Una decena de discos (o mixtapes, mejor dicho) y la considerable aceptación popular de singles como ‘Luna llena’ o ‘Sigue’ han situado a Beny Jr entre las principales referencias de la música urbana en España y como un nombre habitual en las listas de éxitos del país. Mientras esconde su rostro tras un pañuelo y huye de los focos mediáticos, suma más de 6 millones de oyentes mensuales.
Nacido en Marruecos en 1998 pero afincado en Barcelona, Beni Ahamed Garbía debutó en la música en 2019, animado por su amigo, colaborador y vecino de La Florida, Morad, después de haber pasado supuestamente por prisión tanto en Londres como en España por delitos menores, según varias biografías y sus propias letras.
Desde L’Hospitalet ha construido una amplia discografía que incluye colaboraciones destacadas con figuras internacionales como Central Cee o Eladio Carrión, aunque es Morad su principal aliado musical. Su propuesta logra diferenciarse gracias a su atención a la calidad, y ahí entran directamente socios musicales como El Guincho, con quien ya suma dos discos colaborativos.
El desprecio de ciertos sectores hacia la música urbana solo puede explicarse comprendiendo el elitismo, el clasismo y el racismo interiorizado presentes en parte de la sociedad, que concibe la virtuosidad técnica como la única forma “digna” de expresión musical. Como sucede con el hip-hop en Estados Unidos, para muchos artistas el rap representa una vía de escape de situaciones de extrema precariedad, aunque sin talento las carreras rara vez despegan.
Cuando escuchas a Beny Jr recordar su pasado delictivo -por ejemplo, en ‘Eigir’, donde relata que “vendía bolsas” y pasó tiempo en el “calabozo”- entiendes por qué figuras como C. Tangana rechazaron la etiqueta de trap, negándose a disociarla de su origen callejero. Beny Jr también se apoya en esa imagen en ‘Business Boy’, convertido en un “bandido” devoto de su madre (con puya incluida para Rels B), mientras El Guincho aporta un beat de trap más interesante de lo esperado.
‘SAMURAI II’ avanza entre historias biográficas marcadas por el éxito, la envidia ajena, la delincuencia y el desamor, acompañado de beats que tienden a lo exquisito sin pasarse de vueltas. El surtido de trap, drill y ritmos latinos de El Guincho recorre ecos de la estética de ‘Caprisongs‘ (2022) de FKA twigs -producido por él- en la inicial ‘Samurai II – Jack’, el Caribe de Drake en ‘Elixir Kadupul‘ o el afrobeat de ‘Lluvia de estrellas’, que, al igual que la destacada ‘Submarino’, incorpora el luminoso sonido de una trompeta. Otras piezas, como el merengue de ‘Cash Flash’ aporta variedad aunque no destacan tanto.
También hay en ‘SAMURAI II’ varias incursiones en el dembow, nunca tan futurista como el de Nick León pero efectivo en ‘Sueño REM’, y que en ‘Khedira & Özil’ deja un momento a subrayar cuando Beny Jr desafía a Milei, asegurando que el dirigente argentino caerá antes que él. Ojalá hubiera más momentos así en el disco y menos puyas innecesarias a Rels B por “cantar” o expresiones como “comepollas” que quizá sería mejor dejar fuera.
Apegado siempre a un estilo de composición muy apoyado en el autotune y en melodías íntimas y melancólicas, Beny Jr no entrega aquí su disco más dinámico en cuanto a melodías, pero junto a El Guincho sí consigue construir un repertorio muy cuidado en lo musical y que tampoco teme a la comercialidad: ‘Lotus Emira’ podría -debería- convertirse en un éxito tarde o temprano.
