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¿Merece el cierre de ‘Sky Rojo T2’ una nueva prolongación?

Sky Rojo‘ es la serie que peca de banalizar algunos aspectos de un tema tan crudo y perjudicial como es la trata de mujeres, pero que triunfa en acción y en conseguir que la audiencia no despegue la vista de la pantalla. Nunca ha sido definida así oficialmente, pero es lo que ha venido sucediendo: su primera temporada recibió críticas en España en ese sentido que la dejaron al borde de la cancelación, mientras en el New York Times acaban de incluirla en un top 50 de recomendaciones, siendo la única representación española del reportaje.

Es cierto que el perfil que se muestra de las mujeres, sobre todo de las protagonistas, no representa el de una víctima de trata: mujeres con la autoestima destrozada por sus proxenetas para que, entre otras cosas, no sienten que tienen la capacidad de abandonar ese mundo. Pero también es cierto que no habría sido posible contar una historia llena de acción como esta si las protagonistas no hubiesen tenido un perfil tan fantasioso. Tal vez su mayor error fue el humor con tintes negros que muchas veces se colaba con calzador en la historia: te sacaba de contexto y enviaba a un segundo plano la estructura de cómo está montando ese «negocio», algo que en síntesis parecía definirse como «mujeres engañadas y secuestradas que son obligadas a ofrecer sus cuerpos como objetos para pagar una deuda que nunca deja de crecer».

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Sin embargo, estas dosis de humor negro fueron reduciéndose a lo largo de los últimos episodios de la primera temporada para centrarse principalmente en la idea de las tres mujeres que quieren escapar y empezar una nueva vida, pero no sin antes destruir las de sus captores. Y con todo ello, el final de la T1 prometía un arranque adrenalínico para la segunda, muy al estilo de lo que pasó con la tercera de ‘La Casa de Papel’ después de que Nairobi (Alba Flores) recibiera un disparo, pero en esta ocasión no llegó a estar a la altura de lo que se esperaba.

Aun así, el hilo de acción de esos últimos episodios se ha seguido con bastante fidelidad en esta nueva temporada, mutando además a una mezcla muy interesante entre los atracos de ‘La Casa De Papel’ y la búsqueda del tesoro de ‘Outer Banks’. Pues en estos ocho nuevos capítulos, las chicas ya no se centran solo en el atraco a sus proxenetas, sino que todo se convierte en una cuestión de venganza y supervivencia, una guerra que solo puede terminar con la victoria de un bando y la destrucción del otro. Y la única forma de ganar, no importa el bando, es rompiendo de una vez por todas las cadenas ya muy podridas que entrelazan siniestra y tóxicamente a ambos bandos.

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En resumen, esta nueva temporada es una especie de ‘Alicia En El País De las Maravillas’ en la que caes sin parar por la madriguera del conejo desde el primer capítulo. Y cuando crees que ya has caído, te das cuenta de que aún queda mucho para llegar al fondo, un fondo del que probablemente no se salga ileso, al contrario que Alicia.

Y una última reflexión con alerta previa de SPOILER. Ahora que la historia se ha cerrado, que las buenas han ganado, que son libres para vivir su vida sin ser esclavas ni objetos de vejaciones y que los malos han recibido el castigo que merecían… ¿es necesario prolongarlo, en el mejor de los casos, una temporada más?

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