‘La muerte de Bunny Munro’ o la obsesión por la vagina de Avril Lavigne de Nick Cave

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‘La muerte de Bunny Munro’ o la obsesión por la vagina de Avril Lavigne de Nick Cave

cave_bunny_munroNick Cave ha publicado este año su segunda novela veinte años después de la primera, adaptándose a los nuevos tiempos del audiolibro, acompañándola de una banda sonora que ha escrito junto a Warren Ellis o promocionándola junto a una aplicación de iPhone. Pero no hay nada como una campaña de márketing en la que se revele la obsesión por su nuevo protagonista, Bunny Munro, por las vaginas «rasuradas (probablemente)» (no como la de la protagonista de ‘El origen del mundo’ de Gustave Courbet de 1866, que se ha escogido como portada en España) de Madonna, Kylie Minogue o Avril Lavigne. Y no es un exceso. Especialmente las dos últimas no dejan de aparecer en las tres partes del libro, llegando en el caso de Avril Lavigne a lo enfermizo.


El libro cuenta la historia de un hombre de mediana edad llamado Bunny Munro, «Conejito Munro», un vendedor de cosméticos de puerta en puerta alcohólico, infiel y adicto sexual, que tiene que cuidar de su hijo de nueve años después de que su mujer se suicide. Completamente patético y acabado en cada frase que pronuncia, Bunny es el clásico personaje «ascopena» de la literatura sobre perdedores, digno de una película de Quentin Tarantino.

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El mundo alternativo que sigue a Nick Cave disfrutará de esos momentos en que en pleno funeral de su esposa Bunny se pone a pensar en el coño de Madonna a raíz de ver una Virgen con niño en la iglesia, de la elevación de ‘Spinning Around’ de Kylie a la categoría de «himno orgiástico a la sodomía», de esa mención a la impotencia sexual como consecuencia de haber asistido a un concierto de Celine Dion, de ese paralelismo entre el sabor de un Big Mac y el sabor a coño.

No está de más que Nick Cave tenga que presentar sus agradecimientos y disculpas a Avril y Kylie al término de su novela. A ellas les debe los mejores momentos de un libro que, en cuanto a su desarrollo y su personaje principal cojea un pelín. Bunny rara vez consigue crear la deseada relación de cariño o de rechazo en el lector. Algunos recursos dramáticos bastante torpes, como la dotación de un tupé como el del autor al personaje principal, la aparición de la enfermedad del padre de Bunny, las tentativas varias de final o la presencia innecesaria de un asesino en serie rondando el país, no ayudan demasiado en el nudo de una novela que se lee con facilidad y sobre todo mucha curiosidad, pero tampoco deja una huella especial. Los episodios en un Fiat Punto tampoco enganchan como la perfecta «road movie», pero algunos son hilarantes. 6.

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