Oneohtrix Point Never / Garden of Delete

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Oneohtrix Point Never / Garden of Delete

oneohtrixLa contraposición de ideas define la propuesta de Oneohtrix Point Never. En su nuevo disco hay unas cuantas, empezando por su mismo título, en sí una contradicción que opone lo positivo («jardín» iguala a vida) con lo negativo («supresión») en un intento de ofrecer a su autor una oportunidad de enfrentarse a los traumas de su adolescencia para comprender que estos «también son productivos» y para aprender a no huir de la negatividad que impera en nuestras vidas. Pero también la variedad de influencias que han informado este nuevo trabajo contrasta: Nine Inch Nails y Soundgarden, con los que Lopatin giró durante 2013, han sido fundamentales en el desarrollo estético de ‘Garden of Delete’, así como la teoría de la abyección de Julia Kristeva y la de inteligencia artificial de Nick Bostrom lo han sido en lo conceptual. Hay samples de John Martyn, Grotus y Hans Reichel desperdigados por aquí entre arpegios trance, riffs de rock duro y baladas híper futuristas. El agujero negro de Oneohtrix Point Never lo absorbe todo.

‘Garden of Delete’ es la segunda referencia de Daniel Lopatin para Warp después del excelente ‘R Plus Seven‘. Ambos discos parecen las caras de una misma moneda. Si el primero era apaciblemente exótico, una colección de abstracciones domésticas e impredecibles alucinaciones virtuales, ‘Garden of Delete’ es agresivo, bruto y urgente, como la versión pubescente de Oneohtrix Point Never angustiado por las dudas existenciales que le asaltan a uno durante la adolescencia. Lopatin lo grabó tras finalizar su gira con Nine Inch Nails y Soundgarden en un estudio sin ventanas (y, por lo tanto, ajeno al tiempo) de Nueva York y ‘Garden of Delete’ suena a menudo como si Trent Reznor fuera un artista invitado. No hay nada tan potente como ‘Heresy’ pero la idea se entiende.

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Aunque es autobiográfico, ‘Garden of Delete’ no es un disco conceptual sino que, como todos los trabajos anteriores de Oneohtrix Point Never, encaja en el ángulo programático de la música tecno y en el concepto de música generativa de Brian Eno, evocadora de mundos inexistentes totalmente subjetivos para el oyente que existen libres de patrones convencionales. Sí contiene una historia de fondo complementaria, que es la de Ezra, un bloguero humanoide que entrevista a Lopatin en su blogspot, cuya publicación más antigua se remonta a 1994, y cuyo grupo favorito es Kaoss Edge, una banda ficticia de «hypergrunge» que tiene hasta página web oficial.

El género «hypergrunge», de nuevo, es inventado, pero curiosamente pocos existen en la actualidad que definan de manera más acertada lo que ocurre en ‘Garden of Delete’. Quizás no tenga mucho sentido como etiqueta, ¿pero qué sentido tiene la música de Oneohtrix Point Never igualmente? El álbum se abre con un tema llamado, precisamente, ‘Ezra’, en el que Lopatin secuencia gélidos micropaisajes entrecortados con una épica sección de sintetizador trance… para cerrar el tema con unas guitarras que suenan sampleadas de algún clásico de rock universitario de los 90. ‘Animals’, la primera «canción» en términos convencionales de Lopatin, parece una balada de Hatsune Miku remezclada por Bloodshy & Avant.

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‘Animals’, como varias pistas de ‘Garden of Delete’, tiene letra, pero está tan saturada de efectos que es totalmente ininteligible. Es la idea. La voz intérprete, de hecho, ni siquiera es real, pues está hecha a través de un programa informático llamado Chipspeech, y cuando la letra sí se entiende es para producir en el oyente un impacto inesperado más que un efecto emocional. ‘Sticky Drama’ es una cacofonía de industrial noise digital, trance y electrónica ambiental, pero su momento cumbre ocurre cuando Lopatin deja bien claro en la mezcla un sample vocal que se pregunta «¿qué coño le pasa al mundo?»… para después distorsionarlo hasta lo irreconocible.

Como se ha mencionado antes, ‘Garden of Delete’ es un ejercicio de dicotomías. La fundamental es la combinación de belleza y horror, de paisajes reconfortantes secuenciados tras otros terroríficos. ‘Child of Rage’ es una composición bellísima, probablemente la que, por sonido, más debe a las investigaciones estéticas del disco anterior, mientras ‘SDFK’ empieza como una hermosa contemplación ambiental para convertirse en una canción de Slayer. ‘I Bite Through It‘ es visceral y reconfortante dependiendo del momento. ‘Mutant Standard’ iba a titular el álbum porque parece su génesis, una composición esquizofrénica que su autor sacude implacablemente a su antojo entre la tensión y la relajación. No da tregua.

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Lopatin asegura que la segunda mitad de ‘Garden of Delete’ es más deprimente que la primera y es cierto. ‘Child of Rage’ es un gran ejemplo, así como el lloriqueo virtual que es ‘Animals’, pero ‘Freaky Eyes’ se lleva la palma con su mezcla de ambientaciones fantasmales, órganos góticos, frecuencias brumosas y melodías pop que suenan remotas y huecas de toda humanidad. El efecto es profundamente solitario, como despertar en el apocalipsis en un futuro imposible de vislumbrar, donde cualquier signo de humanidad ha sido devorado y escupido después por el monstruo de la decadencia tecnológica. ‘No Good’, el lamento country que cierra el álbum, habita un universo parecido y es igual de evocador y precioso. En definitiva, como todo este disco.

Calificación: 8/10
Lo mejor: ‘Ezra’, ‘Sticky Drama’, ‘Mutant Standard’, ‘I Bite Through It’, ‘Freaky Eyes’
Te gustará si te gusta: Bill Nelson, Tom Recchion, Arve Henriksen, Holly Herndon
Escúchalo: Spotify

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