Ornamento y delito + Emilio José @ Ocho y Medio

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Ornamento y delito + Emilio José @ Ocho y Medio

«¿Será la ETA o será Al Qaeda?», se preguntan Ornamento y delito en uno de sus viejos temas, ‘Drama de España‘, perfecto para iniciar sus conciertos mientras su cantante, vestido estrictamente de rojo y blanco, toca los teclados (después preferirá pasarse a la guitarra). La música del grupo recién contratado por Limbo Starr parece beber de las mismas fuentes de los 80 que aquellos Nudozurdo que se hacían fotos en el Valle de los Caídos y terminaron pasando de actuar para unas pocas decenas de personas a llenar salas actuando cada pocas semanas.

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Ornamento y delito todavía no son tan famosos y atraen a mucho menos público, pero a juzgar por la calidad de su directo, eso podría cambiar muy pronto (brilla en su repertorio la intensísima ‘Madrid’ o mucho más que en estudio el nuevo tema ‘La policía’), si es que al mundo de la modernidad no le aturden demasiado o directamente le repelen las constantes referencias políticas de sus letras, vestuario y puesta en escena, que por lo menos podemos decir que son coherentes entre sí y muy diferentes a las del resto.

El mensaje de la banda a través de complementos carlistas o requetés y lo que parecían proyecciones de los Sucesos de Montejurra no es muy fácil de descifrar y puede resultar incómodo, pero por alguna misteriosa razón, el halo torturado y gris que rodea su música es demasiado llamativo como para ser ignorado. Nótese que uno de los grupos de los que provienen se llamaba El Eterno Femenino. 9.

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Antes de Ornamento y delito ejerció como telonero Emilio José, solo al frente de las máquinas con un poco de pinta de tierno desvalido. No le gusta que se diga que «pincha», pero su show está a medio camino entre el concierto y la sesión, con muchos de los samples o teclados lanzados y cortados en directo, eso sí, nada o casi nada de «play y adiós». Su música contuvo referencias a la música tropical, al house, a electrónica de diversa índole y a clásicos populares tipo ‘My Girl’, casi sin descanso ni lugar para los aplausos entre canción y canción. Una pena que cuando ya estabas convencido de que su proyecto mola, el hombre entrara en calor y le diera por cortar sus propias canciones porque no le gustaban ciertas estrofas o porque le apetecía adelantar la siguiente, entre otras razones. 5.

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