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‘Expediente Warren: El caso Enfield’: mucho mejor que la primera

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‘Expediente Warren: El caso Enfield’: mucho mejor que la primera

ConjuringEl estreno hace tres años de ‘Expediente Warren: The Conjuring‘ generó un entusiasmo entre los aficionados al género de terror que a mí me pareció tan inexplicable, tan paranormal, como los sucesos de Amityville y las caras de Bélmez juntos. La película estaba rodada con la habitual eficacia y elegancia neoclásica de James Wan, pero lo que contaba se había contado tantas veces y de la misma manera que todo resultaba extremadamente rutinario y repetitivo. Como un Pasaje del Terror al que has entrado demasiadas veces y ya sabes por dónde te van a venir los sustos.

Con la secuela me temía lo peor. Un nuevo caso, basado en el famoso «poltergeist de Enfield» (que también ha servido de inspiración para la reciente serie ‘The Enfield Haunting’), pero con idéntico planteamiento narrativo. Solo había un motivo para la esperanza: la dirigía el propio Wan. El creador de sagas como ‘Saw’ o ‘Insidious’ ya ha demostrado que cuando no le interesa seguir exprimiendo una idea (porque ya hay poco que extraer de ella, solo hay que ver ‘Insidious 3‘), deja que otros lo hagan y se limita a hacer caja como productor (no ha dirigido ni una de las seis secuelas de ‘Saw’).

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Pues bien, contra todo pronóstico, ‘Expediente Warren: El caso Enfield’ es lo que debería ser toda secuela: una película que amplía las fortalezas del original, reduce sus debilidades y aporta novedades. ¿Cuáles eran las virtudes del original? Su estilo. El director sigue demostrando su habilidad y virtuosismo en la puesta escena con secuencias tan logradas como la del cuadro de la monja o soluciones visuales tan eficaces como la borrosa visión subjetiva del final. Dos ejemplos de cómo crear tensión y dar buenos sustos de forma elegante y contundente.

En cuanto a las debilidades, esta segunda parte está muchísimo mejor contada que la primera. El guión está más elaborado y la historia resulta más estimulante. Hay dos tramas que se solapan y convergen de forma ingeniosa, se juega con la ambigüedad del caso alimentando la incertidumbre del espectador, vemos soluciones narrativas que hacen avanzar la acción de manera muy eficaz (la escritura automática, los mensajes fragmentarios pero complementarios), nos sorprenden con piruetas dramáticas a propósito de la identidad del espíritu… Toda una serie de recursos, sencillos pero imaginativos, que se echaban en falta en la primera.

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Y, por último, las novedades. Hay fundamentalmente cuatro. Dos buenas y dos malas. La mejor: la inclusión del humor. Son apenas unos cuantos destellos pero se agradecen en este tipo de películas. Ponerse muy serio con una propuesta así, que nunca va a trascender el mero festín de terror palomitero (nada que ver con la reciente ‘La bruja‘), resulta bastante ridículo. Luego está la feliz inclusión de un buen número de canciones: ‘Bus Stop’ (The Hollies), ‘Bored Teenagers’ (The Adverts), ‘London Calling’ (The Clash)… que sirven como signo de puntación, creación de ambientes, detalle siniestro (la canción tradicional ‘This Old Man’) y guiño cómplice (‘Don’t Give Up On Us’, de David Soul, de quien era fan la niña «poseída» real).

¿Las malas? El infructuoso intento de dotar de romanticismo la relación entre los dos investigadores a base de miraditas y cancioncitas, y la duración de la película: 133 minutos. Otro error, junto a la falta de humor, muy frecuente en el terror moderno de multisala. Dos horazas de susto tras susto no las aguantan ni los Warren españoles: Iker Jiménez y Carmen Porter. 7.

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