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Christina Rosenvinge: «Ya no tengo pudor ni miedo a nada»

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Christina Rosenvinge: «Ya no tengo pudor ni miedo a nada»

Este viernes 4 de junio se estrena en cines ‘Karen‘, un proyecto ambicioso y modesto a partes iguales. Lo primero por quién inspira la cinta y por quién lo protagoniza después de tantos años apartada de la gran pantalla; lo segundo porque es una película pequeña y corta (65 minutos), que no carente de mensaje e intenciones.

La directora y guionista María Pérez Sanz -en esto último la acompaña también Carlos Egea- se han inspirado en la historia por toda una generación conocida de ‘Memorias de África’…, pero solo para desproveerla de “épica, historias de amor, safaris y fiestas de alto copete”. La aproximación a la autora del libro original, Karen Blixen (que firmaba con el pseudónimo Isak Dinesen, entre otros) es muy diferente. Hablamos sobre todo ello con la propia Christina Rosenvinge.

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¿Cuál ha sido tu principal motivación para hacer esta película?
María tenía un proyecto radical muy atractivo y ella me parecía una capitana de barco perfecta, que iba a llevar a cabo la misión que se había propuesto.
¿Tu origén danés fue determinante?
Para ella, sí. Porque yo al principio dudaba, y cuando le había dicho que sí a la música, pero no sabía si hacer la película, me decía: «sin ti no se va a hacer». Yo respondía: «qué responsabilidad me pones encima, María…».

¿Cómo os conocisteis?
Nos conocimos en una presentación de ‘Un hombre rubio’, vino al camerino, y yo me di cuenta de que había una chica con rizos que me miraba muchísimo. Después, apareció en mi casa en una fiesta, y me dijeron que me quería proponer algo. Me dijo que quería hacer una película y en principio yo iba a hacer la música. Quedamos para que me lo contara, y me dijo: «no te he dicho que me gustaría que la protagonizaras». Pensaba decirle que no porque estaba en plena gira, pero me convenció. Es carismática, tenía una buena idea. Y como decía (el fotógrafo de la película) Ion de Sosa, «no se le puede decir que no a una película indie». Es pecado mortal, te cae un rayo y te parte (risas).

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¡Es muy indie, eh!
Es muy indie, sí (sonríe).

Has hecho pocos acercamientos al cine. ¿Qué te ha llamado tanto la atención de este proyecto?
Es un concepto muy radical: coger una película que conoce todo el mundo y quitar lo épico y reducirlo a un drama doméstico. La propuesta me parecía irresistible. ‘Memorias de África’ es una película famosísima del siglo XX, con una actriz que es de las mejores del mundo. Y ‘Memorias de África’ es ya de por sí una mitificación de una novela que es ‘Out of Africa’. Años después de todo eso, Karen escribió una revisión, llamada ‘Sombras en la hierba’, pero ya mucho más desmitificada.

«No se le puede decir que no a una película indie»

‘Memorias de África’ tiene un punto feminista, pero también está el tema de que esta película retrata una relación entre una mujer y su criado. Parece una amistad, pero ella es su criado. ¿Cuál es el mensaje principal de la película?
‘Memorias de África’ no es feminista en absoluto porque potencia la historia de un romance como centro de la película. En el libro, no es el centro ni mucho menos. Denys Finch Hatton es solamente una de las historias. Pero es que además dentro del propio libro, está sobredimensionado. En sus cartas, no hubo tanta presencia de este hombre.

Decía lo de feminista porque vi ‘Memorias de África’ este domingo…
No resiste bien el paso del tiempo, ¿no?

Bueno, me pasé la mañana llorando.
¿Ah, sí? (risas) La recordaba de otra forma. Como ahora conozco la historia mucho mejor… Se notan los matices de Hollywood. Es mucho menos fiel a la historia de lo que yo recordaba.

Karen no es feminista de palabra, no forma parte de una comunidad, no establece lazos con otras mujeres… pero es feminista de facto

Para ser 1913 o 1914, hay un par de detalles en que se ve muy bien que ella elige, que no necesita permisos para según qué cosas.
Eso es fiel a la realidad. Desde muy joven tiene muy claro que es dueña de su destino. Ella quiere llevar una vida apasionante como la de su padre, que había combatido en guerra, había viajado… y eso es lo que la lleva a la aventura africana. No quiere llevar una vida burguesa de pequeña sociedad. Quiere vivir a lo grande. No es feminista de palabra, no forma parte de una comunidad, no establece lazos con otras mujeres… pero es feminista de facto. Es una llanera solitaria.

La relación entre ella y el criado no se sabe muy bien si es amistad o explotación.
Totalmente. Es una relación muy apasionante porque tiene muchos matices distintos. Realmente tiene una dependencia emocional. Por otro lado, él asume el papel de protegerla como parte de su misión. Tiene familia y un montón de hijos.

«Yo tuve una granja en África» es algo que no se puede decir inocentemente. Ella tiene una granja en África porque los pobladores no tienen derecho a comprarla

Pero en pleno movimiento «Black Lives Matter», se la puede ver como una explotadora y ya está…
Es que también lo es. He leído estudios postcoloniales de escritores kenyanos, como Ngũgĩ wa Thiong’o y él no la perdona. Él piensa que el libro (de Karen Blixen) hace un daño, porque expone una visión romántica e idealizada, y al mismo tiempo condescendiente y paternalista de la población indígena, a pesar de que la relación que ella tiene con ellos es mucho más avanzada respecto a los colonos británicos. Ella hace escuelas, se preocupa de que vivan bien, de que tengan educación, de que estén bien pagados, pero sin renunciar a su posición, que considera de alguna forma destino divino. «Yo tuve una granja en África», que es como empieza, es algo que no se puede decir inocentemente. Ella tiene una granja en África porque los pobladores no tienen derecho a comprarla. Hay que hacer una nueva lectura de todo esto. De todas formas, eso no merma en absoluto el hecho de que ella fue una escritora maravillosa. Una contadora de historias potentísima, entre las mejores, si no la mejor del siglo XX. No solo por ‘Memorias de África’.

¿Cómo has trabajado como actriz después de tanto tiempo sin hacer cine? Todo el mundo recuerda ‘Todo es mentira’…
¿Sabes qué juega mucho a mi favor? Que ya no tengo pudor ni miedo a nada. Ni a salir medio en pelotas, sin maquillaje, destruida… En otro momento habría tenido más reparo. Lo considero un regalo. Para mí la parte performativa ha sido divertidísima. Era la persona más feliz en el rodaje. También como actriz, con alguien que te está maquillando, que te ofrece un café… en vez de estar de rodillas en el escenario enchufando cables (risas) Era la única persona del equipo con una habitación con un balcón, unas vistas maravillosas. Todos los demás dormían de dos en dos.

¿Te ves en la carrera de los Goya?
No sé, no sé… me gusta que a mucha gente le haya sorprendido la interpretación. Me preguntan mucho por qué no he hecho más películas. Siempre digo que no es porque no haya querido, es porque no ha habido oportunidad.

Llevas el peso de manera brutal, no sé si te agobiaba…
No le tenía miedo a este personaje porque lo conocía mucho desde antes de empezar. Y había muchas cosas que podía aportar a la película. Llevo toda la vida desayunando en la vajilla de la película. La tienen todas las familias bien de Copenhague, es la clásica que se tiene allí. Había cosas que le decía a María: «aquí un huevo pasado por agua no se come así. Se pone en la tablita de madera, tiene que estar 5 minutos…» Para ella era de lo más exótico, pero culturalmente yo podía aportar mucho sobre cómo viven esas familias en Dinamarca, porque es el tipo de familia del que vienen mis padres.

Soy de la escuela de Sakamoto, me conozco su música de arriba a abajo, lo que me sale al hacer cine es Sakamoto. ¡Por fin tenía una oportunidad de imitar a mi héroe! ¡Y me lo tiró para atrás!

Casi no hay música en la cinta, pero toda la que hay se identifica como creación tuya, por voz, acordes… La banda sonora original de ‘Memorias de África’ es muy famosa y esto no tiene nada que ver…
Cuando María me dice que quiere que haga la música, le digo: «tengo una canción sin letra, como de los años 30, y no me cabe una letra en castellano porque además desmerecería esa melodía». No sabía qué hacer con ella. Se me había ocurrido dos o tres meses antes. Es perfecta para esto. La toqué en el piano y la tenía metida en un instrumento que es como una caja de música donde tú escribes música.

Esa es ‘My Life Again’. ¿Y la otra?
La otra no salió a la primera. Hice un tema completamente distinto con piano y sintetizadores. María insistía en que el piano era grandilocuente, y ella quería hacer algo más doméstico. Pensamos en hacerlo solo con guitarra.

¿Querías meter sintes en una peli de época?
Sí, soy de la escuela de Sakamoto, me conozco su música de arriba a abajo, lo que me sale al hacer cine es Sakamoto. ¡Por fin tenía una oportunidad de imitar a mi héroe! ¡Y me lo tiró para atrás! Pero bueno, desde aquí lanzo el mensaje a otros directores de cine. Me gusta mucho la idea de componer un instrumental. Nunca había hecho una guitarra solista, es otra cosa que he hecho por primera vez.

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