Que Drake perdió amargamente su beef con Kendrick Lamar lo sabe todo el mundo. Digamos que la onda expansiva de la hostia que le dio Kendrick a Drake cuando rapeó aquello de «Tryna strike a chord and it’s probably A minor» en el escenario de la maldita Super Bowl se oyó hasta en España. Por supuesto, Drake no lo ha superado y son varias las referencias al asunto en ‘ICEMAN’, aunque este no es tanto un disco dedicado al beef en sí como otro donde Drake vuelve a exponer los mismos temas de siempre, revelando que a punto de cumplir 40 años parece haberse quedado sin cosas que contar. ‘ICEMAN’ ya se ha adueñado de las listas globales, irónicamente hundiendo a ese Michael Jackson homenajeado en la portada.
Genera una sonrisilla la pulla a Kendrick de ‘Shabang’, con esa rima «Am I upset? A bit / Last one you dropped was shit / I did press play on that ho / Mid, mid, mid, skip, skip». Siendo generosos, se podría decir que en momentos puntuales de ‘ICEMAN’ Drake parece tener algo parecido a un sentido del humor, aunque el humor pueda ser tan cringe como en ‘Make Them Cry’, el corte inicial, donde Drake hace un ademán de mostrarse vulnerable, contando que va a terapia solo para añadir que no se puede «tomar en serio» a su terapeuta porque está buena. Drake siendo Drake, una vez más.
Siendo justos, en esa misma canción, la más emocional de ‘ICEMAN’, son muchos los temas tratados, incluido el cáncer de su padre, que se revela en la letra. Pero los instantes reveladores se acaban aquí, ya que las letras y reflexiones de ‘ICEMAN’ vuelven a abordar los temas favoritos de Drake de sus últimos discos, la lealtad, la traición, la industria, el éxito o esas mujeres que le perciben como un «príncipe de Persia» -frase pronunciada por él mismo-, sin que se perciba evolución alguna ni en las historias ni en unos beats que no pueden sonar más funcionales y genéricos.
El disco de los tres publicados por Drake más enfocado en un estilo de trap clásico, ‘ICEMAN’ presenta a un Drake apelando a su público más fiel, desde luego no al masivo que encumbró ‘In Your Feelings’, ‘God’s Plan‘, ‘Toosie Slide’ o esa maravillosa ‘Passionfruit‘ que sigue en listas. Aquí, lo más parecido a un hit es el club trap de ‘Ran to Atlanta’ con Future y esa Molly Santana que se cree «Hannah Montana». El tema está bastante bien, aunque no es nada del otro mundo. Simplemente, su gancho «bring a friend for my friend» destaca en un océano de larguísimas reflexiones sobre la soledad en la cima que no sé muy bien a quién pueden interesar a estas alturas, sumando ya tantos discos que hablan de lo mismo.
A lo sumo destaca la pulla a DJ Khaled por su silencio sobre Palestina, tirada en esa ‘Make Them Pay’ que es cringe en otro sentido, ya que su melodía «I wanna be freeee» transmite una emotividad impostada al contrastar con el drama de la letra sobre lo «mala que es la industria» y los deseos de Drake de independencia. Irónicamente, es uno de los temas más pegadizos de un disco donde los detalles musicales interesantes se cuentan con los dedos de una mano. Y no siempre funcionan: la interpolación de ‘I Follow Rivers‘ de Lykke Li en ‘Janice STFU’ es sencillamente cutre, impropia de una megaestrella como Drake. O no, visto lo visto.
Al beat de ‘Whisper My Name’ se le percibe algo más de gusto y tacto y también al estilo trap estilizado y oscuro de ‘National Treasures’, donde Drake referencia la covid, tos incluida; pero ‘ICEMAN’ acaba engullido por su propia mediocridad y por lo repetitivo de sus trucos. El beat switch de ‘Dust’, que pasa de la melodía al hard trap, funciona, pero tantos cambios de ritmo a lo largo del disco, por ejemplo en esa ‘Burning Bridges’ donde el sopor empieza a imponerse, terminan quitándole la gracia a este recurso. Tampoco se entiende la inclusión del single ‘What Did I Miss?’ directamente sin mezclar, sonando a mixtape; ni mucho menos la de esa ‘Little Birdie’ con los vocals más chapuceros que recuerdas.
Cuando las ideas musicales de ‘ICEMAN’ convencen lo hacen porque suenan a un Kanye West ligerito en ‘Make Them Pay’ y ‘Shabang’, o porque ‘2 Hard On the Radio’ experimenta con los teclados y con los ritmos del Bay Area y el West Coast americanos, sampleando el ‘Too Hard for the Radio’ de Mac Dre. El disco, por desgracia, es un océano de ritmos trap olvidables, cambios de ritmo forzados y puntuales arreglos de piano o cuerdas que aportan una textura muy superficial, mientras Drake tira barras eternas llenas de bravuconería impostada, amenazas vacías y continuas pullas a colegas e industria que parecen no interesarle ni a él mismo.
Por redes dice alguien que Drake ha elaborado ‘ICEMAN’ en base a beats de productores emergentes que ha descubierto online. Por ahora no han sido acreditados, a pesar de que el álbum lleva horas en la calle, pero aunque la idea honra a Drake, la realidad es que casi ninguna de estas bases rítmicas sale reforzada gracias a su trabajo lírico ni a su, al final, tediosa presencia vocal. En otras palabras: hasta el beat menos estimulante funcionaría en manos de otra persona, como la historia ha demostrado tantas veces. En ‘Not Like Us’, por ejemplo.
