Rebobine, por favor

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Rebobine, por favor

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Por supuesto que esta es una película apta para todos los públicos. Pero, los que nacimos en el año 80, cuatro más arriba o cuatro más abajo… ¡Ay de los que nacimos en la época dorada del VHS! Nosotros, sin duda, viviremos este ‘Rebobine, por favor’ con una intensidad distinta al resto de públicos. Y es que como las drogas en los 60, los vinilos en los 70 o los CD´s en los 90, los del ochenta somos la generación de la cinta. Los criados un sábado por la tarde entre las estanterías de videoclub de barrio decidiendo si nos llevamos a casa ‘Aventuras en la gran ciudad’ o ‘Una pandilla alucinante’. Los primeros amantes del ocio audiovisual casero a los que, por fin, Gondry ha decidido hacer un homenaje como Dios manda. Todo un peliculón que, aparte de efectivo y divertido, funciona.

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‘Rebobine, por favor’ es, en esencia, una historia bastante simple. Habla de un videoclub obsoleto, un negocio en crisis, un accidente que borra todas las cintas y unos pirados que encuentran la solución perfecta para que los pocos clientes que les quedan sigan alquilando en su modesto local: rehacer los títulos ellos mismos con la ayuda de una cámara de vídeo doméstica, una vecina lavandera y mucho bricolaje casero de ése del que Michael Gondry es todo un artista. Añádele guiños a indiscutibles mitos culturales de nuestro tiempo, cameos sorprendentes por inesperados y la genial interpretación de los protagonistas, et voilà, ya tenemos la receta de una película perfecta. La web, aunque recomiendo no visitarla hasta después de haberla visto, no se queda atrás.

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Pero ojo, que esto no se queda en un simple ‘Celebrities’ con más presupuesto de los que vemos cada miércoles por la noche en La 2. Vale que los homenajes a filmes como ‘Los Cazafantasmas’, ‘Paseando a Miss Daisy’, ‘Hombres de negro’ u ‘Hora punta’ son de lo más chanante del mundo -en inglés el adjetivo sería sweded-, pero detrás de todo el humor y parodias que desfilan por esta película, se esconde una crítica feroz a la especulación inmobiliaria y una defensa emotiva del espíritu de barrio del que tanto presumíamos en nuestra infancia (ignoro si hoy los niños salen por la puerta de casa diciendo eso de «voy a jugar con mis amigos del barrio», pero lo dudo mucho).

Michel Gondry, en ‘Human Nature’, nos demostró que sabe hacer reír. En ‘Olvídate de mí’ que también nos puede hacer llorar. Lo uno y lo otro están en ‘Rebobine, por favor’. ¡De verdad, qué bien sienta salir emocionado de una sala! Incluso cuando la culpable, como tantas otras veces, es una mentira. 8

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