Que la música tiene un lado oscuro que no se ve tanto lo hemos percibido recientemente en entrevistas con Cariño o Pipiolas. También se aprecia en ‘Y aun así me quedé’, la canción recitada que encontramos en el debut de la catalana Admire. Mireia Gómez expone las miserias que pasa un artista que está empezando: ofrecer un concierto para 10 personas que son todas amigas, preparar un show durante 2 meses y que se cancele por lluvia, que te dejen tirada a 5 días de rodar un videoclip cuando estaba todo listo…
Para Admire recordar esto y subrayar su carácter de supervivencia es tan importante que encontramos esta pista no al final de su debut, ni en medio, sino en la primera mitad de su primer álbum. También existe un documental subido a Filmin en el que vemos cómo prepara su primer gran show en Apolo, cómo lidia con bailarinas, coristas y técnicos, o cómo incrusta pegatinas en mecheros en compañía de su madre porque a esta «se le dan bien las manualidades». Nada que ver con el ostentoso mundo de lujos y privilegios que ha vendido muchas veces la industria musical.
Admire siempre sortea dificultades con una sonrisa en la cara. Uno de sus mejores temas, ‘Esa gente que HMM’, un eufemismo de «esa gente que va por ahí con cara de asco», es un alegato contra la gente «que ni se ríe ni se compromete», contra la gente «que no sueña». El sueño de Admire era entregar este álbum que lleva preparando 2 o 3 años y en el que mezcla ritmos afrobeat y dembow con otros mucho más personales. Que su gran referente es Beyoncé es algo que se aprecia en el vídeo de ‘SEFUE’, una canción de vocación feminista, que va mutando, y que reivindica que «el mundo está enfermo y hay que salvarlo», que «ninguna mujer ha nacido para ser puta» y que ella no tiene fuerza para combatirlo «sola».
Lo cierto es que sí parece tenerla en un álbum sin voces invitadas en el que el centro es su visión del mundo. El disco pretende seguir un concepto inspirado por la simbología de las trompetas del apocalipsis -quizá de ahí su intro llena de vientos-, y supuestamente separado en las fases de «negación, miedo, destrucción, rendición y redención».
Aunque queda poco definido ese viaje, salvo cuando empezamos con la «Revelación» de querer comerse el mundo desde Barcelona, y terminamos con una «redención» muy Rosalía o Llergo, en la que afirma que ya no volverá a amar sin perdonarse cosas; el largo sí mezcla influencias y temas muy variados, con sentido y personalidad.
A nadie va a chocar en 2026 la presencia de canciones más disfrutonas y sensuales como el afrobeat de ‘BABYBAD’ o el dembow de ‘BABYLON’, con otra visión más introspectiva. Si ‘Estrella fugaz’ es una grabación que podría haberse desarrollado hacia el indie de Björk y CocoRosie, el flamenco, o las mal llamadas músicas del mundo; y ‘Nostalgia peligrosa’ una canción de amor de R&B o neo-soul clásica; apuntan alto las intenciones sociales de ‘Esa gente que HMM’ («me pasé toda mi vida en quitarme kilos y mentir») y sobre todo ‘SUPERMÁN’.
Es esta una grabación a la guitarra, que podría haber entregado una cantautora del tipo Karmento, y que recuerda que los hombres no son nadie para desnudar, ni siquiera mentalmente, a las mujeres sin su consentimiento. A ella pertenece únicamente su sexualidad, por mucho que se haya subido a un escenario. «Sé que no soy la más bella del cuadro / porque yo pinto, no poso», añade contundente en ‘Loto‘.