Almodóvar se ríe de sí mismo en medio de una ‘Amarga Navidad’

‘Amarga Navidad’ era hasta hoy un bolero ranchero de Chavela Vargas, escrito por José Alfredo Jiménez, sobre alguien que prefiere «matarnos poco a poco» en lugar de «abandonarnos» de una vez. El único abandono que teme Pedro Almodóvar es el de su imaginación, el de su facultad de crear. ‘Amarga Navidad’ es desde ahora una película que nos habla de la ansiedad o de la muerte de un hijo, sí, pero sobre todo de las musas.

En esta película, la «amargura» de verdad es la que puede llegar a sentir un autor cuando llega la hora de sentarse a escribir, con el cursor palpitando sin parar, aguardando que encuentres una historia, las palabras y un final adecuado, después de 23 películas. ‘Amarga Navidad’ nos habla sobre sentirse «arrebatado», en referencia a la obra maestra de Zulueta, en la cual Pedro llegó a doblar una voz.

Almodóvar tiene 76 años –anoche contó en ‘La Revuelta’ que durante un tiempo solía quitarse 7-. Siente que no le queda tanto tiempo, y por eso, desde la pandemia, no ha parado de trabajar ni un solo día. ‘Amarga Navidad’ retoma un viejo relato de su libro ‘El último sueño’, pero solo para retorcerlo hasta la extenuación. No, esta no es una película sobre un bombero guapo, ni Patrick Criado es exactamente el nuevo Liberto Rabal.

Desde ‘Todo sobre mi madre’, la clave del «cine adulto» de Pedro Almodóvar está siempre en el metarrelato, en la historia dentro de la historia, que puede surgir a través de un viaje al pasado (‘Volver’), y/o a través de la autoficción (‘Dolor y gloria’). ‘Amarga Navidad’, que parece una película sobre la directora que interpreta Bárbara Lennie, pero es una película sobre el director que interpreta Leonardo Sbaraglia, en realidad es una película sobre Almodóvar. ‘Dolor y gloria’ es, claramente, su prima hermana.

En ese juego de autoficción decorado porque la realidad es muy aburrida y «la ficción es necesaria siempre

«, hay muy interesantes reflexiones y no solo sobre el proceso creativo. Hay una muy importante sobre la salud mental: hace tan solo 20 años no teníamos ni idea de lo que era un ataque de pánico. Pero también hay espacio para el humor. La primera parte de la cinta tiene cierto poso de comedia y la última, que es más amarga, incluye una escena dramática en la que Sbaraglia/Almodóvar se enfrenta a todas sus críticas negativas con cierta sorna, a través del personaje de Aitana Sánchez Gijón, que interpreta a la persona que se ha encargado de resolver todas sus mierdas durante 20 años.

Esa escena es desde ya fundamental en la filmografía de Almodóvar por todas las capas que contiene. En primer lugar, la ética: ¿hasta dónde podemos llegar con la autoficción? ¿qué responsabilidad moral tiene el autor con su entorno? ¿qué compromiso puede llegar a adquirir con la intimidad de sus seres queridos? Y mejor: ¿es peor que no hablen de ti porque eres tan insignificante que lo tuyo «puede esperar»? Al tiempo, Almodóvar se ríe de todas las críticas que se suelen hacer a su cine, no Boyero, sino la gente que le y nos importa: que ya no pisa calle, que ha perdido la noción de la realidad, que se repite, y que vale ya de utilizar a su madre.

La conclusión final es que no sabemos tanto de Almodóvar además de que quería muchísimo a su madre y es probablemente el mejor patriota de este país, el que más ama España y ha vendido la marca España. Hay una foto muy grande, con mucha gente, en medio de todo esto. Y sin embargo, este autorretrato de ‘Amarga Navidad’ le dibuja de nuevo como un ser extremadamente solitario y ocupado únicamente de su legado, lo que por otro lado quizá tenga mucho que ver con la profundidad de su melomanía. Alberto Iglesias se repite a sí mismo en sintonía con todas las autorreferencias de la película, pero atención a esa última toma vocal de Vargas en ‘La llorona’, atención a Amaia sirviendo, y atención a ‘Libertango‘ también.

Hay un sinfín de temas tangenciales que surgen en este guión: qué es una película de culto y cuántos minutos dura el prestigio de un artista vivo. Spoiler: son 5. Pero por encima de todo esto, Almodóvar ha vuelto a triunfar en lo que mejor se le ha dado últimamente: en lo formal. Hay un momento en que ‘Amarga Navidad’ parece un borrador, con personajes desdibujados, hombres florero, situaciones que no van a ningún sitio… y resulta que tiene un sentido.

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Publicado por
Sebas E. Alonso