- Publicidad -

‘Confessions on a Dancefloor’: cuando el halo «dance» de Madonna brilló más que nunca

Lo mejor: 'Hung Up', 'Sorry', 'Get Together', 'Jump', 'Forbidden Love', 'Isaac'
Te gustará si te gustan: Soulwax, Pet Shop Boys, Giorgio Moroder
Escúchalo: Youtube

Eran las 5 de la madrugada de una noche cualquiera de 2004, cuando Radio 2, la emisora de música adulta de la BBC, decidió pinchar ‘Gimme! Gimme! Gimme! (A Man After Midnight)’. Stuart Price viajaba junto a su conductor de Liverpool a Londres. En aquella época tenía una residencia en un club llamado The Masque y, tras acabar, volvía a casa. El DJ estaba ya medio dormido, pero aun así tuvo una revelación al escuchar el clásico de ABBA: tenía que hacer algo con esa línea de sintetizador tan chula. La sampleó para su siguiente sesión, añadiendo el «tic tac» de un reloj, y le gustó tanto que estuvo pinchando el resultado durante un par de meses.

Semanas después, se reunió casualmente con Madonna, a la que ya conocía por haber encarado la dirección musical de dos de sus giras, e incluso haber co-escrito uno de los temas de ‘American Life’ (2003), el acústico ‘X-Static Process’. La cantante había estado trabajando en dos musicales, uno llamado ‘Hello Success’ y otro que incluiría música punk, de los años 20 y también de la era disco. Por esto último le pidió a Stuart Price una pieza muy concreta: algo que sonara a «Danceteria, Studio 54 y ABBA tomando drogas». Stuart Price vio la luz y le dijo: «Espérate un momento», para buscar la pieza que había estado pinchando. A Madonna le encantó instantáneamente e improvisó un estribillo por encima, el que conocemos hoy.

- Publicidad -

Así nació ‘Hung Up’, el germen de ‘Confessions on a Dancefloor’. Concretamente, Madonna vio que sería un éxito cuando se lo puso a su propio conductor y este se emocionó tanto que estampó el coche contra un «stop». Madonna le despidió, según cuenta Giulio Mazzoleni en ‘Madonna Songbook’, pero supo definitivamente que lo que tenía entre manos no era moco de pavo.

Un emisario con una carta escrita por Madonna se presentó personalmente en Suecia para convencer a Benny Andersson y Björn Ulvaeus de ABBA de dejarles usar dicho sample. Los autores de «Gimme!», que habían rechazado toda petición de samplear su música salvo honrosas excepciones, se dejaron seducir por las formas tan educadas mostradas por Madonna, porque les gustaba la nueva canción… y porque exigirían el 50% de los créditos de tamaño hit, lo que sin duda iba a engrosar sus arcas en un momento en el que el streaming todavía no había explotado.

- Publicidad -

Para Madonna fue fácil abandonar el proyecto de los dos musicales que había barajado. Al recibir el guión de uno de ellos, de 300 páginas, se dio cuenta de que simplemente no le gustaba. De repente era mucho más estimulante trabajar con Stuart Price, a quien había infravalorado como autor, desarrollando algunas ideas que tenía para el musical. ‘How High’ y ‘Like It Or Not’ vendrían de aquellos guiones.

Quien no quiso trabajar en ‘Confessions on a Dancefloor’ fue Mirwais. Está aceptada generalmente la idea de que Madonna exprime a sus productores hasta dejarlos secos y luego los abandona como una servilleta de usar y tirar. Sin embargo, fue Mirwais quien se bajó del barco, no sin antes dejar gemas como ‘Future Lovers’, inspirada en Giorgio Moroder y con el mismo sintetizador Moog de ‘I Feel Love’; o ‘Let It Will Be’. «Se suponía que yo iba a hacer gran parte de «Confessions», pero lo tuve que dejar. Trabajé en dos pistas, que se suponía que iban a ser cinco o seis. Para serte sincero, hoy no me habría bajado del proyecto. Pero tenía algunos asuntos que resolver (…) Yo ya era artista antes de conocer a Madonna. Ese es uno de los secretos de nuestra relación, y ella lo sabe», declararía a The Guardian en 2020.

Madonna trabajaría con Anders Bagge y Peer Åström en ‘Get Together’ y con Bloodshy & Avant en ‘How High’ y ‘Like It Or Not’. Ella nunca puede parar de colaborar y buscar cosas nuevas. Pero el encanto de ‘Confessions on a Dancefloor’ es que es un álbum desarrollado mayoritariamente junto a Stuart Price. Sin cien mil co-autorías en los créditos. Grabado en el estudio casero e ilegal que el responsable de Zoot Woman y Les Rythmes Digitales tenía en Londres, y al que solo se podía acceder subiendo una aparatosa escalera. Allí no había habitualmente ni comida, ni bebida, ni tabaco, hasta el punto de que Madonna tenía que pedir al personal de servicio de su casa en Londres que les acercaran víveres. Y sin embargo, estaba encantada porque aborrece los estudios profesionales. No se quita de la cabeza cuánto cuesta alquilarlos, y grabar de manera rudimentaria le recuerda la espontaneidad de sus inicios.

En ‘Confessions On a Dancefloor’ hay mucho de esa espontaneidad, algunas canciones salieron muy rápidamente y se nota. Su proceso de grabación se comparó con el de «dos niños jugando en el estudio» hasta altas horas de la madrugada, el horario en el que Stuart Price estaba acostumbrado a pinchar. Por ejemplo allí construyeron ‘Forbidden Love’ y terminaron ‘I Love New York’, que había salido en una prueba de sonido de la gira anterior, después de que la policía escoltara a la artista hasta uno de sus conciertos en el Madison Square Garden.

La libertad es uno de los temas más repetidos de un álbum de letras un tanto intrascendentes y hedonistas, sobre todo en su primera mitad. Pero Madonna ya decía en esta época que «la música dance no es superficial» -ahora una de las letras de ‘Confessions II’- y quiso dar una pátina de profundidad sobre todo a la segunda mitad del largo. En primer lugar, le gustaba la relación de «confesarse» con el catolicismo. Le parecía, para variar, sexy. «Hay algo travieso y subversivo en contarle tus secretos a alguien a quien no estás viendo». Sus «confesiones» aquí tienen mucho que ver con la fama, y en ‘Let It Will Be’ -todo un exorcismo en directo gracias al remix de Stuart Price- y ‘How High’ habla de cómo a su muerte su éxito no importará nada, mientras ‘Like It Or Not’ es una clara respuesta al fracaso de ‘American Life’.

La palma de la profundidad se la llevaría ‘Isaac’. Menos recordado de esta era perfecta es que Madonna era fotografiada a diario entrando en su Kabbalah Center, y de allí fue que sacó al cantante Yitzhak Sinwani, que improvisó una preciosa interpretación del poema hebreo del siglo XVII ‘Im Nin’alu’, también popularizado por Ofra Haza. Es el momento más místico de un álbum que había empezado representando una fiesta absoluta, con sus tres sencillos principales, y mantendría el ritmo durante toda su secuencia, pues como promocionaron Warner y su mánager Liz Rosenberg en la época, «aquí no hay baladas».

El álbum ya era estupendo sumando el potencial de la trepidante ‘Jump’; la maravillosa melodía de ‘Forbidden Love’, cuyo último minuto es un sueño; o contando que ‘Push’ puede ser el único tropezón en cuanto a calidad compositiva. Pero la obra se terminaba de redondear con varias decisiones artísticas no tan obvias. Las referencias melódicas a ‘Can You Feel It’ de los Jackson 5 en ese monumento de capas y ganchos llamado ‘Sorry’ (curiosamente jamás favorita de Madonna), a los Stooges en ‘I Love New York’, a ‘Saturday Night Fever’ en las coreografías de vídeos y gira y a Farrah Fawcett en la estética, constituían homenajes a diferentes disciplinas de los años 70. El aire a Visage de ‘Forbidden Love’ y el guiño a Pet Shop Boys al principio de ‘Jump’ -el dúo después remezclaría con éxito ‘Sorry’- llevaban también el disco ligeramente hacia los 80.

En ese contexto las autorreferencias campan a sus anchas años antes de que se hable de conceptos como «Easter Eggs»: ‘Hung Up’ se construye sobre la letra de ‘Lovesong’, ‘How High’ recuerda ‘Nobody’s Perfect’ y ‘I Deserve It’, ‘Isaac’ tiene el estribillo de ‘Frozen’, ‘Let It Will Be’ las cuerdas de ‘Papa Don’t Preach’… De manera casi premonitoria, ‘Sorry’ es referenciada tan pronto como al inicio de ‘Like It Or Not’.

Aunque nada como la decisión de presentar todo el álbum como una sesión sin descanso. Incluso temas que parecen menores como ‘I Love New York’ terminan engrandecidos por la construcción de crescendos y transiciones. La pista de baile era el centro del proyecto, hasta el punto de que Stuart Price explicaba: «puedes trabajar 12 horas en un tema, y al pincharlo, en solo 10 segundos saber si va a funcionar a no». En aquella época ya se habían publicado álbumes como ‘As Heard on Radio Soulwax Pt. 2’ o ‘Richard X Presents His X-Factor Vol. 1’, discos con hits, featurings y samples mezclados, al tiempo que se había popularizado la serie «DJ Kicks». Pero una vez más Madonna se había adelantado a su tiempo, pudiendo referenciar su disco de remezclas ‘You Can Dance’ de 1987. Aquel ya se había concebido como una sesión «non stop». Stuart Price lo tenía claro cuando tenía que hablar de Madonna: «tiene un halo «dance» flotando sobre su cabeza». Un halo que dura hasta hoy: algunos tenemos más ganas de escuchar las transiciones de ‘Confessions II’ que las mismísimas canciones sobre la muerte que Madonna acaba de escribir.

‘Confessions on a Dancefloor’ vendió más de 10 millones de copias, triplicando las ventas conseguidas por ‘American Life’: un huracán en Europa y también doble platino en Estados Unidos pese a la reticencia de las radios de este país a pinchar a una «artista tan mayor» (47 años en aquel momento). Es curioso recordar lo desubicado que sonaba el álbum en 2005, un año en el que la palabra «dance» estaba «prohibida» -son palabras de Stuart- entre el rap imperante y el indie de los blogs de moda. La eclosión de las divas de 2008 estaba por llegar aún, e incluso una canción como ‘Get Together’ podía sonar desfasada más de un lustro después de ‘Music Sounds Better With You’. Madonna hizo bien en ir a su bola, ganando una nueva generación de seguidores -son los que veis hoy con 30 ó 35 años en sus conciertos y en sus «listening parties»-, entre ellos Dua Lipa. «Quiero hacer mi obra maestra a los 40 o a los 45, como Madonna», llegó a decir esta durante la promoción de ‘Future Nostalgia‘. Llevó un tiempo asumir que no se refería a ‘Ray of Light’.

<strong>Lo mejor:</strong> 'Hung Up', 'Sorry', 'Get Together', 'Jump', 'Forbidden Love', 'Isaac'<br> <strong>Te gustará si te gustan:</strong> Soulwax, Pet Shop Boys, Giorgio Moroder <br> <strong>Escúchalo:</strong> <a href="https://www.youtube.com/watch?v=fjBw6QaiwoM">Youtube</a>'Confessions on a Dancefloor': cuando el halo "dance" de Madonna brilló más que nunca