate sobre su significado último y su interesante desenlace. Y un porcentaje enorme del mérito es de Christina Rosenvinge, contra todo pronóstico. La cantautora, que en los últimos años ha publicado discos tan buenos como para dejar boquiabiertos a sus mismísimos referentes internacionales (no ha fallado nunca desde el sobresaliente ‘Tu labio superior’ al sobresaliente ‘Un hombre rubio’), sube un peldaño más al resistir sin rubor ni miedo -ni aparente esfuerzo- esos planos en los que simplemente corta flores, se come un huevo pasado por agua, mea, llora.

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Había cierta desconfianza por su regreso al cine después de 24 años, y con precedentes como ‘Todo es mentira’, desconfianza que se acrecenta cuando los créditos anuncian que el rodaje de esta película inspirada en África tiene mucho que agradecer… a la Junta de Extremadura. María Pérez Sanz, tan lejos en forma de otras películas feministas como ‘Entre rojas’ o la filmografía de Icíar Bollaín, sabe sacarle todo el partido a su actriz principal, convirtiendo cada uno de sus arriesgados planos lánguidos en un mensaje.

Una de las sorpresas de la temporada en el panorama nacional, y desde ya en la carrera de los Goya y los Feroz, con la colaboración del fotógrafo Ion de Sosa salvando los muebles en nuestra geografía, el montaje de Sergio Jiménez, que acaba de recibir el galardón de la Academia por la excelente ‘El año del descubrimiento’, y también la música escrita por la propia Rosenvinge. Son las dos canciones de la artista para la cinta un reflejo de lo que es ‘Karen’: su aparente modestia encierra grandes cosas.

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