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‘Moonage Daydream’, el caótico collage de David Bowie que vuela cabezas

¿Cómo afrontar el documental sobre un artista con una carrera tan longeva como la de David Bowie? Las posibilidades son infinitas, las cumbres tantas como para llenar al menos medio docena de películas de Hollywood. Todo lo que rodeó al nacimiento y muerte de su alter ego Ziggy Stardust, la sucesión de obras maestras que publicó en los años 70 en forma de álbum, la época en la que huyó de las drogas hacia Berlín y publicó su trilogía mítica, el concierto interpretando ‘Heroes’ que simbolizó la reunificación alemana, el enorme comeback de Glastonbury en 2000, sus últimos años de nueva reconciliación con el público y finalmente la enfermedad y la muerte… He visto larguísimos documentales e intensísimas películas sobre artistas con mucho menos que contar.

Pues bien, ‘Moonage Daydream’ pasa por encima de casi todo esto, evitando el clímax a la americana en sintonía con un hombre entregado a su artisticidad. Y que nadie piense que este es el típico documento ideado para vanagloriar a una persona que ya no está entre nosotros, que también hay por supuesto algo de eso. Pero hay que reconocer que las dudas que genera entre su público más exigente la deriva comercial de ‘Let’s Dance’ (1983) y la decepción que entre algunos genera su éxito masivo -y por extensión sus erráticos años 80 y 90- también están reflejados en esta cinta.

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Brett Morgen, responsable de cintas como ‘Kurt Cobain: Montage of Heck‘ (2015), mantiene su particular estilo. Tras contar con el apoyo de la familia de Bowie, ha pasado 4 años sumergiéndose en material no tan visto ni oído. El director se ha servido de grabaciones de giras y actuaciones de David Bowie durante los años 70, 80 y 90, así como de extractos de entrevistas y declaraciones usados a modo de narración para contarnos quién era el artista y cuáles eran sus inquietudes como conceptualista.

Las actuaciones y sus entrevistas conservan el magnetismo de siempre, mostrando a un hombre andrógino increíblemente adelantado a su tiempo, que tenía que explicar en la televisión de los primeros años 70 por qué le apetecía maquillarse o travestirse. «No son botas ni de hombre ni de mujer, son solo unas botas, tonto», respondió a un entrevistador hace medio siglo. Las performances en sí sacan nueva punta a canciones olvidadas como ‘Hallo Spaceboy’ así como a clásicos jamás olvidados como ‘Life on Mars?’ o ‘Changes’. Pero hay mucho más.

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Morgen no se ha quedado ahí, sino que ha escarbado entre las palabras grabadas en distintos formatos por Bowie para tratar de trasladarnos su visión sobre conceptos como el tiempo, el caos, el amor, la religión o el conocimiento de uno mismo. Arranca el guión con un escrito suyo sobre Nietzsche y la muerte de Dios y escuchamos su visión sobre los ciclos de la vida política; todo ello sin lugar para las polémicas al respecto –que las hubo-, simplemente maravillándonos de aquellos tiempos en que era habitual escuchar a un artista hablar de arte, política o sociedad, mojándose sin miedo a perder audiencia o ser malinterpretado.

Más allá aún, ‘Moonage Daydream’, a diferencia de otros documentales sobre artistas de música pop, se complementa con todo un festival de ráfagas de obras pictóricas, cinematográficas y de otras disciplinas, en relación con la propia obra del artista. Hay momentos tan imaginativos y ricos que el histórico 8º capítulo de la 3ª temporada de ‘Twin Peaks’ viene a la cabeza en su búsqueda de respuestas (porque la «búsqueda» era un concepto esencial para David Bowie).

‘Nosferatu’, ‘Un perro andaluz’, ‘La naranja mecánica’, ‘Metrópolis’, ‘Fantasía’, ‘Barbarella’, obras de Picasso y Pollock son solo algunas de las decenas y decenas y decenas de obras avistadas durante un segundo que aparecen aquí porque le enriquecieron -como él mismo reconoce en un momento- y de las que en algunos casos participó. ‘En el laberinto’ o ‘Feliz Navidad, Mr Lawrence’ tampoco podían faltar. Y todo ello surtido con una banda sonora de directos, nuevas mezclas y rarezas orquestada por Tony Visconti. El collage es apabullante.

A medida que el documental avanza en sus 135 minutos, echa de menos algún tipo de punto de inflexión que por un momento parece que va a constituir Berlín, ‘Let’s Dance’ o su retiro. Pero tampoco era tan imprescindible. Es fascinante que se pueda hablar durante más de 2 horas del artista sin caer en terrenos comunes como su uso de las drogas, su primer matrimonio, su paternidad, sus problemas de salud, ni a duras penas lo que para él significó el amor.

Su matrimonio con Iman sí aparece como un elemento que le distancia de la carretera. En los últimos años, vemos fragmentos de videoclips de ‘The Next Day‘ o ‘Blackstar‘, a sabiendas de que ya no había directos ni entrevistas, por lo que el material disponible es más limitado. Pero no pasa nada: ‘Moonage Daydream’ deja por sí mismo suficiente material como para soportar un segundo, un tercer y un cuarto visionado. Brett Morgen dice que quien quiera saber de la vida de Bowie, se mire una biografía; que él ha preferido utilizar el lenguaje cinematográfico en todo su esplendor para transmitir otra cosa. Y vaya si lo ha conseguido.

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