Sábado en Primavera Club: ruido, satén y gente maleducada

Por | 02 Nov 14, 14:05

WomansHourAbro la jornada de sábado del Primavera Club en el Teatro Latino con Saurs. En directo su punk (levemente funk) resultón y clasicote suena menos bruto que en disco, pero tremendamente más sólido. Tocan estupendamente bien, tienen actitud y sus canciones poseen madera de hit potencial, aunque quizás les falte aún un pelín de personalidad para acabar de reventar del todo. A mí lado, un chaval, admirado, me comenta que su guitarrista y su cantante le recuerdan a John Ashton y Gene Vincent respectivamente.

Las Coathangers, trío femenino de punk-riot grrl garajero, empiezan muy bien, pero parecen diluirse a medida que transcurren los minutos; como tengo que abandonarlas para ir a Woman’s Hour, no puedo acabar de deducir si es simplemente una simple apreciación mía. En la sala Principal, Woman’s Hour van vestidos de negro, muy serios, elegantes y profesionales. Si en su disco ‘Conversations‘ parecen los hermanos pequeños de Hooverphonic descubriendo los discos de The xx, sobre el escenario resultan más carnales, menos modosos y acusan más sus querencias por el soul-pop sofisticado de los ochenta. Fiona Burgess es una front-woman encantadora, que comienza algo tímida pero en breve se anima y se desmelena… de manera controlada, con unos movimientos bastante estudiados. Porque en este grupo todo parece bien medido, vigilando que la emoción se tense pero que no desborde. Aun así, no pueden evitar ser cálidos ni que la preciosa ‘Darkest Places’ subyugue aún más. Nos regalan una ralentizada y sentida versión de ‘Dancing in the Dark’ de Springsteen y acaban con ‘The Day that Needs Defending’ y la sensación de que, aunque su propuesta no pueda parecer muy original a priori, sus maneras son prometedoras y sus canciones van más allá de la mera música “sofisticada” para acompañar spots de automóviles.

Tras el final de Woman’s Hour decido acercarme a la 2 del Apolo a ver a Nothing. El Apolo está a una parada de metro del Teatre Principal: sospecho que tardo menos en llegar que a según qué escenarios del Primavera Sound. Bromas aparte, en el trayecto debo haberme perdido unos diez minutos de concierto. Es la primera vez que tocan en Barcelona y la sala está repleta. Navegamos entre tempestades de distorsión, muy en la línea de My Bloody Valentine, pero en directo Nothing convierten sus canciones en algo rudo; ‘Get Well’ pierde su dulzura y sus embates sónicos empiezan a hacerme daño en los tímpanos; aun así, los aguanto a pelo. Pero, ay, sus pasajes más calmados se tornan en pesadilla. No por culpa de la banda, sino de ese montón de gente maleducada que viene a los conciertos a cacarear y que piensa que las bajadas de intensidad son la señal para que puedan parlotear aún más alto.

StrandofOaksPara acabarlo de redondear, el concierto acaba a las 22.40 en vez de a las 23.00 como estaba programado. Descolocada, me muevo a la sala grande y, estoy tan absorta intentado averiguar qué ha pasado con el concierto de Nothing, que apenas presto atención a Strand of Oaks, que ya deben de llevar un buen rato tocando. Pero lo que viene del escenario suena lo suficientemente robusto como para acabar haciéndoles caso. Aunque la imagen de su líder Timothy Showalter parece la de un cantante de metal de manual, su propuesta está en un punto equidistante entre R.E.M., Radiohead y los U2 de los ochenta. Lamentablemente, en sus momentos íntimos, cuando se arranca con un emotivo ‘Woke up to the Light’ y se queda solo con la teclista, me vuelvo a encontrar la misma gente poco respetuosa. Cierran con descarga épica para acallar bocas (más bien para taparlas un poco), pero ya no puedo evitar sentirme enfadada durante un buen rato…

Fotos: Dani Canto, Eric Pamies.

  • LastDanz

    Quejica.

  • Anchored

    Pero es que lo que hay que hacer es decirle a la gente que se calle. Sigo convencido de que somos más los que estamos por el concierto que por la cháchara.

    El concierto de Molly Nilsson de la semana pasada en Madrid fue terrible. Un par de chicos se comentaban cosas que no podían esperar en la segunda fila, pero con decirles que “hablaban muy alto” parecieron darse algo de cuenta.

    Pero había un grupos de 4 chicas y un par de chicos que habían decidido que el centro de atención durante el concierto debían ser ellos. En una sala tan pequeña como la Maravillas se sentaban en el escenario mientras actuaba Molly Nilsson para que sus amigas las sacaran fotos para el insta, le pegaban gritos a la cantante en medio de canciones, le daban la espalda estando en primera fila, hablaban entre ellas hasta que reconocían algún estribillo y se ponían a berrearlo como si estuvieran en una despedida de soltera, y al final del concierto una de ellas se pone a rebuznarle a MN que tocara “su canción favorita” a lo que la otra, perpleja, le contestó que ya la había tocado y que sería muy raro tocarla de nuevo.

    Molly Nilsson se fue exasperada, y estoy convencido de que cortó el concierto antes de tiempo por lo incomodo de la situación.

    Este grupo jodió la experiencia de el resto de la sala y del músico, y no consigo comprender por qué tenemos que tolerarlos. Más gente se debería atrever a ponerles en su sitio y hacerles ver que no se puede ir por la vida con ese egoísmo y falta de respeto.

  • Ainhoa

    Comparto tu enfado, Mireia.

    Hace poco tuve que soportar la mala educación en el cine, y me acordé de tantos conciertos jodidos por gente indecente.

    En una ocasión, en un concierto de Bill Callahan en un teatro de Valladolid, una chica que estaba a mi lado le espetó un sonoro “¡pero te quieres callar de una puta vez!” que realmente surgió efecto y el concierto pudo desarrollarse sin contaminación sonora a partir de aquel momento.

    Viva la actitud e iniciativa de aquella chica, pero es evidente que la tristeza vuelve a presentarse cada vez que asistes a un evento cultural, y te encuentras con personas que invaden tus derechos, que abusan.
    Y es que no estamos aquí para educar a nadie, pero tampoco queremos que nos pisen nuestros derechos ni pasarnos gran parte del acto con cierto enfado o molestias con esas personas; por lo que en algún momento decidí que, tanto si he de recriminar como si he de tolerar y callar, lo haga inmediatamente sin pensarlo durante más de unos segundos, y olvidarlo justo despues. Hay pocas cosas en esta vida que me dan placer, y no me queda mucho tiempo para no intentar disfrutarlas.

  • uno

    Que si que mejor en silencio , estoy de acuerdo pero no nos despistemos: un concierto pop-rock en una sala no es como la puta opera (entrada numerada , puntualidad, no se admite entrar tarde o beber alcohol…) por lo que, dentro de unos limites razonables, puede pasar que alguien hable, te quite el sitio – en realidad nadie tiene sitio – o cante desafinado.
    Y es lo mas normal, joder.
    A mi me molesta la gente sacando fotos, las tias diminutas que dicen que no ven – jamas he dicho a un tio alto delante de mi nada – o la gente quieta como putas setas en primera fila y no digo nada.

  • Frankie

    @uno
    Pues mira, no. En un concierto se va a ESCUCHAR y disfrutar, si prefieres hablar de tus cosas te vas a un lado o al final. ¿te molesta alguien que esté parado y no alguien que habla por encima de las canciones?

    Esto me escuece especialmente, anoche mismo en un concierto tuve que salirme de la pista a mitad, ya desesperada, porque tras de mí había dos imbéciles haciendo cualquier cosa menos ver el concierto, les oía más a ellos que a la cantante y eso que estábamos frente al altavoz.

    Es tan evidente que es algo molesto que siempre pienso que no lo hacen sin querer.

  • A ver, entre la ópera y no hablar a gritos hay un enooooooorme conjunto de actitudes.

  • uno

    Nadie quiere que la gente hable a gritos solo apunto que
    un concierto no es un show privado tampoco.
    Si entrara menos gente gratis nos iria mejor a todos.

  • Nadie ha dicho jamás que sea un show privado. Y no sé por qué siempre se llevan estos debates a estos extremos. “Qué no quieres que hable? ¿Es que acaso te crees que esto es un show privado/esto es misa/estamos en la ópera?”.

  • uno

    En mi comentario uso expresiones como “dentro de limites razonables” luego la mencion al extremismo nos lo podiamos haber ahorrado.
    Entiendo vuestras opiniones, yo no tengo mas que añadir.

  • ARP

    Desde luego que se puede hablar en un concierto, pero lo respetuoso sería INTENTAR no molestar. Sólo teniendo eso presente la mayoría de la gente estaría conforme. Unos porque pueden hablar algo, otros porque no sufren muchas molestias. Siempre tendremos los casos extremos, pero ahí ya puede uno ser maleducado y meter baza.

    Lo que no es de recibo es estar cinco minutos hablando a grito pelado en mitad de un concierto, sobre todo porque molestas a todos los que están a tu alrededor, hacer eso es que la gente te importa una mierda. En casos así, puestos a ser molestados, me pongo yo a molestar más, que no les salga gratis su falta de respeto. Funciona casi siempre, o se callan o se piran.

  • oyetu

    Vale que el núcleo de Jenesaispop sea de Madrid, pero de verdad no tenéis a nadie para enviar a cubrir esto además de a vuestra sobrinita de trece años? A estas alturas este rollo “redacción de instituto” resulta TAAAAAAANNN decepcionante!

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