‘La Odisea’ ha irrumpido en los cines como Ulises en Troya: arrasando con todo. Con 264,1 millones de dólares, es el estreno más taquillero de la carrera de Christopher Nolan. Todo apunta a que igualará, al final de su recorrido comercial, la recaudación de ‘Oppenheimer’ e incluso la de las dos últimas entregas de su trilogía de Batman: ‘El caballero oscuro’ y ‘El caballero oscuro: La leyenda renace’.
Lo mejor de ‘La Odisea’
1. Su mera existencia. Las superproducciones de autor son cada vez más escasas. Y, fuera de las franquicias, constituyen casi un milagro. Ni Spielberg, ni Scorsese, ni siquiera Cameron (habría que ver a Disney desembolsando más de 300 millones de dólares para una película ajena a ‘Avatar’) poseen hoy el poder de Nolan. Es el único director capaz de combinar proyectos originales, presupuestos homéricos, control creativo absoluto, autoridad para imponer condiciones de exhibición y capacidad para convertir casi cualquier tema en un blockbuster mundial.
2. El alucinante viaje de Odiseo. La parte dedicada a los intentos de Ulises por regresar a Ítaca es una maravilla. Todos los episodios son fabulosos, con un sentido de la aventura y el espectáculo extraordinarios. Pero hay dos que figuran entre lo mejor que ha rodado Nolan: la secuencia en la que Circe (magnífica Samantha Morton) transforma en cerdos a los compañeros del héroe, una combinación perturbadora de seducción, humor grotesco y terror corporal; y el descenso al Hades, un prodigio de atmósfera, profundidad dramática y potencia visual.
3. ¡Arde Troya! Su diálogo con el presente (y con su propia filmografía). Nolan integra con gran inteligencia y sentido dramático un discurso antibelicista a través de los dos flashbacks sobre la destrucción de Troya. Cuando la ciudad arde, la película deja de ser únicamente una aventura mitológica y se convierte en una reflexión sobre la guerra, la culpa y sus consecuencias. Como en ‘Oppenheimer’, el protagonista no aparece como un héroe triunfal, sino como un hombre atormentado por aquello que ha contribuido a desencadenar.
Lo peor de ‘La Odisea’
1. Las flechas contra Nolan estaban muy mal dirigidas. Que si Helena de Troya es negra, que si Aquiles [sic] es trans (Elliot Page interpreta al soldado Sinón), que si las armaduras están mal, que si hablan en inglés con acento de Boston, que por qué se ve todo tan oscuro… Todas estas cuñadeces de X que han acompañado el estreno de la película han terminado por enmascarar la verdadera polémica que debería haber incendiado las redes: ‘La Odisea’ solo puede verse en su encuadre completo, en formato IMAX 70 mm, en 41 salas de todo el mundo. En las demás, es decir, para más del 99 % de los espectadores, se pierde una parte considerable de la imagen por arriba y por abajo. Nolan, ¿se puede ser más elitista y fullero? O estrenas la película exclusivamente en esos 41 cines o te curras una versión para multisalas que no parezca un recorte de la obra original.
2. La pelea final (en busca del encuadre). Entronca directamente con lo anterior. Aunque el enfrentamiento en el palacio de Ítaca parece estar mal resuelto de origen, es en esta secuencia donde más se acusa la pérdida de información vertical: la geografía del espacio no queda nunca clara, cuesta seguir los movimientos de los personajes y tanto el montaje como la música (compuesta por Ludwig Göransson) parecen confundir “subidón” con intensidad dramática. Lo que debería ser una explosión catártica termina convertido en una refriega atropellada y sorprendentemente anticlimática.
3. Penélope y Telémaco interesan lo justo. En general, toda la parte ambientada en Ítaca resulta bastante menos lograda que el viaje de Odiseo. Nolan parece mucho más interesado en los monstruos, los viajes y las heridas del héroe que en la espera de Penélope o la maduración de Telémaco. Sus escenas son más convencionales, los diálogos caen a veces en lo cursi y el conflicto con los pretendientes se prolonga sin alcanzar la fuerza dramática del resto de la película. Más que una trama paralela con entidad propia, parece un trámite necesario para llegar al regreso de Odiseo.
