Arcade Fire / The Suburbs

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Arcade Fire / The Suburbs

arcade-suburubsHan pasado los suficientes años desde el ‘Rockin’ The Suburbs‘ de Ben Folds, en el que ridiculizaba a las bandas blancas de clase media que cantaban enfadadas sin motivo desde los suburbios, como para poder tomarnos en serio el tercer disco de Arcade Fire, en el que la banda utiliza la zona más desangelada de un estado o provincia, esa que ni cuenta con los beneficios de la gran ciudad ni de un pueblo pequeño, para realizar una nueva metáfora sobre la falta de sentido de la vida.


‘The Suburbs’ se abre con la canción que le da nombre, una de las pistas que conformó la doble cara A adelanto de este álbum hace unos meses. El tema habla en pasado sobre la juventud o la infancia y la pérdida de la inocencia («aprendí a conducir en los suburbios y me dijiste que nunca seríamos capaces de sobrevivir») y como tal no puede ser mejor carta de presentación de lo que encontraremos en este disco: un paso de la lucha en el extrarradio a la lucha «en los suburbios del mundo», pero que no terminará sino con más grandes decepciones, tanto en lo laboral («los hombres de negocios me chupan la sangre como los chicos de la escuela de arte me advirtieron», en ‘Ready To Start’), como en lo personal (ese triste buscar algo en un lugar completamente vacío de ‘Empty Room’) o incluso en lo artístico («¡Dios mío!, ¿cuál es esa canción tan horrible?», en ‘Rococo’).

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‘The Suburbs’, que está recibiendo comparaciones con ‘OK Computer’ más que por su sonido por su concepto, nos habla de una escapada a la gran ciudad que topa con el chasco de un mundo moderno que aporta igual grado de infelicidad. Dos de las canciones que más claro nos lo dejan son la misma ‘Rococo’, en la que se burlan de lo vacuo de los modernos, y ‘Deep Blue’, titulada así en honor a la máquina creada para derrotar al campeón de ajedrez Kasparov en 1996, en la que se llega a concluir que «el mañana no significa nada». Sensaciones de desencanto sobre el presente que también aparecen en ‘Modern Man’, de todo salvo un elogio del hombre moderno, o en temas como ‘We Used To Wait’, en el que cantan «nuestras vidas cambian vertiginosamente, pero espero que pueda quedarnos algo puro», como dejando caer que todo cambio sucede para mal.

Arcade Fire no son excelentes letristas y ahí quedan las letras excesivamente sencillas de ‘Month of May’ o vagas de ‘Empty Room’, pero tienen al final casi más mérito al formar un conjunto tan potente a partir de un vocabulario y unos recursos tan escasos. A ello contribuye, por supuesto, la fuerza de unas canciones que cada vez dejan más atrás la pomposidad, las florituras y los cambios grandilocuentes de ‘Funeral‘. Aún aparecen algunos dejes en el tipo de arreglos o en algunos finales (‘Suburban War’), pero como anunciaban en ‘Neon Bible‘, el grupo está más contenido, uniendo a fans y detractores optando por lo intermedio.

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A todas luces, es una gozada escucharles así de comedidos. El grupo tiene los conocimientos para dirigir mil y un instrumentos, pero la delicadeza con que emerge el piano en ‘Deep Blue’, uno de los grandes «growers» del álbum, produce sensaciones tan intensas como aquellas pistas que pegan desde los primeros instantes (‘Empty Room’, la ramoniana ‘Month of May’). Como curiosidad, la estructura circular del disco, que se cierra con un «reprise» de ‘The Suburbs’, no se limita a este detalle, sino que la pista 2 y la penúltima presentan los arreglos más synthpop (Depeche Mode han sido citados como influencia), en ambos casos de manera triunfal y abriendo puertas para el futuro, pero aún de manera más interesante en el último caso, el de ‘Sprawl II (Mountains vs Mountains)’, en el que merece la pena detenerse.

El álbum incluye dos temas que cuentan con una segunda parte inmediatamente después y es el ‘Sprawl II’, el que canta Régine, el de mejor acabado, entre otras cosas por la multitud de interpretaciones que presenta. Ya su título es un acierto, pues como «suburban sprawls» se conocen los barrios que se extienden sin ningún orden ni concierto alrededor de las ciudades; pero el fondo es aún mejor. Instantes después de que en ‘Sprawl I (‘Flatland)’ Win Butler nos hable sobre tiempos pasados de paseos en bicicleta delante de la policía, Régine nos cuenta lo mismo pero desde otra perspectiva, en las montañas, lejos de la llanura, revelando dos versiones de la misma historia, el destino de dos amantes separados por la distancia, o finalmente, el tiempo o el destino. Un remordimiento aliviado con el mencionado «reprise» de ‘The Suburbs’, en el que Win se autoconvence: «Si pudiera tener todo el tiempo que he desperdiciado… lo desperdiciaría una y otra vez, una y otra vez».

Con este gran disco, en el que sólo sobran un par de pistas, se abre un interesante debate sobre si estamos ante el mejor álbum de Arcade Fire. Será difícil convencer a los numerosos fans de ‘Funeral‘, pero sobre muy pocos grupos la discusión ha lugar con sólo tres álbumes en el mercado.

Calificación: 8/10
Lo mejor: ‘Sprawl II (Mountains Beyond Mountains)’, ‘Empty Room’, ‘Ready To Start’
Te gustará si te gustan: David Bowie, Neil Young, los terceros discos de Radiohead, U2 y R.E.M.
Escúchalo: NPR

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