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Lady Gaga: The Monster Ball Tour @ Palau Sant Jordi

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Lady Gaga: The Monster Ball Tour @ Palau Sant Jordi

Hablar de un show de Lady Gaga, paradójicamente, puede resultar de todo menos novedoso. Es tal la cantidad de información sobre toda ella a la que estamos sometidos que la capacidad de sorpresa es relativamente pequeña. De su paso por Barcelona el pasado martes no vamos a detallar modelos, números y demás, porque por un lado, ya está todo dicho, y por otro no queremos estropear sorpresas a los asistentes de Lisboa y Madrid. El lunes, más.


Mientras el recinto se iba llenando, y después de una especie de DJ ridícula que hacía el payaso, tocaron Semi Precious Weapons, banda glam-rock bastante aburrida: mucho salto, mucho grito, cara de loca y demás pero poca música. El grupo dejó claro (una y otra vez) que ellos actuaban junto a Gaga en NY mucho antes de que ella fuera famosa y calentaron el ambiente a base de repetir bien de veces “are you wet and excited for Gaga??”. Muy bien por Gaga por apoyar a colegas menos conocidos, pero fueron un poco rollete.

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A las diez, puntual como un reloj, comenzó el show. Y arrancó el desfile de sangre, plataformas, plumas, lentejuelas, corsés, cuero y gorros que esperábamos. El enfoque del show es una especie de revisión del ‘Mago de Oz’ en la que Gaga cae en un mundo extraño con la intención de conseguir llegar al «Monster Ball». Hay cosas buenas y otras no tanto en este espectáculo, pero la balanza se inclina con diferencia hacia lo notable. Lady Gaga es muy joven y eso se deja ver en cada momento; la ilusión, entrega y dedicación que hay por su parte durante todo el show son del 100%.

Así, no hay un solo minuto en que el ritmo decaiga. Tampoco hay que tragarse números de relleno que son un auténtico coñazo, como pasaba en otras mega-giras recientes, en los que la gente suele aprovechar para ir a por cerveza. Gaga consigue que no sientas que has visto un show-caja registradora con un margen de cero a la improvisación o espontaneidad. Se toma la molestia de dedicar tiempo a sus fans (fueron varias las veces que cogió gafas, banderas y otras cosas que llevaban los de la primera fila y se puso ella misma) y está permanentemente dándolo todo. Pero por otro lado, a veces hace que las cosas sean, en una palabra, excesivas. Algún que otro «speech» sobre el “valórate a ti mismo” y “tú eres una estrella” podría haber durado una cuarta parte de lo que duró y hubiera sido suficiente.

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Con respecto al setlist, como era de esperar, cayeron todos los hits y gran parte del contenido de ‘The Fame’ y ‘The Fame Monster’, aparte de la ya estrenada ‘You and I’. Delirio colectivo durante ‘Bad Romance’ y ‘Just Dance’ y momentos muy chulos como ‘Speechless’ al piano (¿por qué nunca fue single?), durante dos horas de duración. Técnicamente, el show hace justicia a la millonada que debe de costar, cumpliendo de largo con lo que cabe esperar del tour. Iluminación, videoproyecciones, sonido y puesta en escena son completamente espectaculares. Los cambios de vestuario (tetas-chispa incluidas) y escenario siempre son rápidos y las proyecciones no son una cursilería.

El definitiva, Lady Gaga no ha descubierto la pólvora, hace un pop fácil y estándar, pero es una magnífica show-woman y sabe meterse al público en el bolsillo. Puede bailar y además, canta bastante bien (como dijo durante el show “I don’t fucking do lip-synch”), cosa que es de agradecer, y escribe su propia música. ¿Qué más se puede pedir al pop mainstream mastodóntico? Madonna, Kylie y todas las leyendas vivas tienen su sitio ganado y nadie se lo va a quitar, pero todas las que vienen detrás ya pueden espabilar, porque a día de hoy no creo que ni Rihanna, ni Katy, ni Britney ni Christina puedan competir con esto.

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