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‘Possessor Uncut’, la película ultragore del hijo de Cronenberg que arrasó en Sitges

No es la primera vez que el hijo de un icono del cine fantástico triunfa en el Festival de Sitges. El ejemplo más conocido es el de la hija de David Lynch, Jennifer, que recibió premios por ‘Surveillance’ (2008) y ‘Chained’ (2012). Hace dos años, Panos Cosmatos, hijo de George P. Cosmatos (‘Rambo’, ‘Leviathan’), ganó como mejor director por ‘Mandy’. Y, haciendo memoria, Lamberto Bava, hijo de Mario, ganó el premio al mejor guión con ‘Shock’ (1977), y Juan Luis Buñuel el de mejor director con ‘Cita con la muerte alegre’ (1973). E incluso podemos incluir a Duncan Jones, el hijo de David Bowie, que ganó con ‘Moon’ (2009). ¿Acaso su padre no es un emblema del fantástico con filmes como ‘El hombre que cayó a la Tierra’ (1976), ‘El ansia’ (1983) o ‘Dentro del laberinto’ (1986)?

Brandon Cronenberg ya estuvo en Sitges con su debut, ‘Antiviral’ (2012). Con ‘Possessor’, su segunda película (estrenada en Movistar+ en su versión “sin cortes”, supongo que por algunas escenas de sexo y violencia explícitas), ha dado un salto cuantitativo (premio al mejor director y película) y cualitativo: es mucho mejor que su fallida primera película. Si Cronenberg padre empezó haciendo cine de autor disfrazado de cine de serie B (‘Vinieron de dentro de…’, ‘Rabia’, ‘Cromosoma 3’), Cronenberg hijo hace todo lo contrario: películas con argumentos de serie B envueltas en papel de cine de autor.

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Esto era muy evidente en ‘Antiviral’, que parecía una versión estilizada pero pretenciosa y vacía del universo cinematográfico de su padre. En ‘Possessor’ también se nota algo esa afectación narrativa un poco inocua, el uso de un ritmo parsimonioso y unos planos demasiado solemnes para lo que realmente está contando: un sencillo thriller de ciencia ficción articulado sobre la idea de la “posesión” de otro cuerpo con fines criminales a través de la tecnología.

Sin embargo, en ‘Possessor’ sobresalen mucho más las virtudes que apenas vimos esbozadas en ‘Antiviral’: un notable sentido visual, lleno de plasticidad y expresividad (el filme tiene mucho de viaje psicotrópico); una estupenda dirección de actores, siendo el duelo psíquico entre Andrea Riseborough y Christopher Abbott de lo mejor de la película; y una apreciable capacidad para crear tensión dramática, consiguiendo mantener la atención del espectador hasta el final. Además, incluye una imagen bastante perturbadora que podría ser una fabulosa careta para lucir el próximo Halloween.

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Por cierto, aunque esté feo decirlo hablando de una película de su hijo, que ganas de ver la próxima de David Cronenberg: ‘Crimes of the Future’, una nueva versión -aunque parece que muy libre- de su película homónima de 1970, que va a rodar este verano con Viggo Mortensen, Léa Seydoux, Kristen Stewart y Scott Speedman como protagonistas.

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