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‘La consagración de la primavera’: follar o no (poder) follar, esa es la cuestión

Laura acaba de cumplir 18 años y llega a Madrid desde su Mallorca natal para empezar en la universidad la carrera de Química, quedándose en un colegio mayor regentado por monjas. Tremendamente tímida e insegura, puede parecer que sus amigas viven en 2022 y ella en 1982 (y no en el de la Movida) en cuanto a relaciones y sexoafectividad, pero a ella le gustaría que esto no fuese así.

La casualidad hace que, a cuenta de un accidente que tiene mientras reflexiona sobre esto, acabe conociendo a David, un chico de 26 años con parálisis cerebral con el que irá sintiendo una conexión especial. A raíz del activismo de David en su blog, Laura acaba descubriendo qué es eso de la asistencia sexual para personas con discapacidad.

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A pesar de que ha seguido trabajando como montador después de estrenarse en el largo (‘Viaje al cuarto de una madre’ es de 2018), hace mucho que Fernando Franco es considerado director a secas. Su debut con ‘La Herida‘ dejó con la boca abierta a la crítica, llevándose el Premio Especial del Jurado en el Festival de San Sebastián y el Goya a Mejor Director Novel (y hay que sumarle el Goya a Mejor Actriz que se llevó su protagonista Marian Álvarez). Se tomó su tiempo para volver, con la también aclamada ‘Morir’, y ha vuelto a esperar unos años para regresar, haciéndolo con la que seguramente sea su película más redonda, y también la más accesible.

‘La Consagración de la Primavera’ vuelve a ser una historia íntima, y el carácter algo más dulce que en sus anteriores cintas pone al espectador como un tercero en esa amistad/pareja/whatever que forman Laura y David, sintiendo complicidad con ellos (y con esa madre con la que Emma Suárez amadrina este proyecto).

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Franco consigue un estudio de personajes de primera categoría, y esto es tanto por la completa entrega de Valéria Sorolla y Telmo Irureta como por el fascinante juego de espejos que plantea. Porque, pese a la controversia que ha generado por la asistencia sexual (reforzada por la diferencia de edad), la película no plantea “una verdad” al respecto, en todo caso un debate. O ni eso, porque el tema central no es ese sino el paralelismo que apuntamos entre sus dos protagonistas, en los que además no llega a estar claro quién tiene el poder, o si incluso hay un equilibrio en algunos momentos, y es lo que les lleva a sentirse tan cómodos el uno con el otro.

¿Qué pasa con Laura? Racionalmente, no ve que el sexo sea algo malo, pero no se lo puede quitar de la cabeza cuando se acerca demasiado con cualquier persona; lo siente incrustado en su fondo. No sabemos si es por sus muy conservadores padres, si es por sus inseguridades y por los complejos que vemos que tiene con su cuerpo, si es por algún trauma, si es un problema anatómico, si es una manifestación de un posible TOC, o si es todo esto a la vez; el motivo es lo de menos, el caso es que Laura querría disfrutar de su sexualidad, pero no sabe cómo. A efectos prácticos, no puede. Pero con David, sí.

Esto, evidentemente, tiene más matices en los que no entramos para no hacer spoiler, pero el proceso por el que Laura va pasando está reflejado con especial delicadeza por Franco y Sorolla. Habrá quien eche en falta más riesgo a nivel técnico, hay también decisiones que quizás podrían haberse evitado para conseguir que más personas le diesen una oportunidad a la película, alguna trama más caótica y un final un tanto abrupto, pero, en líneas generales, ‘La Consagración de la Primavera’ es una de las grandes películas españolas que pudimos ver en este Festival de San Sebastián, y, como suele ocurrir con Fernando Franco, un delicioso acercamiento a sus personajes.

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