Bastantes discos han nacido de la experiencia de la maternidad, del pop más mainstream (‘Ray of Light‘) al más experimental (‘Medúlla‘). Algunas artistas, como Laura Marling, incluso se adelantaron escribiendo un disco para una hija imaginaria (‘Song for Our Daughter‘) antes de tenerla. En España, Rigoberta Bandini también ha abordado el tema de forma puntual. Pero pocos álbumes se han dedicado por completo a esta experiencia como el nuevo trabajo de Eartheater, y menos aún desde un enfoque tan particular.
El sexto disco de la artista estadounidense de ascendencia rusa y británica, a la que conocimos por trabajos como «Phoenix» y por un rango vocal verdaderamente asombroso, es un álbum sobre la maternidad en todas sus caras: de la más bella y poética a la más cruda. Escrito durante el posparto, transmite una enorme claridad sobre la nueva realidad física y vital de Alexandra Drewchin.
Eartheater escribe sobre la fisicidad de la maternidad, pero también sobre su dimensión más esotérica. Así, el álbum pasa de evocar la «luna Kaisoona» en la mística ‘Wasp in the Fig’ a imágenes tan contundentes como las de ‘Hers Before Hers’, que habla del cuerpo gestante heredado, pero también de la violencia de concebir, cuando el nonato «todavía no tiene cara» y solo es un «palo meado», o cuando «el bebé es demasiado grande para mi cérvix». Alexandra llega a escribir que su cuerpo «está a punto de reventar», como si su propia piel hubiera empezado a desgarrarse para dejar paso a una nueva vida.
Mucho más accesible que sus primeros trabajos, el disco deja atrás el folk para abrazar un pop electrónico sereno que coquetea con el trip-hop, el ambient y, puntualmente, el electro o el synth-pop, siempre al servicio de la bellísima voz de Eartheater. Todo queda envuelto por unas cuerdas de aire cinematográfico que elevan canciones como el escalofriante single ‘Paradise Rains‘, que habla de un paraíso «donde antes hubo un infierno»; la sorprendentemente ochentera ‘Don’t Look Back’ o la inicial ‘Molka Momma’, adaptación de una canción tradicional búlgara.
Este enfoque más centrado en la canción favorece enormemente las historias. El trip-hop bucólico de ‘Practical Amnesia’ ofrece un precioso retrato del parto que contrapone dolor y memoria: «Fue como diez millones de picaduras de avispa alrededor de mi tanga… pero, en mi recuerdo, fue el beso del ala de una mariposa». En un registro parecido, ‘Crown Jewel’ brilla con el doble sentido de «mantente erguida como Grace Jones», una frase que alude tanto a la altura que alcanzará la hija de Eartheater («stand tall») como a la necesidad de conservar la dignidad.
Cuando en el noir electrónico de ‘Favorite’ canta sobre el «masoquismo de la maternidad» y recurre a imágenes casi divinas como «cuando saliste de mí, perdí mi libertad; servirte es servir a Dios; ya no puedo escapar del amor», se hace evidente que Eartheater es una compositora sin igual. Sus imágenes mezclan la literalidad con un naturalismo profundamente poético, y su conexión con lo religioso convierte estas canciones en algo muy personal, sin esquivar en ningún momento la violencia corporal del embarazo y el parto.
También resulta muy original su manera de componer, aunque eso ya lo sabíamos. Aquí, incluso piezas tan abstractas como ‘Glowing Guts’, un spoken word sobre un acompañamiento de violonchelo que por momentos parece un freestyle, funcionan gracias a lo inconfundible de sus letras: Drewchin habla de estar embarazada mientras hace playlists, de follar de lado o de pinchar junto a Boys Noize. ‘Fast Asleep’, su colaboración con Oklou, tampoco funciona como un dúo al uso, sino como dos voces paralelas relatando experiencias distintas de una misma transformación. No es casualidad: Oklou fue madre casi al mismo tiempo que Alexandra y ambas han llegado a compartir niñera.
Nova, la hija de Eartheater, da título a la balada que cierra el álbum, que conocemos desde junio del año pasado. Producida junto a Nosaj Thing, la canción se sostiene sobre una sobrecogedora melodía de teclado ambient y una voz tratada con Auto-Tune para volver a acercarse a la maternidad como una experiencia casi mística: «Nova querubín, fractal brotando de la ambrosía, nacida del caos, tan perfecta desde las alturas». Incluso sus imágenes más intangibles resultan inmediatas en un disco que transforma la maternidad en mitología.