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La atracción por el mal en ‘Tenemos que hablar de Kevin’

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La atracción por el mal en ‘Tenemos que hablar de Kevin’

El cine no ha dejado sólo niños guapos y encantadores preparados para ganar el Oscar o el Goya –ya no– de turno en toda su repelencia. También ha habido unos cuantos psicópatas, aborrecibles por razones más objetivas, desde el Damien de ‘La profecía’ hasta los resultantes de ‘El pueblo de los malditos’ pasando por los protagonistas de la fabulosa ‘¿Quién puede matar a un niño?’ de Chicho Ibáñez Serrador. Kevin, esta nueva pequeña bestia que nadie querría tener como hijo, resulta también terrorífico, aunque con matices.

La escocesa Lynne Ramsay, conocida por ‘Ratcatcher’ y ‘Morvern Callar’, adapta ahora esta novela de Lionel Shriver sobre una madre enfrentada a su propio vástago. La estructura circular, que revela desde el comienzo del relato una parte importante de su desarrollo, hace perder puntos a su parte de thriller psicológico. Sin embargo, el «flashback» reiterado refuerza la mitad dramática: el retrato de una Eva -atención al nombre- completamente superada por un hijo que parece haber salido más de las entrañas del infierno que de las suyas propias.

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Tilda Swinton es la opción perfecta para este papel, manteniendo como puede y sin derrumbarse ese gesto entre lo asombrado y lo desesperado, y equiparando cierta fascinación hacia el mal y su origen a su propio destino y su éxito como madre. No tiene tanto mérito que Swinton se meriende a un marido muy adecuadamente interpretado por John C. Reilly que ni pinta ni se entera de nada, pero sí que destaque en un film que no flojea en su guión ni en su espléndida fotografía ni en su banda sonora compuesta por Jonny Greenwood de Radiohead (Ramsay ya había colaborado con Aphex Twin o Doves).

‘Tenemos que hablar de Kevin’ es también una reflexión sobre esa sociedad que termina culpando a las madres (más que a los padres) de todos los males que puede cometer un ser humano, pero sobre todo impacta por el punto de vista atípico escogido para su tesis, con algún lugar común como el uso del rojo tomate, pero añadiendo otros poco explorados, como la ira que pueden generar unos pañales usados. 8.

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