‘Ronaldo’: Cristiano viste su ego en calzoncillos

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‘Ronaldo’: Cristiano viste su ego en calzoncillos

cronaldoCristiano (sin camiseta) lavándose los dientes. Cristiano (con camiseta) enseñando a su hijo a hacer abdominales. Cristiano (sin camiseta) eligiendo calzoncillo. Cristiano (con camiseta) cantando ‘Stay’ de Rihanna. Cristiano (sin camiseta) haciendo aquabiking en su pisci. Cristiano (con camiseta) enseñando su colección de coches de lujo… Y así hora y media. También aparecen un ratito su madre, su hermano y su representante (el siempre sospechosamente eufórico Jorge Mendes). Y como banda sonora, su propia voz, sus reflexiones en voz alta: «Ganar es lo más importante para mí», «Siempre quiero más», «Quiero ganar más que los demás», «Estoy hecho para ser el mejor»…

Supongo que para un fan será diferente, pero a mí el «docu de Cristiano» me ha provocado tres reacciones. La primera, estupor. ¿Qué hacen Asif Kapadia y James Gay-Rees, responsables de fabulosos documentales biográficos como ‘Amy‘ o ‘Senna’, produciendo este publirreportaje? Sí, ya sé que esto es un producto solo para admiradores, pero también lo son otros documentales como ‘Zidane. Un retrato del siglo XXI’ (con esa fantástica banda sonora de Mogwai) o el reciente ‘Messi’ de Alex de la Iglesia, y no son tan rematadamente malos. Por lo menos el título no engaña: en ‘Ronaldo’ no hay nada más que Ronaldo. Ni fútbol, ni perspectiva, ni análisis, ni contexto, ni nada más allá de cuatro apuntes biográficos, cuarenta flexiones y cuatrocientas imágenes de autobombo.

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La segunda reacción, risa. No me extraña que el crítico del Wall Street Journal se haya dedicado a sintetizar la película en cifras: minutos con el torso desnudo, minutos en su avión privado, minutos conduciendo, minutos hablando de Messi… El documental es involuntariamente cómico porque en vez de ser un sólido monumento al narcisismo de CR7, como pretenden el futbolista y su represente (que cree que por repetir muchas veces «eres el mejor del mundo» va acabar siendo verdad), es una frágil hagiografía llena de grietas por donde se cuelan las inseguridades y obsesiones del protagonista. O, lo que es lo mismo, Messi. ¿Cuántas veces aparece Cristiano en el documental sobre el astro argentino dirigido por Alex de la Iglesia? Ninguna, claro.

Tercera reacción: asco-pena. La sobredosis de ostentación y mal gusto que escupe esta película da bastante repelús. Algunos, supongo que los fans, lo verán con una mezcla de admiración y envidia, pero a mí lo que me transmite este documental, una vez reprimida la dentera, es una enorme tristeza. Debajo de tanto discurso grandilocuente y oculto bajo el brillo del Balón de Oro, lo que queda es ese desolador plano general de un hombre en una gran casa a quien se le escapan frases como «yo no tengo amigos. Estoy solo y es como quiero estar». 0.

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