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20-N: los últimos días de Franco

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20-N: los últimos días de Franco

Anoche Antena 3 emitió la película hecha para televisión (cómo nos mola decir lo de «tv movie») ’20-N: los últimos días de Franco’. El proyecto era un auténtico reto porque intentaba superar uno de los grandes tabúes de nuestra televisión y nuestro cine: meter a Franco en una ficción en horario de máxima audiencia y ante varios millones de españoles.

Los resultados fueron confusos y altamente decepcionantes para los que, de un lado, intentasen conocer un lado más humano de Franco, y de los que de otro, intentasen encontrar una celebración de la muerte del dictador. Manuel Alexandre era el actor encargado de este marrón, pero se pasa más de media película tirado en la cama sin poder hacer nada, por lo que el verdadero punto de mira terminó siendo Fernando Cayo haciendo de rey Don Juan Carlos. Su interpretación, más cerca del gag que de la mímesis de Helen Mirren en ‘The Queen‘, iba bastante acorde en realidad con el carácter de nuestro simpático monarca.

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La película es bastante aséptica, y no parece encerrar ningún objetivo político. Ni da pena ni alegría ver a Franco morir. Igual hubo quien se emocionó viendo a su hija y a su mujer llorando durante unos segundos, ¿pero quién no estalló en risas cuando Franco, ya muy enfermo, gritó al rey: «¡Que no se rompa España!» y el director tuvo a bien colocar detrás de la frase un golpe musical que te tiraba para atrás del susto?

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Hay elementos desconcertantes en la película, como la misma elección del entrañable Manuel Alexandre para la interpretación de una persona muy poco entrañable. Lo que se plantea como un desafío se transforma definitivamente en confusión cuando le vemos casi sin tenerse en pie en frente de un mapa del Sáhara. ¿Se nos quiere decir que ya es un personaje patético o que aguantó con una fuerza increíble hasta el final? Probablemente ni lo uno ni lo otro. ’20-N: los últimos días de Franco’ basó su encanto en lo anecdótico de la historia, como ese momento en el que bajan a un Franco moribundo a una mesa de operaciones en una sábana de mala manera. Si la «tv movie» resultó un tanto cutre en conjunto fue por la pobreza en la ambientación (esos planos tan seguidos de La Paz, esa foto del Franco de verdad colgada en un marco… ¡así no hay quien se crea a Manuel Alexandre!) o por ser efectivamente una sucesión de anécdotas sin más, sin el norte que siempre necesita para desarrollarse un guión. 5.

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