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‘No mires arriba’ y no verás la pandemia de la idiotez

Una vez más Netflix ha logrado capitalizar el entretenimiento como aquel verano en que estrenó ‘Stranger Things‘ o hace escasos meses conseguía con ‘El juego del calamar‘. Y de nuevo se ha beneficiado de una coyuntura muy concreta, la de una Navidad extraña que gran parte del público pasa autoconfinada por imperativos médicos o medio aislada por precaución propia.

‘Don’t Look Up’ (en España ‘No mires arriba’), la gran apuesta de la compañía para estas fechas tras un fugaz paso por las salas de cine, no ha podido llegar en un momento más adecuado, cuando la moral de la población está por los suelos después de atisbar varias veces el fin de la pandemia sin que el mismo termine de llegar. La nueva película de Adam McKay no nos habla de ningún virus -si no es el de la idiotez humana, altamente contagioso-, pero sí ofrece dos cosas que guardan cierta relación: por un lado ejerce de sátira política de los gobernantes del mundo en el último lustro, especialmente Donald Trump y todos aquellos y todas aquellas que de alguna manera siguieron su escuela; y por otro como retrato lamentable de la distorsión de la realidad que encontramos en las redes sociales, sea TikTok o sea Twitter. Además, y lo que es más importante, es una comedia escapista con la que echar un par de horas cuando no tienes nada mejor que hacer que taparte con una manta y dormitar.

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Las películas de catástrofes y las comedias siempre han funcionado muy bien en estas fechas por alguna razón. Zapeas y lo mismo te reconforta algo tipo ‘2012’ que ‘Love Actually’. ‘Don’t Look Up’ aglutina ambas cosas, pues habla del fin del mundo sin dejar de hacerte reír, llegando a buen puerto tras un dubitativo arranque en el que no sabes muy bien si estás ante ‘Aeropuerto’ o su parodia ‘Aterriza como puedas’. La respuesta es que ambas opciones eran válidas.

‘No mires arriba’ nos presenta a dos astrónomos interpretados por Jennifer Lawrence y Leonardo Di Caprio advirtiendo a la sociedad de que un cometa del tamaño del Everest va a destruir la Tierra en 6 meses, sin que nadie parezca darle más importancia que al penúltimo meme de un gatito. Adam McKay, que fue un conocido guionista de Saturday Night Live y realizador de comedias, después ha dado un salto con la oscarizada ‘La gran apuesta’, ‘El vicio del poder’ y también como parte de la dirección de la excelente ‘Succession’ (dirigió el primer capítulo y es productor ejecutivo). Esta nueva idea, que realiza una muy evidente parodia de los seguidores de Trump, los negacionistas de la pandemia y sobre todo los negacionistas del cambio climático, no puede ser su trabajo más imaginativo ni más esquinado. Quizá porque no está el horno para bollos ni para medias tintas, quizá porque la clase política ha caído y sigue cayendo tan bajo que una parodia tan zafia y burda era lo que correspondía realizar.

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En su retrato de una América idiotizada, solo podemos elogiar ese cásting lleno de superestrellas en el que Meryl Streep ha consentido hacer de abominable presidenta de Estados Unidos (es Trump, atentos a su hijo), Ariana Grande ha consentido hacer primero de cantante sin dos dedos de frente y luego de cantante que trata de beneficiarse de la causa con una letra vacía y ridícula, Mark Rylance hace de magnate tipo Jeff Bezos, Cate Blanchett de presentadora de programa de televisión-basura… hasta Timothee Chalamet tiene su aquel cumpliendo con la obligada cuota de personaje relamido para estas fechas. Todo tan real que da miedo que haga tanta gracia, como ya dice la misma película en su presentación: «basada en hechos reales posibles».

Con referencias tan dispares como ‘Teléfono rojo, volando hacia Moscú’, ‘Mars Attacks!’ y ‘Deep Impact’, a la que recuerda en parte de su final -uno de ellos-, ‘No mires atrás’ seguro que no ocupará una página decisiva en la historia del cine, pero es lo que necesitábamos ahora mismo para reírnos de 2021, como ‘Death to 2020’ lo fue a finales de 2020. «Es el fin del mundo tal y como lo conocíamos (y me siento bien)», cantaban R.E.M. sin adivinar cuántas veces nos miraríamos en su letra con iguales resignación y esperanza.

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