‘Somewhere’: los ricos también lloran

Por | 30 Sep 11, 10:33

La última película de Sofia Coppola, que se estrena en España con más de un año de retraso, podría verse como un (auto)remake de ‘Lost in Translation’ (2003). Un hotel famoso (aquí el mítico y decadente Chateau Marmont, que debe tener el récord de suites destrozadas por actores y rockeros), un actor maduro en horas bajas (Stephen Dorff, en una estrategia metalingüística similar a la llevada a cabo con la elección de Bill Murray), una relación con una adolescente (aquí su hija, una estupenda Elle Fanning), pinceladas de humor a costa de los choques culturales y las servidumbres de la fama (la visita promocional a Italia) y un paisaje emocional poblado de desiertos vitales.

“Sé lo que es pertenecer a una clase privilegiada. Es normal que la gente piense que eso basta para ser feliz, pero no siempre es así”, comentó la directora durante la rueda de prensa en Venecia, donde ‘Somewhere’ ganó el León de Oro. Sofia continúa de esta manera con su discurso sobre la soledad de los ricos, ya sea en el centro de la monarquía versallesca o dentro de la industria del espectáculo. Un discurso que parece algo agotado y empieza a sembrar las primeras dudas sobre la capacidad de la directora para escribir algo con un transfondo argumental diferente (‘Las vírgenes suicidas’ era una adaptación).

Ahora bien, lo que sigue intacto es la capacidad de la Coppola para transmitir emociones a través de la puesta en escena y su exquisito gusto por el cruce de referencias cinéfilas y poperas. En este caso, se viste con un ajustado traje de Antonioni, estampado por esa fotografía de magazine setentero que tan bien utiliza Harris Savides (el fotógrafo de Gus Van Sant o de filmes como ‘Zodiac’ y ‘Margot y la boda’), mientras suenan en un tocadiscos canciones de los Strokes, Sébastien Tellier o, claro, Phoenix.

Sofia no es Antonioni, ni tampoco Tsai Ming-Liang o Kaurismaki, pero su propuesta estilística y metafórica sobre el vacío –espacial y emocional- funciona. La directora utiliza el plano fijo y los tiempos muertos como figuras de estilo, y se sirve de ellos de dos maneras: 1) para mostrar el tedio vital y la desorientación existencial de su protagonista, y 2) para transmitir el creciente acercamiento, el emocionante surgimiento del cariño, entre un padre y una hija. 8.

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