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El Mercado chapa

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El Mercado chapa

Fue uno de los grandes referentes de Malasaña, y poco a poco se ha ido convirtiendo en uno de los referentes de la modernidad, pero de la mal entendida. El ya mítico mercado de Fuencarral tiene previsto cerrar sus puertas en enero, y las malas lenguas dicen que allí va a ir un Zara. Deciden esto justo cuando el Ayuntamiento ha decidido peatonalizar la calle Fuencarral y en pleno apogeo (o lo que sea) de Triball, esa asociación de comerciantes e inmobiliarias que quieren revitalizar el centro, desde Tribunal hasta Ballesta, en un desesperado intento por convertirlo en el Tribeca madrileño (no en vano, ahí está la similitud de los nombres…)

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El Mercado de Fuencarral, desde su apertura en 1998, ayudó a revitalizar el centro de la ciudad, reconvirtiéndolo en una zona de compras perfecta para muchos de nosotros. Allí tenían cabida no sólo tiendas de diferentes marcas, también otras de segunda mano y de discos, piercings, tatuajes, etc. Pero la vocación era también cultural. En sus adentros, el Mercado contaba con un auditorio, donde parte del equipo de JENESAISPOP representó el ‘Rocky Horror Picture Show’. No os decimos más. Sin embargo, con el paso del tiempo, la calle Fuencarral fue llenándose de tiendas de todo tipo, y convirtiéndose cada vez más en un centro de compras en el que los desorbitados precios (tanto del espacio como del género) obligaron a muchos establecimientos a mudarse, dejando allí quizá los menos interesantes. La debacle total llegó cuando el Mercado decidió abrir una sede en Valencia (que no está abierta aún), pero sobre todo en el centro comercial Plenilunio. ¿Cómo seguir vendiendo la idea de que el Mercado de Fuencarral era un centro comercial para los que odian los centros comerciales después de meterse de cabeza en uno? Evidentemente, era imposible.

Por eso el Mercado fue subiendo sus precios, y una vez que el auditorio desapareció, pasó a convertirse en un centro comercial más, caro por definición y que tampoco aportaba mucho al mundo de la moda actual. Lejos quedaba ya aquella reseña en Le Monde, donde se calificaba este espacio como uno de los más innovadores de España. Todos guardamos buenos recuerdos del centro, pero lo cierto es que hace eones que no lo pisamos, precisamente porque ha perdido un poco el norte. Es evidente que nos entristece que desaparezca, porque en su tiempo fue un oasis en un lugar clave del centro neurálgico madrileño, pero está claro que, viendo en lo que se ha convertido la calle Fuencarral a día de hoy (un centro de consumismo desaforado por el que es mejor no pasar a ninguna hora del día porque no hay forma de caminar decentemente), nadie va a lamentar su pérdida en demasía. También nos va a dar pena no encontrarnos allí a Beth con su novio o a Rosarillo, amén de otros famosos menos conocidos en el mainstream pero muy conocidos en el mundo indie.

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Para ¿suplirlo? Podemos hablar un poco de esta nueva propuesta, el Triball, que engloba el triángulo que forma la zona de Tribunal con la calle Ballesta. Una zona que sigue a día de hoy deprimida a causa de la prostitución. Bueno, no, eso es lo que se empeñan en hacernos creer: el verdadero responsable de la degradación de la zona centro no es otro que el Ayuntamiento de Madrid, que durante años ha pasado de esa zona olímpicamente y no le ha importado ni una mierda lo que allí sucediera. En esta zona ahora nos podemos encontrar antiguos locales (a veces incluso de alterne, con sus decorados originales, lo que le suma un punto a favor de la visita obligada) que han sido reformados para convertirse en tiendas de diferentes marcas, entre las que –como en botica– hay de todo: algunas muy interesantes y con precios razonables y otras que se sobran de lo lindo por prendas que no tienen nada de especial. Las malas lenguas dicen que lo que quieren el Ayuntamiento y las asociaciones de vecinos es que la zona se revalorice y que suban (aun más, si es que eso es posible) los precios de los locales y los pisos. Puede ser cierto, claro que sí. Pero de momento, nosotros le auguramos un futuro incierto: sigue dando miedo pasear por algunas calles del Triball, y en el fondo no está tan bien como nos quieren hacer creer. Y por último, pero no por ello menos importante: ese nombre que le han puesto es muy feo.

Foto: TonyMadrid en Flickr bajo licencia Creative Commons.

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