Este fin de semana se ha viralizado un tuit de alguien que se quejaba de que ni siquiera se estuvieran escribiendo críticas sobre el nuevo disco de Miley Cyrus, apelando a algún tipo de «boicot raro de la industria». Otra forma de verlo es que los críticos musicales nos estemos quedando sin nada nuevo que decir sobre su carrera. ‘Bass Persuades’, su 10º álbum ya, es un suma y sigue en lo mismo que se lleva diciendo sobre ella desde hace más de una década: que es tan capaz de construir temazos como incapaz de construir un álbum que tenga un hilo conductor. ¿Hasta cuándo tendremos que esperar por «el gran álbum de Miley Cyrus»?
La intérprete de ‘Flowers’ es una persona inquieta, y los mensajes y los sonidos de este álbum son variados. ‘Bass Persuades‘ se preocupa por que «los chicos hoy en día no bailen» y estén más pendientes del móvil. Para desarrollar tal idea, la música se ha inspirado en los años 80 de Eurythmics y Human League, mientras su vídeo mira hacia Lady Gaga.
El nuevo descubrimiento del amor tiene un peso enorme en una composición con reminiscencias de Fleetwood Mac y las bandas sonoras de los 60 como ‘Let’s Get Married‘, y la balada ambiental al piano ‘Orbit’, que representa cómo se siente cuando está enamorada. Pero después, por alguna razón ha decidido recurrir a los sonidos más crudos y agresivos de su vida de mano de la banda más underground que había a mano, el grupo queer Model/Actriz.
Los binomios «estrellas de pop» vs «artista underground» han dejado grandes álbumes a gente como Beyoncé (James Blake, Chairlift) o Madonna (Orbit, Mirwais), pero también trabajos tan decepcionantes como ‘Bionic’ de Christina Aguilera, o tan incomprendidos como ‘Witness’ de Katy Perry. Hacer algo underground no es malo ni bueno per se. Por desgracia, este álbum se parece bastante más al segundo grupo. ‘Different Religion’ no logra ser un «highlight» ni en lo creativo ni en lo emocional, y sobre todo no pega nada antes de ‘Let’s Get Married’ y ‘Orbit’.
A menudo el problema principal de ‘Bass Persuades’ es ese: que contiene «buenas cosas, mal dispuestas». ‘REDLIGHTS’ es una curiosa grabación cuasi religiosa por la vía de Simon & Garfunkel, casi tan pura como una melodía de ABBA… que se sucede con un dúo sexual a lo Gainsbourg como es ‘Neon Signs’ con Andrew Wyatt… que se sucede con una nueva grabación industrial como es ‘Innocent Ways’.
El ejemplo más palmario de todo lo que está bien y mal en este álbum sería ‘Aftermath’. Miley la escribió en plan «balada de Thom Yorke» pero a su pareja Maxx Morando, que ha escrito y co-producido algunos temas, le pareció «un aburrimiento», por lo que decidieron transformarla en esta suerte de trance trotón que contrapone lo bueno con lo malo («fuiste mío / nunca fuiste mío») dejando un sabor agridulce, para bien. Habría sido una gran canción final para cerrar este álbum por lo que tiene de catártica, pero justo a la mitad, ni deja respirar las baladas previas, ni los bangers por venir. Genera muchas ganas de elaborar un tracklist alternativo para todo esto, y eso que solo estamos hablando de 9 nuevas canciones. ¿De verdad no se podían armar con más mimo?
En cierta ocasión, Miley participó en una parodia de ‘Cuando Harry encontró a Sally’, uno de los grandes clásicos de la comedia americana de los años 90. Una de las frases más memorables que escribió la ya desaparecida guionista Nora Ephron es que «todo el mundo cree que tiene buen gusto y sentido del humor, pero no todo el mundo puede tener buen gusto y sentido del humor». Disco tras disco, Miley Cyrus va demostrando que va sobrada de lo segundo, pero no tanto de lo primero.
