El concierto Act X Palestine, celebrado esta noche en Barcelona, ha sido una muestra clara de la confluencia entre distintas luchas. Aunque la causa palestina era el eje central y el motivo de la recaudación, hemos visto a Ana Tijoux portando una camiseta de “Fuck ICE”, a la palestina Lina Makhul recordando a Sudán y al Congo, o escuchado apoyos a las víctimas del inhumano desalojo del B9 en Badalona y a todas las personas oprimidas en general. El concierto, más allá de su buena organización, ha sabido ser cálido, algo no siempre fácil de lograr en eventos benéficos como este, donde desfilan artistas de todo tipo, uno detrás de otro.
El evento, celebrado en el Palau Sant Jordi y dividido en actos, ha contado con un montaje inspirado en una plaza mediterránea y ha alternado actuaciones musicales con discursos y proyecciones sobre el genocidio de manera amena y ágil. Mensajes sobre las divisiones artificiales del mundo, sobre la vigilancia tecnológica -con un aplaudido Lluís Llach- o imágenes de familias devastadas por el conflicto han transmitido muchos más mensajes -y muy necesarios- que el de la liberación de Palestina, que ya es suficientemente importante.
Pep Guardiola ha sido el encargado de inaugurar el evento y, tras sus palabras, los artistas han ido apareciendo uno a uno. Amaia, uno de los principales reclamos, ha ofrecido una preciosa interpretación al piano de ‘Nadie podría hacerlo’ y ‘Tengo un pensamiento‘, y ha expresado su satisfacción por “poder aportar mi granito de arena”. Aunando nombres nacionales e internacionales, no ha sido tan extraño ver a Zaho de Sagazan y, un rato después, a La Zowi, como lo ha sido ver juntos a Guillem Gisbert y Mushka presentando su cumbia de la mejor manera que han podido, con Mushka sentada en una silla de ruedas tras sufrir un esguince.
Aunque personalmente tenía ganas de ver a Aurora -que también ha cantado al piano su bonita canción sobre Palestina y cuya presencia en el evento había sido comunicada el día anterior-, el momento de la noche lo ha protagonizado Rosalía, que ha aparecido sin estar anunciada para cantar ‘La Perla‘ en acústico. Acompañada de una pequeña banda de músicos -guitarra, coros y palmas-, la autora de ‘Lux’ ha jugado con los tiempos de la canción y ha usado el famoso puente de “no referirse a él como icono” para agradecer la invitación, subrayando el “honor” de subirse, precisamente, a ese escenario.
Honor ha sido también el nuestro al recibir sobre el escenario a personalidades como el activista Arab Barghouti, hijo del influyente líder palestino Marwan Barghouti, encarcelado desde 2002, o a Natalia Abu Sharar, presidenta de la Comunitat Palestina de Catalunya, que ha lanzado un emotivo mensaje de resistencia: “Nos roban las casas, pero no la memoria; queman nuestras tierras, pero no nuestras raíces”. No queda otra que mantenerse unidos en medio de un genocidio que ni respeta el alto al fuego, ni -por cierto- ha acabado, pues continúa ya fuera del foco mediático.
El concierto, que ha subrayado la presencia de nombres palestinos como Zeyne -que tiene tablas para convertirse en una pop star global- o de otros lugares como el Tuareg, de donde proviene la banda Tinariwen, todo un descubrimiento para quien esto escribe; ha contado también con la anunciada presencia de Bad Gyal, otra de las artistas más esperadas de la noche. Bad Gyal ha interpretado ‘Fiebre‘ sin desmadrarse bailando, dado el contexto, antes de dar paso a Morad, quien ha cantado primero con Farelo y después en solitario, paseándose de un lado a otro con la bandera palestina.
El concierto ha agotado entradas justo antes de empezar y ha sido un éxito artístico. De hecho, ya lo estaba siendo antes de Rosalía y lo habría sido sin ella. Su presencia, sin embargo, ha servido para reforzar y visibilizar la importancia de la reivindicación que nos había reunido allí. Pero en absoluto habríamos olvidado el divertido dabke de Fermín Muguruza, el pop coreado de Oques Grasses, el violín y flamenco de Laura Pacios, el piano de Clara Peya o el teatro experimental de La Fura dels Baus en plan distópico. Todos ellos han entretenido sin dejar de recordarnos por qué estábamos ahí y por qué lo seguiremos estando.