Un sentimiento de melancolía recorre de principio a fin ‘El Niño Bola, el álbum debut de mori, que ha ido gestándose lentamente tras varios años publicando música en el fascinante sello Rusia IDK. Siete años después del lanzamiento de su single ‘q no’, llega a su primer largo jugando con muchísimos géneros a la vez y creando una estética que encuentra un punto de unión entre el clasicismo propio de un “crooner” y los experimentos de rupturismo pop característicos de otros nombres clave de la discográfica madrileña como rusowsky o Ralphie Choo.
A lo largo de 16 cortes y tan solo 35 minutos, mori lanza multitud de ideas a unas producciones lánguidas pero adornadas con pinceladas a todo color. En sus mejores momentos, el artista logra componer canciones atmosféricas, que funcionan como universos propios y que resulta todo un placer explorar. ‘Star’, en colaboración con rusowsky y co-producida entre Roy Borland (productor principal del proyecto) y Ralphie Choo, es un momento poderoso, donde la voz en falsete de ambos artistas emociona sobre unos sintetizadores que se integran sugerentes a las cuerdas acústicas.
La otra colaboración del álbum, con AMORE, es indudablemente otro de los puntos más álgidos del proyecto gracias a la química entre ambos cantantes. ‘I Feel Good’ suena tan romántica como un hechizo, incluso si la letra es agridulce (“Soy un romántico / pero no un tonto / algún día esto terminará / y no podré hacer nada”). Más críptica pero igual de agridulce es el fantástico y envolvente hypnagogic pop de ‘Is it Forever?’ o el buen broche final de ‘Lovers to Strangers’, donde hay un efecto de sonido sucio, como si estuviéramos escuchándola en una misteriosa estación de radio o en un cassette perdido de los años 50.
‘El Niño Bola’ se construye a base de retazos de muchas cosas, algo que a veces desemboca en ideas prometedoras que no terminan de desarrollarse de forma completamente satisfactoria, como en el brevísimo interludio ‘Lifestyle Clues’, que daba para mucho más, o en las inquietantes ‘Ready for Life’ y ‘Premature Baldness’, que no encuentran del todo su lugar en la secuencia. Pero pese a esa irregularidad, mori siempre consigue generar interés, bien sea mediante su gran gusto (y oído) para las melodías, o bien por los delicados arreglos de las composiciones (el bonito tramo final de ‘Big, Big Love’ o las tonalidades retro-psicodélicas de ‘TODAY’).
Expandiendo su sonido y adaptándose al formato largo, ‘El Niño Bola’ es un disco prometedor, que aunque en conjunto no sea redondo, contiene alguna gran canción para el recuerdo. Como si fuera una especie de Cindy Lee patrio, mori es capaz de hacer música que suena contemporánea, pero también como de otra época. Las canciones de su álbum debut son cápsulas del tiempo que nos llevan a un pasado enigmático y reimaginado.
