Discos de la década: Bill Callahan

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Discos de la década: Bill Callahan

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Bill Callahan, (Smog), Smog o como él tenga a bien bautizarse, es sin paliativos el autor más sólido del rock norteamericano de esta década. Rotundamente. Desde ‘Dongs Of Sevotion’ (que ha pujado duramente en nuestros fueros internos por ser escogido como Disco De La Década en lugar del que nos ocupa), ‘Rain On Lens’, ‘Supper’, ‘A River Ain’t Too Much To Love’, ‘Woke On A Whaleheart’ y, finalmente, este ‘Sometimes I Wish We Were An Eagle’, editado en abril de este año, se han ido sucediendo estos años unos a otros, constituyendo una carrera sin mácula. Con ciertos altibajos, sí, cada álbum de Callahan es un retrato de un momento vital, único y absolutamente coherente. Por eso este último disco es su mejor obra de la década, por ser precisamente el último (topicazo eternamente repetido por los músicos), por ser consecuencia de toda su obra anterior.

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«I started telling the story without knowing the end» (‘Jim Cain’). Callahan grabó ‘Sometimes I Wish We Were An Eagle’ de una manera poco usual hoy día. Contrató a algunos músicos de sesión en Austin, donde vive en la actualidad, y grabaron juntos las canciones. Después él se marchó de gira y envió las cintas al productor y arreglista de esa misma ciudad, Brian Beattie, para que este escribiera los arreglos de cuerda y viento, los grabara a la antigua usanza (con los músicos en torno a un micro aéreo) y luego montaron juntos las pistas sobre las bases de las canciones. El resultado, aunque no lo parezca, es de un acabado exquisito, con un regusto añejo que recuerda por momentos a aquellos excelsos arreglos de pop sinfónico de los años 60 que podían encontrarse en los discos de Nilsson o Cat Stevens. ‘Jim Cain’ abre el disco como el perfecto ejemplo de ese sonido. Está inspirada por James M. Cain, autor de ‘El Cartero Siempre Llama Dos Veces’. Sobre el autor, decía Callahan a Uncut: «Nació en Maryland, como yo. Quería ser cantante, como yo. Pero le dijeron que no era lo bastante bueno, como yo. Murió alcoholizado en las sombras… mmm… ¡sin comentarios!».

La socarronería y ese humor tan negro, incluso grueso, es una constante en las canciones y entrevistas que concede Callahan, llegando incluso a exasperar al entrevistador. Un humor que a menudo tiende a diluirse o confundirse por la gravedad de su música. ‘Eid Ma Clak Shaw’ es la primera frase de la canción perfecta, la que alberga todas las respuestas para sacudirse los recuerdos de la persona que le abandonó, la canción con la que soñó la noche anterior y logró escribir en duermevela, y que decía: «Eid Ma Clak Shaw / Zupoven del ba / Mertepy ven seinur / Cofally ragdah». Efectivamente, es un absoluto sinsentido.

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Pero, sobre todo, en ‘Sometimes I Wish We Were An Eagle’ (ya desde el mismo título) Callahan recurre a la Naturaleza como fuente inagotable de metáforas para ilustrar con poética precisión los rincones menos frecuentados de las relaciones humanas. ‘Rococo Zephyr’ retrata un momento de intimidad de pareja, un leve temblor de un cuerpo desnudo sobre otro, como una brisa que altera la paz del río, que mece suavemente las finas ramas del sauce. ‘All Thoughts Are Prey To Some Beasts’ es sin duda uno de los puntos álgidos del álbum merced a la épica que gobierna cada instrumento y en ella un águila arremete ferozmente contra los más dulces pensamientos, frágiles estorninos en un árbol deshojado. Es capaz, incluso, de juguetear ingeniosamente con las palabras en ‘Too Many Birds’, cuya última estrofa va siendo completada palabra a palabra, como esos pájaros negros que poco a poco van llenando la rama de un árbol. Y resulta sublime en ‘The Wind And The Dove’ hablando de la importancia de lo que no existe, de todo lo que alberga ese espacio que existe entre el viento y la paloma. La belleza de sus arreglos de aires orientales es sencillamente estremecedora.

Curiosamente en ‘My Friend’, que parece ser una canción de amor a su perro muerto Boxer, habla de él como de un ser humano. Por si en algún momento Callahan pareciera ofrecer algún atisbo de ligereza, la final ‘Faith/Void’ sentencia con decisión pero con calma: «es momento de apartar a Dios (…) / Es el final de la fe / No debo esforzarme más en encontrar paz en una mentira». ‘Sometimes I Wish We Were An Eagle’, en contrapunto al variado abanico estilístico de ‘Woke On A Whale’s Heart’, es un disco lineal en el que apenas se hace uso de dos o tres recursos manejados, eso sí, con una destreza casi insultante. Callahan es un talento mayor, que en esta su última obra hasta el momento ha encontrado el estado de gracia. Felizmente, su mejor disco será el próximo.

Calificación: 8,5/10
Lo mejor: ‘Jim Cain’, ‘The Wind And The Dove’, ‘All Thoughts Are Prey To Some Beasts’
Te gustará si te gustan: el rock de autor, el pop sinfónico, Nilsson
Escúchalo: en Drag City

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