‘Her’: ¿sueñan los humanos con amores eléctricos?

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‘Her’: ¿sueñan los humanos con amores eléctricos?

herA principios de los ochenta se estrenaron dos películas que, con el tiempo, han alcanzado la categoría de culto subterráneo: una de devoción geek, ‘Sueños eléctricos’ (1984), y otra de adoración freak, ‘Un genio con dos cerebros’ (1983). En la primera, una comedia romántica a ritmo de Giorgio Moroder sobre un triángulo amoroso formado por un hombre, su vecina y un Commodore 64, ya se especulaba sobre el concepto de inteligencia artificial en el ámbito doméstico y contemporáneo. En la segunda, donde Steve Martin se enamora de un cerebro de mujer guardado en un frasco de formol, ya se reflexionaba sobre la (im)posibilidad del amor incorpóreo.

‘Her’ se podría leer como una destilación indie de esas dos comedias, como una fábula (retro)futurista (pero realista) sobre la soledad y el amor en tiempos del iPhone. ¿Dónde estaría temporalmente situada la película? ¿Dentro de diez años, de veinte? Un futuro muy presente donde los hombres llevan bigote y pantalones de cintura alta como en los años veinte, y su relación con la tecnología es cada vez más íntima y sentimental.

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Spike Jonze, como ya hiciera en la fantástica ‘Donde viven los monstruos’ (2009), aplica una mirada melancólica, bañada por las luces del atardecer y mecida por los acordes de la fabulosa banda sonora de Arcade Fire, a un mundo que, por muy moderno, atractivo y confortable que parezca, sigue siendo el mismo de siempre. ‘Her’ no es una distopía moralista sobre la tecnología como generadora de alienaciones e insatisfacciones emocionales, sino una reflexión sobre cómo nos relacionamos sentimentalmente con el mundo que nos rodea, incluida la tecnología.

¿Puede un sistema operativo estar más “vivo” que una persona? ¿Te puedes enamorar de la “vitalidad” de una máquina, contagiarte de ella? Jonze maneja dramáticamente estas cuestiones para construir una singular historia de amor, un romance sin contraplano que no sería creíble de no ser por el extraordinario trabajo de sus protagonistas. Resulta curioso que haya sido el guión lo más nominado y premiado de esta película, y no sus intérpretes. Puestos a buscar defectos en ‘Her’ los encontramos precisamente en el guión, con algunas secuencias, como la de la primera relación sexual, no muy bien resueltas.

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Por el contrario, las mayores virtudes están claras: Joaquin Phoenix y Scarlett Johansson. El primero lleva todo el peso dramático de la película como quien lleva el móvil en el bolsillo: con una naturalidad pasmosa. Y la segunda consigue que solo con su voz, con lo que dice y cómo lo dice, nos creamos que el protagonista se puede enamorar de una máquina. Una oportunidad perdida (en el festival de Roma sí la aprovecharon) para dar un Oscar a una interpretación puramente verbal. Por cierto, hablando de voces: si ves ‘Her’ doblada… ¿has visto ‘Her’? 8,5.

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