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‘Silicon Valley’: cómo forrarte por el bien de la humanidad

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‘Silicon Valley’: cómo forrarte por el bien de la humanidad

Silicon_Valley_La imagen de un sonriente programador tecleando código despanzurrado sobre un puff de su oficina-jardín de infancia de Palo Alto estaba pidiendo a gritos una sátira. La propaganda neoliberal disfrazada de mesiánica utopía humanista-tecnológica, también. Mike Judge, ex ingeniero de Palo Alto y creador de ‘Beavis y Butt-head’ o ‘El rey de la colina’, ha escuchado los gritos.

Un ejemplo. En una secuencia del primer capítulo de ‘Silicon Valley’ dos de los protagonistas se dirigen a la oficina en un autobús de la empresa (servicios privados que están acabando con el transporte público en la zona). Mientras discuten sobre el disparatado precio de los alquileres (4500 dólares al mes por un zulo), por las pantallas aparece el CEO de la compañía utilizando una retórica humanista y ecologista para describir su empresa: “trabajamos para hacer del mundo un lugar mejor”. En la entrada de la oficina se les cruzan el equipo de márketing montado en una bicicleta multitándem: están en plena reunión “sobre ruedas”. La secuencia solo dura un minuto, pero a Judge, creador de la serie, le da tiempo a lanzar cuatro dardos.

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Los que esperaban una actualización en clave geek de ‘The Big Bang Theory’ se sentirán defraudados. ‘Silicon Valley’ (que está emitiendo Canal+) no es una sitcom al uso. Ni siquiera utiliza la tan manida fórmula del falso documental. La serie se podría ver, más bien, como el reverso cómico de la película ‘La red social’ (2010). El retrato satírico de un aspirante a Zuckerberg con pinta de Asperger, que en vez de Facebook ha creado un algoritmo de compresión de datos que promete revolucionar la industria digital.

A la serie le cuesta arrancar, quizá condicionada por su propia ambición. El objetivo no es fácil: realizar una serie cómica sin caer en la risa fácil, satírica pero sin llegar a la caricatura grotesca, geek pero sin perder de vista al espectador neófito, profunda pero a la vez ligera, crítica pero con “enganche” emocional. Después de unos primeros capítulos correctos aunque demasiado funcionales, la serie va adquiriendo el tono buscado. El desequilibrio entre los gags verbales (demasiados al principio) y los visuales se va corrigiendo. La relación entre los personajes, apuntalando. Y el dispositivo narrativo, sofisticando. Quizá no te rías a carcajadas, pero descubrirás el lado oscuro de la utopía tecnológica con una sonrisa en la cara.

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Calificación: 7,5/10.
Destacamos: el estupendo cartel de la serie con los protagonistas vestidos “a lo Jobs”.
Te gustará si: te gustó la ‘La red social’ y no quieres trabajar sin horarios aunque sea en un puff naranja.
Predictor: éxito. Ya está confirmada la segunda temporada.

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