4 razones para ver ‘The Beatles: Eight Days a Week’ y 1 para abuchearla

Por | 20 Sep 16, 16:47

beatlesSostiene Ian Svenonius en ‘Estrategias sobrenaturales para montar un grupo de rock‘ que gran parte de los estadounidenses aceptaron su propia música -el rock and roll creado por negros, pandilleros y paletos del Sur- cuando les llegó reformulada, aseada y legitimizada por los “refinados” ingleses, por los Beatles. Cuando la clase media se vio libre de los prejuicios raciales y de clase que les impedían disfrutar de ese estilo musical, lo abrazó a grito pelado: había nacido la beatlemanía.

Por eso no es de extrañar que, como antes hizo Martin Scorsese con ‘George Harrison: Living in the Material World’ (2011), sea un director tan americano como Ron Howard, nacido en Oklahoma, quien haya colocado un documental sobre los cuatro chicos de Liverpool en los cines de todo el mundo. ¿Merece la pena ‘The Beatles: Eight Days a Week’? Te damos cuatro razones para el sí y una para el no:

1. Las imágenes. En cuanto al contenido audiovisual, el documental es una maravilla. Completísimo. Grabaciones en super 8 filmadas por los fans en los conciertos, descartes de un documental sobre la primera gira americana (‘What’s happening! The Beatles in the USA’), imágenes de las giras de 1964 y 1965 filmadas por Larry Kane, el periodista que les acompañó… Todas restauradas y montadas con gran habilidad, sentido del ritmo y capacidad para generar admiración por el grupo y cercanía.

2. Los testimonios. El documental no tiene un narrador omnisciente que va explicando las imágenes sino que está articulado por medio de diversos testimonios. Los más destacados son los de Paul McCartney y Ringo Starr (George Harrison solo aparece lógicamente en imágenes de archivo y se le echa de menos), pero los más jugosos y emotivos son los de Elvis Costello y los de dos de sus “groupies”: Sigourney Weaver y Whoopi Goldberg.

3. El concierto. Al final del documental se puede ver media hora de la actuación que en 1965 dieron los Beatles en el Shea Stadium de Nueva York ante más de 55.000 espectadores, todo un hito en la época. Una filmación que se puede ver por primera vez en cine (se rodó en 35 mm con catorce cámaras) y, sobre todo, escuchar, ya que, hasta la restauración del audio, los gritos de las fans eran tan ensordecedores que apenas dejaban oír las canciones. Ringo confiesa que tenía que fijarse en los movimientos de John y Paul para saber por dónde iban.

4. El tono. ‘The Beatles: Eight Days a Week’ es una celebración, un documental lúdico y laudatorio que pretende mostrar lo que fueron los Beatles y la beatlemanía hasta 1966, cuando dejaron de tocar en directo, y contagiar a los neófitos el entusiasmo de sus acólitos. Dos horas y media de puro placer y felicidad audiovisual que se degustan como sus primeras canciones: sin hacer mucho caso a la letra.

5. Es un documental autorizado y, por tanto, más blanco que la portada del ‘White Album’. Todos los asuntos incómodos –sexo, drogas y Yoko Ono– son convenientemente camuflados, minimizados o directamente ocultados. Tampoco se profundiza mucho en su música, y algunas comparaciones, con Schubert o Mozart, resultan bastante forzadas. ‘The Beatles: Eight Days a Week’ es una fiesta, y todo está pensado para no aguarla. 7,5.

  • Alex Guti

    Es que el documental está claramente centrado en los años de giras. De hecho abarca simplemente la primera etapa de los Beatles y da uno pequeño avance de la segunda a cámara rápida. A mi me huele a que se ha dejado espacio para una segunda parte basada en esa segunda etapa, el distanciamiento entre ellos a nivel compositivo y de grupo, Yokos Onos, Paul vs Phil Spector, drogas, los malos rollos de Harrison, etc. Tendría mucho más que contar que este Touring Years.

  • Joan Seberg

    Si hay continuación, ya se verá. Lo que tenemos ahora es un documental ‘buenrollista’ que da bastante sentido al quinto punto de este artículo.

  • Marisa Bermúdez

    ¿Yoko Ono en la época que refleja el documental? La película sólo refleja los conciertos en vivo de los Beatles, hasta 1966 y luego el de la azotea, y Yoko Ono no pinta nada en todo eso. En cuanto al resto de cosas que se menciona que se han dejado fuera, estoy de acuerdo, pero me interesan más bien poco. De los Beatles me gusta la música, y el resto, pues ahí está, y si bien no se puede negar, tampoco me parece imprescindible mostrarlo.

  • Javier Mora

    Que manía con ser “blanco”, el problema es que en las reseñas queremos demostrar que somos más listos que nadie y sabemos más que el autor de la película. El documental es bastante claro y el objetivo bastante concreto. Habla de lo que habla: de la presión de ser el grupo más grande del mundo durante 3 años en la época de giras mundiales. La marihuana sale porque estuvo mucho más presente que cualquier otra droga, que fueron minoritaias en aquella época, porque ante todo, y eso subyace, la actitud del grupo, pese a su peculiar humor, era muy profesional e incluso planificada, y a diferencia de otras bandas, no se les conocen grandes excesos en aquella época. No habla de Yoko porque no tuvo nada que ver con la época de las giras.¿Podría hablar de sexo? Por qué no, pero el grueso del documental es otro. No es “la sórdida historia de drogas de Los Beatles”. De eso ya se ha hablado, y sacarlo a colación aquí es sólo un pavoneo para decir “yo sé más” que los que hacen películas. El problema que encuentro en esta y otras críticas es que se le pide a una película de 100′ la cobertura que ya tienen los 8 DVDs de Anthology que suman 800′. Las comparaciones con Schubert o Mozart tienen todo el sentido en tanto en cuanto estamos analizando grandes fenómenos musicales en cuanto a productividad compositiva, y aprovechando que hablamos de su producción, no creo que sea poco lo que se profundiza en su música y composición, pero, del mismo modo, hay otros foros para ese tema y con abordar el aspecto del directo, o de cómo se traducía su trabajo de estudio (y eso está sobradamente cubierto) en el directo, vamos sobrados. De verdad, Joric, si te ves tan capacitado, dedícate a hacer cine.

  • Javier Mora

    Es un documental sobre las giras, la histeria y el fenómeno social. El título no es casual. La segunda etapa fue otra cosa completamente distinta, otro ritmo de vida. Sólo salen como información contextual cosas que son ajenas a las giras: véase, los principios, o el tiempo transcurrido hasta su concierto final, que como tal concierto tiene su cierto dudoso sentido.

    Parece que todo el que habla de esto sabe mucho y no es capaz de concebir un discurso un poco más concreto y centrado en un tema que da lo suficiente de sí.Si nos ponemos más listos que nadie podemos pedir que salga Eric Clapton contando la gira de Delaney & Bonnie a la que se sumó George Harrison porque estaba harto de la banda y le seducía girar de forma anónima, o también la actuación de Rock & Roll Circus, o los conciertos de Plastic Ono Band en Toronto o el Lyceum, los tres en vida del grupo.

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