Todo sigue igual en el universo de WU LYF, 15 años después de editar su primer y, hasta hace poco, único disco. De hecho, se podría decir que el cuarteto de Manchester tiene aún más razones para seguir apostando por la autogestión y el control absoluto de su propia promoción y distribución, dando la espalda a las plataformas de streaming masivas y a la industria musical en sentido amplio. Irónicamente, su música suena como si debiera ser coreada por millones de personas.
Quizá ahí reside la clave del fervor que genera WU LYF en su aún abultado fandom, a la que contribuye su estética de secta y casi religiosa, reflejada también en unas letras que abordan la superación y la transformación con expresiones diseñadas para exaltar las emociones. Su segundo disco, ‘A Wave That Will Never Break’, por tanto, no debería decepcionar a quienes lleven casi dos décadas esperando un nuevo trabajo del grupo de indie rock más enigmático.
El ancla de las canciones de WU LYF, y su núcleo emocional, sigue siendo la desgarrada voz de Ellery James Roberts, uno de esos cantantes que, más que cantar, predican y vociferan como si les fuera la vida en ello. Junto a la épica instrumentación de Evans Kati, Tom McClung y Joe Manning, que incluye un órgano tocado por el propio Ellery, WU LYF ofrece un repertorio de indie rock exaltado y emocional al máximo, en el que también experimentan con sonidos, desarrollos y duraciones.
La propuesta de A Wave That Will Never Break’, que recuerda a la de los primeros Arcade Fire o a la de grupos como Broken Social Scene, suena extrañamente desubicada en 2026, pero destaca precisamente por eso. Se diferencia también por el componente apocalíptico de sus letras y por el sonido catedralicio de la producción, de la que se ha encargado esta vez el supremo Sonic Boom (Spacemen 3), quien, según ha contado Ellery en una entrevista reciente con JENESAISPOP, se pasaba las horas fumando porros en el estudio.
La épica post-rock de ‘A Wave That Will Never Break’ y sus letras emocionales y universales convierten el disco en una experiencia musical cercana a lo trascendental, aunque quizá resulte demasiado intensa para oyentes que busquen sutileza. La euforia contenida de ‘Letting Go’, que incluye una bella coda de órgano, es la excepción en un álbum en el que las emociones están siempre a flor de piel, como en la inicial ‘Love Your Fate’, que describe “ciudades ardiendo” y “gente de luto”, mientras Ellery canta como poseído una melodía apoteósica.
A lo largo del disco se mantiene una sensación constante de pérdida de control y transformación inevitable, producto de un sistema que ha “colapsado” y que la sociedad está condenada a heredar de padres a hijos, como en el tema ‘Wave’ (“el presente debe ser transformado si queremos sobrevivir al legado de nuestro padre”). ‘Tib St. Tabernacle’ se toma su tiempo —exactamente 11 minutos— para pintar una imagen apocalíptica de un mundo contaminado antes de animarnos a pasar a la acción (“vuelve a tu cuerpo y sal de tu mente”), tras lo cual la canción libera toda la tensión en un final cercano al rock progresivo.
El álbum incluye episodios más personales como ‘Robe of Glory’, el tema más vehemente y turbulento del conjunto, con un Ellery que reflexiona sobre no “sentirse suficiente” en una relación. Sin embargo, predomina un espíritu impetuoso y victorioso, que parte de ‘Love Your Fate’ y concluye en la también épica ‘At the End of the Day (It Is What It Is)’, que cierra el álbum desde una resignación positiva: “Cuando era joven pensaba que podía cambiar el mundo, pero ahora que soy un hombre sé que solo puedo hacer simplemente lo que esté en mi mano”. Hace 15 años WU LYF querían ver el mundo arder. Ahora también, pero el enfoque es distinto: más maduro.
