Desde su disco homónimo (2005), Robyn se ha tomado su tiempo entre proyectos y ha mimado cada una de las canciones que llevan su firma. Por méritos propios, se ha convertido en todo un referente de la música pop del siglo XXI, y no solo gracias a canciones ya míticas como ‘Dancing On My Own’, sino también a álbumes tan sofisticados e importantes como ‘Body Talk’ (2010) o ‘Honey’ (2018).
Casi 8 años después de este último, llega ‘Sexistential’, su noveno disco, un trabajo de vocación liberadora en el que la artista sueca reivindica y celebra el deseo sexual femenino en la mediana edad.
En este tiempo fuera de los focos, la cantante ha sido madre a través de la fecundación in vitro. En el corte titular te cuenta la experiencia sin tapujos, incluidas las ganas que tenía de follar estando embarazada de 10 semanas o lo cachonda que le pone Adam Driver, su respuesta a la pregunta sobre quién sería su donante de esperma ideal. Robyn rapea con humor sobre sus cambios hormonales en este proceso, aunque parece que ella se lo ha pasado mejor haciendo esta canción que cualquiera que la vaya a escuchar (algún verso puede resultar gracioso, pero el conjunto es un intento demasiado forzado de ser irreverente y camp). En cambio, musicalmente, coqueteando con el house y el electroclash, es mucho más interesante, aportando una capa nueva y refrescante al canon de la artista.
Son las producciones, meticulosamente cuidadas, lo que elevan continuamente muchas de las composiciones. Robyn es toda una experta en crear temazos electropop para la pista de baile, pero sus canciones no son radiofórmula, de hecho, a veces no son ni inmediatas, sino que requieren de una atención especial a los detalles y varias vueltas para que el oyente pueda desentrañar todos sus detalles y disfrutarlas al máximo. Esto vuelve a estar en ‘Sexistential’, aunque los resultados generales no son tan redondos como otras veces. Sí encontramos, sin embargo, momentos muy estimulantes, donde brilla el talento de la cantante, como la gran apertura que es ‘Really Real’, una canción sobre perder la química sexual con alguien, que destaca por sus percusiones agresivas y sintetizadores explosivos, con la sorprendente presencia de una guitarra discontinua hacia el final.
En ‘Dopamine’, vuelve a territorios más familiares con un tema que encajaría perfectamente en ‘Body Talk’. Es Robyn haciendo lo que mejor sabe hacer y sin querer inventar nada nuevo: synthpop eufórico y agridulce, que lo mismo vale para darlo todo en la pista de baile, que para ponerse melancólico en ella. Y, evidentemente, tampoco inventa nada nuevo ‘Blow My Mind’, una actualización de una canción de su álbum de 2002 ‘Don’t Stop de Music’. La revisión, ahora mucho más bailable que antes, le sienta bien, pero la inclusión en el disco no se entiende demasiado, sobre todo en uno de solamente 9 canciones.
¿Síntoma de falta de ideas? Es posible, pues justo después llega la futurista ‘Sucker For Love’, una canción creada para su EP con Röyksopp, ‘Do It Again’. Por supuesto, Robyn y su productor habitual Klas Åhlund se encargan de adaptar el sonido de estas canciones recicladas al universo ‘Sexistential’, y son en su mayor parte efectivas, pero sin llegar nunca a la altura sus grandes temas. La muy sexy ‘Talk To Me’, en colaboración con Max Martin, nos muestra nuevamente a la mejor versión de Robyn. No es nada que no haya hecho antes, pero esa melodía es una gominola pegajosa e irresistible, y su progresión contenida, que nunca llega a explotar en un gran clímax, es lo que termina por convertirla en algo memorable. Como toda gran canción pop, nos deja satisfechos, pero con ganas de más.
El disco culmina con dos sólidas producciones futuristas en las que Robyn crea una atmósfera de ciencia ficción espacial. Tanto ‘Light Up’ como ‘Into the Sun’ muestran su lado más vulnerable, donde habla sobre arrepentimiento, orgullo y soledad, poniendo un broche dramático a un ‘Sexistential’ que se mueve entre lo sensual y lo sexual, entre lo íntimo y lo explícito. Hay destellos brillantes y también piloto automático. Es una colección de nueve canciones, efectiva, divertida y confeccionada con buen gusto, pero que no llega a la marca tan alta que habían dejado sus tres últimos álbumes.
