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‘Avatar: Fuego y ceniza’ es tan espectacular como excesiva

Acercarse al universo de Pandora no consiste solamente en adentrarse en su historia, sino también descubrir lo lejos que es capaz de llevar James Cameron la experiencia cinematográfica y convertirla en un acontecimiento que traspasa la pantalla. Quizá ‘Avatar’ no tenga el calado cultural de ‘Star Wars’ o ‘Harry Potter’ pero si cada una de las tres entregas ha reventado la taquilla internacionalmente de una manera tan contundente es porque todo el mundo sabe que van a ofrecer la tecnología más avanzada: no son películas, son experiencias.

Hay muy pocos ejemplos de filmes que hayan sabido integrar el 3D de una manera tan excelente como el primer ‘Avatar’, tanto que tras su estreno casi todas las películas comerciales venían con esa opción. La gente se cansó enseguida porque en su mayoría no aportaban demasiado, pero en el caso de la saga de Cameron, nunca ha habido lugar a duda: si vas a ver cualquier entrega de ‘Avatar’, asegúrate de que sea en 3D, y si es en IMAX mejor que mejor.

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‘Fuego y ceniza’ retoma los hechos inmediatamente después de ‘El sentido del agua’, con Jake Sully y Neytiri atravesando, cada uno a su manera, el duelo por la muerte de su hijo mayor. Además, su mundo está en peligro ante la amenaza de los seres humanos y de un nuevo clan Na’vi a los que no les importa dar la espalda a los suyos si esto implica conseguir poder.

En esta tercera película, Cameron vuelve a mostrar mucho más interés en el aspecto técnico que en el guion. Si ‘El sentido del agua’ ya mostraba algún problema en su desarrollo, en esta ocasión se agudizan aún más. Sobre todo porque la fórmula vuelve a repetirse prácticamente punto por punto. Aquí los excesos son algo más difíciles de perdonar precisamente por esa sensación de déjà-vu. Si se hubieran combinado los eventos de la anterior y de esta en una sola película, el resultado sería mucho más satisfactorio, pues más de tres horas para cada una se hacen del todo injustificables.

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Con todo, ‘Avatar: Fuego y ceniza’ sigue demostrando el buen hacer de Cameron tras las cámaras, coordinando frenéticas escenas de acción sin perder nunca el pulso narrativo. En lo visual, más allá de la técnica, seguimos encontrando a un cineasta con muchísimas más ideas que lo que es habitual en el cine mainstream. Hay segmentos de gran belleza, especialmente aquellos que se centran en la relación entre los Na’Vi y la naturaleza, que logran generar en el espectador un estado de fascinación a la altura de pocos blockbusters.

No obstante, el principal defecto de esta nueva incursión en Pandora es que llega sin tener demasiado que decir, sin desarrollar más a sus personajes y sin establecer unos riesgos más altos dentro de su universo (las resoluciones de los conflictos son demasiado fáciles y dependen en exceso de la espiritualidad). Es una pena que todo el corazón que Cameron pone en crear un espectáculo visual arrebatador no venga acompañado de mayor solidez narrativa.

En cualquier caso, ‘Avatar: Fuego y ceniza’ vuelve a ser una experiencia por la que merece la pena pagar una entrada de cine, pero si la intención es continuar con la saga con al menos dos películas más, necesitan urgentemente un acercamiento diferente para explotar plenamente el potencial de Pandora.

Rosalía / LUX

Acercarse al universo de Pandora no consiste solamente en adentrarse en su historia, sino también descubrir lo lejos que es capaz de llevar James Cameron la experiencia cinematográfica y convertirla en un acontecimiento que traspasa la pantalla. Quizá ‘Avatar’ no tenga el calado cultural...'Avatar: Fuego y ceniza' es tan espectacular como excesiva