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Marika Hackman / Big Sigh

Lo mejor: 'Slime', 'The Yellow Mile', 'No Caffeine'
Te gustará si te gusta: Radiohead, Torres, Laetitia Sadier
Escúchalo: Youtube

La británica Marika Hackman es de esas artistas que sí sabe lo que es el formato álbum. Sorprende poco encontrar entre sus discos favoritos de 2023 el último de PJ Harvey porque es el tipo de álbum y sobre todo el tipo de artista que prima el todo sobre la suma de las partes. Su cuarto trabajo de estudio, ‘Big Sigh’, solo podía empezar y terminar de la manera en que lo hace.

Hackman, que destacó especialmente en obras como ‘I’m Not Your Man‘ (2017) y ‘Any Human Friend‘ (2019), tuvo después un bloqueo creativo coincidente con la pandemia, que medio resolvió con la edición de un disco de versiones. Casi 4 años después, ‘Big Sigh’ es un nuevo álbum confesional, sobre los desencantos que nos deja el amor y la vida, compuesto de guitarras post-grunge, pequeños arreglos orquestales y mínimos toques electrónicos. Co-producen Charlie Andrew (Alt-J, Wolf Alice) y Sam Petts-Davies (Thom Yorke, Warpaint).

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El álbum comienza con una especie de introducción en la que una voz distorsionada recuerda un pasado mejor: «por un momento fui feliz». Las cuerdas son como de película, su inspiración ha sido tan dispar como el compositor Vaughan Williams y la música industrial, y por eso las texturas pueden recordar a las de los Radiohead o los Broadcast más cinéticos.

Uno de los singles, ‘No Caffeine’, lista las cosas que se supone que hemos de evitar para evitar ataques de pánico. «Ocupa tu mente, no te quedes en casa, habla con tus amigos, no mires el móvil», propone sobre una melodía que juega con los contrastes entre preocupación (el ritmo) y alivio (los arreglos puntuales de cuerda). Las guitarras del tema titular son ariscas, definitivamente noventeras, mientras ‘Blood’, un diálogo de corte vampírico («quieres beber mi sangre, ¿crees que me quieres?»), es de corte acústico. En esta, Hackman ha querido contraponer lo que la gente espera de nosotros como pareja a lo que somos en realidad.

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Una relación tóxica sobrevuela todo el álbum, dejando su poso especialmente en la expansiva ‘Hanging’, que cerraría la cara A. «Mi corazón no crecerá con tus dedos alrededor de mi garganta», dice claramente, asfixiando al propio oyente antes de que ‘The Lonely House’ ejerza de remanso como instrumental a piano, abriendo la cara B.

No obstante, este no es un disco conceptual sobre aquella relación que nos decepcionó. ‘Vitamins’, con unos interesantes toques de indietrónica vinculables a Lali Puna, habla sobre las expectativas que tienen nuestros padres sobre nosotros, si bien Marika ha querido puntualizar que su madre jamás diría cosas como «eres un saco de mierda y oxígeno» como encontramos en esta letra.

Las composiciones de Hackman proceden de ese momento oscuro en que ves todo tan negro que incluso se te nubla un poco la mente y no enfocas la realidad. Ese pesar encuentra un equilibrio con la composición más pop(-rock), el single ‘Slime’, más sexual; o incluso algún ritmo ligeramente R&B en el sentido Rhye de la palabra. Ella misma bromea con que ‘Please Don’t Be So Kind’ podría haber sido entonada por una boyband con otros arreglos.

‘Big Sigh’ se cierra de la mejor forma posible con una canción conectada con varios puntos del álbum. Especialmente con esa relación tóxica que ha centrado algunas letras. «Dejé mi cuerpo bajo tus cuidados. Me llamaste muñeca y me cortaste el pelo / Me arrancaste las alas y flojeé / Fui un escarabajo en mi propia espalda». Un texto poético el de esta ‘The Yellow Mile’ que ya era la canción más bonita del conjunto incluso antes de ese precioso coro final que ejerce de outro.

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Fabiana Palladino