Hubo un breve tiempo en que parecía que Madonna se iba a quedar el título de ‘Algorithm’ para su disco, pero finalmente ha sido Natalie Imbruglia quien se lo ha apropiado, además dándole todo su sentido. El primer disco de Imbruglia en cuatro años expone la preocupación de la australiana por la influencia de las redes sociales, pero sobre todo establece un paralelismo con su propio «sistema mental», después de haber recibido diagnósticos de neurodivergencia, TDAH y TOC.
Cuenta Imbruglia que la creación del álbum coincidió con «el momento más difícil que he vivido con mi salud mental», aunque añade: «Esta es la belleza de la música y la expresión artística. Puedes coger algo oscuro y convertirlo en luz». El objetivo ha sido hacer un disco alegre y ponerle un poco de humor al asunto, aunque el resultado convence solo a medias.
Curiosamente, la intérprete de ‘Torn’ dice que ‘Algorithm’ es el disco con el que mejor se lo ha pasado grabando. Esa diversión no siempre se traduce en grandes canciones, pero sí en un repertorio de melodías bonitas, especialmente en ‘It Sounds Like It Feels’, de un estilo dreamy que puede recordar a los Coldplay más atmosférico, y sobre todo en ‘Beautiful Love’.
‘Debbie’, inspirada en un monólogo interior, transmite un júbilo agradable y es una emotiva apertura de disco. En general, el disco propone acercamientos ligeramente apagados, aunque correctos, al pop más old-school (‘Catastrophe’), el electropop (‘Just Drive’), el glam (‘Jesus on Mars’) o el indie (‘Endgame’). Sin producciones especialmente llamativas, las composiciones sostienen la escucha gracias a su variedad.
‘Upside Down’, el primer single, es el tema más redondo, y propone un luminoso sonido guitar-pop para hablar de su «incapacidad para controlar» sus emociones. Imbruglia explica que «luchar contra el modo de lucha o huida era horrible» y que estaba llegando a «un punto crítico» con ello, de ahí también la necesidad de buscar ayuda externa. Las canciones no son una «catástrofe», aunque las palmas de esta canción saben a otra época.
En algunos casos incluso tienes que mirar el año en que estamos para comprobar que este disco es de 2026. Los efectos robóticos de ‘Algorithm’ suenan algo avejentados, aunque la canción destaca por su estilo disco-funk; mientras que ‘Jesus on Mars’ nunca termina de transmitir su supuesta influencia psicodélica. Incluye «algunas bromas privadas divertidas sobre mi TOC», pero más que divertida suena desganada.
Tampoco sale ‘Just Drive’ airosa de inspirarse en una canción enorme como ‘Dancing on My Own’ de Robyn. Sí lo hace, en cambio, el tema final y último single, ‘Beautiful Love’, que con su euforia electropop captura algo de la esencia de aquel hit y es, junto a ‘Upside Down’, la mejor canción del elepé. La influencia folk-pop de ‘Who Dimmed the Lights’, inspirada en su perimenopausia, refuerza ese componente «uplifting» del proyecto.
