‘Is the Man Who Is Tall Happy?’: Chomsky para principiantes

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‘Is the Man Who Is Tall Happy?’: Chomsky para principiantes

gondry-chomskyGondry pregunta. Gondry no entiende. Gondry se equivoca. Pero no lo corta, no lo esconde en el montaje. Esa es una de las mayores virtudes de este documental: su enfoque. Gondry es un fan, es un alumno nervioso y entusiasmado ante la posibilidad de preguntar a su maestro, de tenerle para él solo. Y se presenta tal cual. Sin importarle que se vean sus limitaciones a la hora de comprender los conceptos que maneja el filósofo (quién no las tendría), sus problemas con el inglés (quién no los tiene) y su falta de pericia como entrevistador (no es periodista).

‘Is the Man Who Is Tall Happy?’ no es una oscura conversación entre lingüistas sobre las ciencias cognitivas y la “gramática generativa”, sino una charla con uno de los más importantes pensadores contemporáneos animada por uno de los más importantes directores contemporáneos. Una charla “imperfecta”, con malentendidos (sobre todo idiomáticos), olvidos (el activismo político de Chomsky) y algún momento incómodo (las preguntas sobre su esposa recientemente fallecida), que funciona casi como una metáfora sobre las complejidades y limitaciones del lenguaje en la comunicación humana.

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Chomsky elabora un discurso verbal y Gondry lo reelabora en forma de animación. Gracias a su característico estilo, muy naif y pretecnológico, el director francés hace accesible, a través de la representación visual, los conceptos explicados por el pensador. Aporta ligereza y claridad. Y añade unas imprescindibles pausas. Algunas tan encantadoras (y tan Gondry) como esa especie de pequeño videoclip donde unos enamorados Chomsky y su esposa pedalean juntos en bicicleta por las nubes mientras suena la canción de Mia Doi Todd ‘I Gave You My Home’.

Obviamente, ‘Is the Man Who Is Tall Happy?’ es una película inabarcable en un primer visionado. Para alguien que no tenga la mente de Chomsky es muy complicado seguir las disertaciones del filósofo, comprenderlas en toda su complejidad, y a la vez apreciar, desde un punto de vista estético, las representaciones animadas de Gondry. Pero no importa verlo una segunda (o una tercera) vez (forma parte de la programación del Atlántida Film Fest). No es un documental hecho para sufrir intelectualmente, sino para disfrutar. 8.

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