‘360. Juego de destinos’: Pasado de vueltas

Por | 30 May 13, 16:38

360_Juego_de_destinos¿Queda algún director que siga haciendo películas de historias cruzadas? Sí, Fernando Meirelles. Para el autor de ‘Ciudad de Dios’ (2002) y ‘El jardinero fiel’ (2005) es como si no hubiera pasado el tiempo, como si no se hubieran cumplido más de diez años desde el boom de algunas películas como ‘Magnolia’ (1999), ‘Traffic’ (2000), ‘Crash’ (2004) o ‘Babel’ (2006). Pero ya está, el momento de los mosaicos narrativos con lujuria de Oscar afortunadamente, sobre todo por los dos últimos casos, ya pasó.

‘360’ (los distribuidores españoles han añadido ese “juego de destinos” por si acaso no había quedado clara la metáfora geométrica) está inspirada en ‘La ronda’ (Cátedra, 2004), la célebre obra de teatro de Arthur Schnitzler. Al igual que ésta, empieza en Viena y comparte su principal premisa narrativa: una “ronda”, un juego de influencias que va de personaje en personaje. Aunque, en realidad, su estructura dramática remite más al mencionado subgénero de historias entrelazadas que se hizo popular en las producciones “oscarizables” tras el éxito de ‘Vidas cruzadas’ (1993).

Pero ya no cuela. El “juego de destinos” narrativo como metáfora de lo global y lo interrelacional, la inclusión de estrellas como Jude Law, Rachel Weisz o Anthony Hopkins, o su vocación multinacional (de Viena a Phoenix, pasando por Londres, Bratislava o Río de Janeiro), no es suficiente para legitimizar artísticamente una película que tiene muy poco relevante que contar y que lo que cuenta lo hace de forma muy poco satisfactoria.

Lo mínimo que se le puede exigir a este tipo de propuestas es que los encuentros entre los distintos personajes, las relaciones que se establecen entre ellos, se produzcan de forma fluida y verosímil. Y no es así. Ver en las calles de Viena a una cándida chica eslovaca empezar una conversación con un ruso con pinta de mafioso y luego meterse alegremente en su coche (de mafioso) no es lo que se dice muy creíble. En ese sentido, el guión de Peter Morgan (autor, por otra parte, de libretos tan buenos como los de ‘The Queen’ o ‘El desafío: Frost contra Nixon’), está lleno de ese tipo de argucias, maneras poco sutiles de establecer vínculos con la única finalidad de hacer avanzar la acción, de dar vueltas al carrusel.

Afortunadamente, ‘360’ no cae en el tono solemne y el subrayado tremendista de títulos como ‘Crash’ o ‘Babel’, pero el resultado es tan tibio y su discurso tan insustancial, que la sensación es la de haber asistido a una atropellada y aburrida carrera de relevos sentimental donde cada personaje, cada adúltero con jet lag, le pasa el testigo al otro hasta llegar a una meta tan lejana que el espectador se ha cansado de esperar. 4,5.

  • Luis

    La verdad, chicos, no tenéis ni idea

  • sputonick

    El particular subgénero de pseudovidascruzadas, no empezó con la peli de Altman comentada en el artículo. Sino con otra del mismo director; “Nashville” (1975). E incluso, si nos ponemos más papistas que el papa, todo empezó con “La règle du jue” de Renoir y de mediados de los años 30…

  • Esderta

    LA RONDA ya la adaptó al cine Max Ophuls en 1950!!!

  • LETY

    Antes de “Babel” que es algo más dispersa, Iñárritu ya tenía historias cruzadas con varios personajes implicados en un accidente en D.F., “Amores Perros”, ahí si eran todas vidas que confluyen en algún momento…

  • Tula

    ¿Y la “genial” idea de presentarnos personajes en alcohólicos anónimos para que nos suelten la historia de su vida? tramposete

  • matmo

    Es cierto que el “género” de historias interconectadas propició un buen puñado de cintas memorables (“Vidas cruzadas”, “Magnolia”, “Amores perros”, “Traffic”, etc) hasta que el abuso de la fórmula terminó cansándonos a todos. Meirelles sigue siendo un buen director y “360” se sigue con más o menos interés, pero lo cierto es que sus relatos no trascienden el tópico y todas ellas son un tanto insípidas. Todo está en su lugar y por eso mismo nada resulta sorprendente. Tampoco juega a favor un enfoque demasiado cerebral y gélido que pide a gritos un poco más de tripas y corazón. Por su parte, Peter Morgan parece tan encantado con la arquitectura de su guión que se olvida de buscar la emoción verdadera en sus personajes y sus vivencias. Lo cierto es que Meirelles a estas alturas debería estar haciendo si no obras maestras, al menos sí películas con más agallas y menos ensimismadas en sus propios artificios. El tiempo pasa y el fulgor de “Ciudad de Dios” empieza a quedar ya demasiado lejos. Mis impresiones más extensas sobre “360: juego de destinos”, aquí: http://elcadillacnegro.com/2013/05/30/360-juego-de-destinos-previsible-crisol-de-vidas-cruzadas/ .

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