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Guitarricadelafuente / La Cantera

Lo mejor: 'Vidalita del mar', 'La Filipina', 'Flor de caramelo', 'Quién encendió la luz'
Te gustará si te gustan: Rosalía, Maria Arnal i Marcel Bagès, Rodrigo Cuevas
Escúchalo: Youtube

Guitarricadelafuente es una de las grandes revelaciones nacionales de los últimos años. Las cifras de algunos de sus singles, como ‘Guantanamera’, ‘ABC’, ‘Agua y mezcal’ o ‘Nana triste’ con Natalia Lacunza, se cuentan por las decenas de millones y las entradas para sus conciertos vuelan. A pesar de tremendo éxito, el valenciano Álvaro Lafuente no ha apresurado el lanzamiento de su primer disco, que ha llegado estos días con intención de descubrirnos a su autor en todo su esplendor.

‘La cantera’ es otro álbum que bebe de la tradición para traerla al presente. Raül Refree está involucrado como co-productor en otro proyecto de estas características, tras haber co-producido, por ejemplo, el debut de Rodrigo Cuevas. Junto a Raül, Álvaro enriquece su discurso con textos y referencias sonoras que le inspiraban, y que van más allá de lo que esperas.

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Entre las referencias más o menos previsibles, que no por ello menos interesantes o enriquecedoras, se encuentra ‘El camino‘ de Miguel Delibes. Su protagonista, El Mochuelo, abandona el pueblo en el que vive para prosperar en la ciudad, y su historia es parecida a la de Álvaro, que vivió múltiples veranos de su infancia en un pueblo de Teruel y hoy reside en Barcelona. Por otro lado, sorprende que el final de ‘Quién encendió la luz’ incorpora un fragmento de la ‘Danza húngara Nº 5 de Johannes Brahms, nada menos.

Dentro de este entramado de influencias, entre las cuales se incluyen también una melodía de Boccherini en ‘Flor de caramelo’, una de Joaquín Carbonell en ‘Vidalita del mar’, o sonidos que remiten a algunos de los artistas favoritos de Álvaro, como Bon Iver, Devendra Banhart o Chavela Vargas, emerge un interesante debut que funciona mejor cuando no intenta emplear demasiadas ideas al mismo tiempo.

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Se percibe en ‘La cantera’ cierta intención por sobrecargar el ambiente. La inaugural ‘Mil y una noches’ está a todas luces producida de más: el arreglo de viento es delicado y tiene sentido, pero cuando entran las percusiones el efecto no emociona sino que deja indiferente. En la bonita ‘Amanita’, que interpola una letra de Labordeta, los diferentes tipos de procesamiento vocal no aportan interés a la canción, como tampoco lo hace la sobredosis de autotune en ‘Rebozo’. Y ‘Antes que quieras olvidar’ está tan ornamentada que, cuando Álvaro se pone a cantar la melodía de ‘Jarama Valley‘, la que podría haber sido una de las cumbres emocionales del disco se desinfla en una especie de improvisación que podría haber ocurrido o no.

En otras pistas, Guitarricadelafuente halla ese deseado equilibrio entre tradición y «modernidad» que explora ‘La cantera’ con más o menos éxito. La jota aragonesa de ‘La Filipina’ es el ejemplo perfecto. Son simpáticas sus referencias a una «emperatriz de las Filipinas», a la «Virgen del Pilar» y a una vieja moneda española, pero sobre todo es adecuado su matrimonio de folclore y sonido contemporáneo. Lafuente y Refree no sobrecargan su discurso con sonidos y efectos que no vienen a cuento. Las tradicionalistas ‘Ya mi mama me decía’ y ‘Vidalita del mar’ también demuestran que ‘La cantera’ funciona mejor con menos, y la dulce rumbita de ‘Flor de caramelo’ lleva esta apreciación a su lado extremo, siendo la composición más sencilla de todas.

En el final de ‘La cantera’, Guitarrica aún tiene tiempo de sorprender de varias maneras: el sonido alegre y taberneno de ‘Quién encendió la luz’ le sienta muy bien, las Tanxugueiras se pasan a hacer coros en ‘La algarabía’ y el disco se cierra con una dramática composición llamada ‘A carta cabal’ que usa tanto cuerdas como efectos de vocoder de manera muy elegante.

‘La cantera’ pretende ser una «historia de juventud», la historia de un chico de pueblo que se ha ido a vivir a la ciudad y se ha enamorado, y su título alude a una generación futura, pues la «cantera» es el nombre con el que la gente mayor del pueblo se dirige a los jóvenes cuando se los cruzan por la calle. Sin embargo, el disco a veces no logra transmitir la frescura de la juventud. Demasiadas veces la producción colorea las canciones mucho más allá de las líneas, y melodías como la de ‘Mil y unas noches’ suenan esbozadas. Sin embargo, piezas como ‘La Filipina’ demuestran que ‘La cantera’ podía haber sido un cajón (de)sastre más equilibrado.

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