The Smashing Pumpkins / Oceania

Por | 20 Jun 12, 17:58

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que la gente tachaba de oportunista a Billy Corgan por haber resucitado a los Smashing Pumpkins sin haber contado con D’Arcy o James Iha, volviendo a estar presente solo Jimmy Chamberlin en ‘Zeitgeist’ (2007), un álbum aceptable pero con demasiados altibajos, que no acabó de convencer. Se puede entender la razón: en el disco, pese a contener canciones tan buenas como ‘That’s The Way (My Love Is)’, además de no estar la formación original (o ni siquiera Melissa Auf Der Maur), habían vuelto las guitarras metálicas y el sonido frío y sintetizado de ‘MACHINA/The Machines Of God’ (2000), otro disco que tampoco cuajó demasiado entre los seguidores de la banda de Chicago, quedando lejos de lo alcanzado con ‘Siamese Dream’ (1993), ‘Mellon Collie and the Infinite Sadness’ (1995) o incluso ‘Adore’ (1998), donde sí acertaban al dar un giro a su propuesta (o tal vez estaban más inspirados). Ya que “volvían”; ya que Corgan tiraba del nombre, ¿por qué no hacerlo volviendo con lo que más éxito les había dado?

Parece que desde aquella especie de retorno, y ya sin Chamberlin, hemos terminado por aceptar (por mucho que costara y por mucho que importen según qué nombres) que Billy siempre estuvo detrás de todo y, por mucha gente que venga y se vaya, él es The Smashing Pumpkins. Junto al joven batería Mike Byrne, el guitarrista Jeff Schroeder (quien continúa tras ‘Zeitgeist’) y Nicole Fiorentino al bajo, Corgan comenzó el proyecto ‘Teargarden By Kaleidyscope’ con dos EP’s y ahora con el nuevo álbum, ‘Oceania’. Algunas de sus canciones las pudimos escuchar en los conciertos que dieron en nuestro país recientemente y tenían bastante buena pinta, pues el camino que recorrían daba la impresión de volver a ser el correcto. Al poner el reproductor en marcha y escuchar ‘Quasar’, el primer corte, parece que las plegarias de muchos han sido atendidas: con míticos temas como ‘Siva’ como referente, un comienzo así parece indicar que el rock denso y psicodélico de sus mejores años está de vuelta. Las guitarras vuelven a sonar cálidas, los solos virtuosos vuelven a tener sentido.

Esa calidez sigue presente según avanzamos hacia ‘Panopticon’, de planteamientos similares aunque con un patrón rítmico más complejo (Byrne demuestra que con el tiempo podrá mirar de tú a tú a su predecesor), y ‘The Celestials’, que oscila entre la calma y el estallido, con algún sintetizador en medio. Esa combinación de guitarras y elementos electrónicos prosigue (y funciona bastante bien) en uno de los mejores cortes del disco, ‘Violet Rays’, de aires romanticones, y es que cuando Corgan se pone moñas le salen muy buenas canciones, como la que sigue, titulada ‘My Love Is Winter’. En estos dos últimos temas, que por su estilo podían haber formado parte tanto de ‘MACHINA’ como de ‘Zeitgeist’, entrevemos que, con un prisma distinto (la producción, por poner un ejemplo), aquellos discos podrían haber sido mejor recibidos.

No cabe duda de que ‘Oceania’ supone una mejora respecto a la discografía reciente de Smashing Pumpkins, pero no podemos ponerlo a la altura de sus mayores logros. Como bien sabemos, Billy Corgan es capaz de lo mejor y de lo peor, y de ser excesivo más allá de lo deseado. Tras un comienzo de álbum de lo más esperanzador, llegan dos cortes sosos como ‘One Diamond, One Heart’ y ‘Pinwheels’ en los que la electrónica, que tan bien combinaba minutos antes, aquí suena recargada y barroca. Recuperan posiciones con el épico tema titular, pues en él cada elemento está donde debe: las guitarras, batería y bajo al frente y los sintetizadores de fondo, creando atmósferas más que dominando. Con la calmada (que no sosa) ‘Pale Horse’ sí consiguen lo que se proponían líneas arriba. Dan paso al final del álbum, que cierran como empezaron, con más energía de la mano de canciones de aires clásicos como ‘The Chimera’, que por su optimismo también recuerda a la etapa de Corgan con Zwan, y temas más de la última época (o de lo que ésta debía haber sido), como ‘Glissandra’, que también destaca gracias a sus guitarras. La atmosférica ‘Wildflower’ pone el punto final a un disco que debería dejar satisfechos a sus seguidores, porque pese a sus momentos flojos, queda compensado por unas canciones competentes que, como poco, mantienen a la banda a flote y con un horizonte soleado al que mirar.

Calificación: 7/10
Lo mejor: ‘Violet Rays’, ‘Quasar’, ‘The Chimera’, ‘Glissandra’
Te gustará si te gusta: un poco de cada etapa de SP
Escúchalo: Spotify

  • Pues a mí “Machina” me parecía -y me parece- mejor disco que “Adore” (aunque este disco tenga temas como “To Sheila”) y un digno fin a la banda. A “Zeitgeist” no le presté atención pero a este voy a echarle una escucha a ver que tal.

  • Sinte

    Muy buena reseña. He leído unas diez y creo que es la primera que no se obsesiona con Billy Corgan y se centra más en la música. Concuerdo totalmente y pese a lo que digan quienes se empeñan en comparar, Oceania es un disco más que digno, con grandes y preciosos arreglos y devuelve la esperanza eterna de una banda cohesionada conducida por un líder brillante.

  • NoNE

    Yo le daba un 8

  • “Quasar” intenta ser un “Cherub Rock” -joder, si le intenta calcar el inicio- pero no impacta como la original ni de lejos aunque es verdad que tiene su punto adictivo. “Violet Rays”, “My Love is Winter”, o “Oceania” pretenden ser más Muse que Muse. Épica guitarrera de 1º de carrera, efectiva pero a la que falta algo más para los que ya no somos tan impresionables como cuando teníamos 15 años. Los Pumpkins en sus buenos tiempos iban mucho más allá, tenían más chicha. Y esto ocurre con algunos temas más que he escuchado del disco, aunque tengo que escucharlo completo todavía.

  • anónimo

    pfff que voz mas desagradable se le ha quedado a corgan no? No me esta gustando nada oceania y eso que el mellon collie me encanta.

  • Malkmus

    Yo también creo que Corgan se recrea en su voz muchísimo y resulta cada vez más estridente. El punto creo que fue Machina o Adore. En Zwan ya empezó a cantar asquerosillo.

    Por otro lado, ‘Zeitgeist’ me parece un disco mucho más inspirado que este. ‘Oceania’ es insulso, con alguna genialidad pero insulso.

  • Sufjan

    No me gustan los Smashing de los buenos tiempos… como pa que me guste esto!

  • Heaviside

    Que digan que The Smashing Pumpkins quiere sonar a Muse es como una patada en el trasero. Primero existieron ellos, suema más lógico entender que Muse tiene como influencia a los Pumpkins y no al revés.
    Ahí está Silverfuck para el que no sepa de qué hablo…
    A escuchar el disco, que hace 12 años que los Pumpkins me perdieron como fan…

  • Langsam

    Al parecer ningún “fan” de estos puede escuchar el disco sin hablar del antiguo SP (que ya no volverán, chicos, superadlo) ni de Corgan, ojalá esta “legión” de fans eternamente dolidos se renovase, que pesados son

  • Tomás

    A mí el único disco que me gustó de los SP fue “Adore”, y éste me da curiosidad, a ver si le doy una oportunidad.

  • ¡Pues claro que Muse tiene influencia de los Pumpkins! (No hace falta que me deis lecciones de historia, que “Siamese Dream” es una de mis discos en la adolescencia). Por eso es más triste todavía.

    Cualquier grupo tiene que convivir con lo que ha hecho y que se revisen sus obras en una perspectiva de conjunto. Es algo natural. De todas formas, si no hubiera ese pasado este disco seguiría siendo regulero. Las cosas claras.

    P.D. “Silverfuck” es una cumbre que Muse jamás atisbará.

  • Fa

    @ElOutsider “Silverfuck” es una cumbre que Muse jamás atisbará.

    +1 como una catedral a esto.

  • Tuana

    Me ha gustado bastante el disco, supera con creces los recientes EP’s del Teargarden, y supera también a Zeitgeist.
    Algunas melodías son de quitarse el sombrero, los arreglos y la producción en general es buena.

    Entrar en comparaciones con sus discos de los 90 no tiene ningún sentido.
    Pero si lo comparamos con Machina, Zwan, TheFutureEmbrace o Zeitgeist, sale muy bien parado, mejor que los tres últimos de calle.
    Una gran alegría para la parroquia pumpkin, y por cierto, ya era hora de que sacara algo en condiciones.

  • perogrullo

    Qué malo es, por favor… Casi peor que Zeirgeist, y ya es decir.
    Qué pena me da todo esto… Me refiero a todos los movimientos de Corgan desde que anunció la disolución de SP en aquella emisora de Chicago.
    Voy a ponerme Thru the Eyes Of Ruby a toda leche para desquitarme…

  • Delher/Star Player

    Pues el disco es bueno. Éso es bastante decir, ya que sin contar con la enorme bajista D’Arcy y James Iha en guitarras… pues no es el sonido verdadero de SP. No acabo de creerme mucho éso de que Corgan por sí mismo haya constituido la integridad de la banda. Como sea, este es mejor que Zeitgeist

  • Juan

    Pues a mí este me ha parecido con diferencia el mejor disco de los SP desde Adore. No es ninguna obra maestra, pero por fin han recuperado su escencia y han mostrado cierto grado de evolución. Que me digas que Love Is Winter es más Muse que los mismos Muse es una patada en la carrera de una de las mejores bandas de la historia. Empezando porque los Muse actuales son una bazofia y los viejos son incapaces de hacer melodías con el sentimiento que Billy Corgan sabe imprimirle a sus canciones. Los Muse sólo saben de excesos, y si te refieres a épica guitarrera los Pumpkins fueron de los primeros en hacerla, ve y te escuchas el Siamese Dream y vienes y me cuentas de nuevo.
    Buena crítica.

  • Delher/Star Player

    Juan… andas muy confundido. A este crítico le encanta el Siamese Dream, él mismo lo recomienda en su nueva edición vigésimo aniverario

  • Discazo!. Por fin!.

  • Juan

    No, si yo no hablo del crítico me refiero al comentario de ElOutsider.

  • Pues a ver si aprendes a leer, Juan. El “Siamese Dream” lo tengo más que escuchado desde que lo oía en mi época de instituto (y terminé el instituto hace más de doce años). Anda, escúchate “Gish”, vienes y me cuentas.

    P.D. La producción de “Adore” ha envejecido mal, al menos para mi gusto.

  • Es más malo que el Take Me Down de James Iha.

  • ramongi

    Quitando “One Heart One Diamond”, que me parece horrible, el resto de canciones están a un nivel altísimo.

    Lástima que la producción del disco no me guste nada. Una de las cosas que más me atraían de los Pumpkins eran sus murallas sonoras, sus efectos guitarreros de otra dimensión, su ambientación barroca (Flood con ellos se lo pasaría en grande). En Oceania sin embargo suenan a caducos, a banda trasnochada de hace 40 años. Como si Emerson, Lake and Palmer sacaran ahora un nuevo disco con el mismo sonido de sus discos de los 70.

    En fin, sensación agridulce, pero al menos parece que por fin Corgan va encontrando su rumbo.

  • Lo peor que le pudo pasar a Billy Corgan fue no morir joven http://wp.me/p19wxa-ej

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