Rothko Taylor, el protagonista de la fabulosa ‘Una vida buscando’ (Random House), regresa a casa como Odiseo: después de quince años de ausencia y transformado en otra persona. Pero la localidad costera a la que vuelve, la ficticia Edgecliff (una suerte de amalgama de distintas poblaciones de Sussex), no es exactamente Ítaca, ni su viaje ha estado poblado de aventuras, sino de rechazo, violencia, adicciones, cárcel y precariedad.
Dada la querencia de Kae Tempest por los mitos griegos (ha reelaborado el mito de Tiresias en el poemario ‘Hold Your Own’ y la tragedia Filoctetes, de Sófocles, en la obra teatral ‘Paradise’), resulta tentador leer su nueva novela, la segunda tras la celebrada ‘Cuando la vida te da un martillo’ (Sexto Piso, 2018), en clave homérica, como una Odisea contemporánea e invertida: la historia de un hombre que no regresa para recuperar la vida que dejó atrás, sino para desprenderse de quien fue, enfrentarse a las heridas del pasado y averiguar si todavía es posible construir un hogar entre quienes un día lo conocieron como una adolescente “rarita” que se sentaba al final de la clase “esperando a que la vida se reiniciara”.
También resulta inevitable buscar a Tempest dentro de Rothko. ‘Una vida buscando’ es un coming-of-age que, sin ser propiamente una autoficción, incorpora materiales reconociblemente autobiográficos: la disforia de género, el consumo de drogas como refugio frente a la hostilidad del mundo, el difícil proceso de autodescubrimiento y la necesidad de encontrar un lenguaje con el que nombrarse (el autor convierte los pronombres en un recurso narrativo cargado de significado y emoción). Son temas que también atraviesan sus canciones y que establecen un diálogo especialmente fructífero entre su obra musical y literaria.
Narrada en dos líneas temporales que van revelando poco a poco las causas del derrumbe y las posibilidades de la reparación, ‘Una vida buscando’ confirma las extraordinarias dotes de Tempest como novelista. Su prosa conserva el poder visual, rítmico y metafórico de sus poemas, pero encuentra en la amplitud de la novela el espacio necesario para construir personajes complejos, en especial Meg, la madre de Rothko, cuya fragilidad y su progresivo deterioro concentran buena parte del dolor del relato.
Aunque en ocasiones el lirismo resulta demasiado enfático y la voluntad de redención se hace visible en exceso, Tempest evita reducir la historia a una lección edificante o a un relato ejemplar sobre la identidad trans. Lo que ofrece es una novela sobre el pasado, la culpa y el perdón, sobre las familias que nos tocan y las que elegimos, sobre dónde encontrar tu lugar en el mundo aunque cueste “toda una vida”.
