C.Tangana, The Goon Sax y Sr Chinarro, entre los triunfadores de un accidentado BAM

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C.Tangana, The Goon Sax y Sr Chinarro, entre los triunfadores de un accidentado BAM

Tras un viernes de intensas lluvias, que llevó a la suspensión o aplazamiento de una decena de conciertos (el de Love of Lesbian no pudo ser reubicado y fueron sustituidos por Sidonie), el sábado pudimos al fin gozar del BAM. Bueno, de parte del BAM, porque una de sus características es su vasta oferta, repartida entre escenarios muy distantes entre sí, lo que obliga a escoger zona y renunciar a parte del menú.

Las músicas del mundo se ubicaron en el Moll de la Fusta, mientras que el pop alternativo y la electrónica reinaban en la Plaça del Àngels. Pero las propuestas más jugosas de la jornada se cocían en la Antiga Fàbrica Damm. Este año, con diferente formato: los conciertos se celebraron en horario de tarde en el interior del edificio. La nueva ubicación generó bastantes dudas; el espacio es relativamente pequeño y el aforo limitado, lo que provocó que en varios momentos se cerrara el acceso ante la afluencia de público. Los conciertos se celebraron en una especie de porche que la acumulación de gente convirtió en una sauna. Y la sonorización no fue buena.

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A la hora de la merienda, las cinco y cuarto, tocó el grupo que más expectativas había levantado: The Goon Sax. Tuve la sensación de que muchos de los ahí presentes se tomaron el concierto como si tuvieran la oportunidad de ver a los Go-Betweens de los ochenta. Los mismos The Goon Sax ayudaron a crear esta sensación; no es que copien la estética y la música del indie pop de los ochenta; es que parece que se hayan teletransportado de 1986 a 2016, tal es su carencia de impostura y su fidelidad a unos códigos estéticos muy determinados. Tosco pero efectivo, el trío de Brisbane salió victorioso en su estreno barcelonés, a pesar de que el sonido les fastidió bastante; la pizpireta ‘Sometimes Accidentally’ salió bastante mal parada, pero lograron sobreponerse. En la enorme ‘Boyfriend’, Louis Forster nos confesó que nunca habían tocado para tanta gente. El sonido volvió a jugársela un poco hacia el final. Nada que no arreglara la armónica de ‘Icecream’, que consiguió crear una entrañable atmósfera de felicidad. Más aún cuando, creyendo que ya habían de acabar, descubrieron que aún les quedaban diez minutos más; así que nos regalaron ‘Sweaty Hands’ (mi preferida) y ‘Home Haircuts’.

Había alguien entre el público que pedía constantemente ‘Quiromántico’ a Sr. Chinarro. Hace mucho que a Luque no le hace falta recurrir a su cancionero de los noventa para triunfar. También hace mucho que sus actuaciones dejaron de ser una broma. Ahora un concierto de Chinarro es férreo y sólido. Y vive en el presente; los momentos de ‘El progreso’ brillaron como sus clásicos: ‘La mujer’ y ‘El progreso’ (sin voz femenina), resultaron tan emocionantes e intensas como ‘Babieca’. Pero también hubo espacio para la sabrosura de ‘Del montón’ o ‘Todo acerca del cariño’. Un gozo, como ya viene siendo habitual.

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Para Lloyd Cole el recinto ya estaba abarrotado. Un público bastante maduro atestaba las primeras filas. Lloyd, de tejano riguroso, ofreció un set acústico, con el apoyo de su hijo William. Desgranó sus hits (no por nada el tour se llama ‘Classic Songbook 1983 – 1996’), desde ‘Rattlesnakes’ a ‘Forest Fire’, pasando por ‘Are You Ready to Be Heartbroken?’ o ‘My Bag’. Gran cantidad de fans jaleando y cantando… y más cantidad aún de no-fans charlando. En la segunda fila el murmullo constante no estorbaba, pero imagino que detrás debería resultar molesto, a tenor de la cantidad de veces que se escuchaba chistar. Finalmente el propio Lloyd terció, quitándole importancia al ruido de fondo: «es una fiesta, no hace falta estar en silencio». El concierto acabó resultándome algo tedioso por el mismo formato acústico. Pero cada vez que me giraba solo veía caras de éxtasis y felicidad. Y al final eso es lo importante.

Pero para ambiente y respuesta entusiasta, los de la actuación de C.Tangana. Aquello fue un auténtico salto generacional; las primeras filas pasaron de estar llenas de maduritos a abarrotadas de adolescentes. C.Tangana, de absoluto negro, gesto entre apayasado e insolente, fue el amo absoluto de la función; era impresionante ver cómo la gente respondía ya desde el principio, aunque el sonido dejara, una vez más, bastante que desear (costó escuchar su voz en ‘Drama’). El rugido del público fue constante, con varios picos de intensidad; fue máximo cuando Puchito presentó a «la mejor cantante de este país: Rosalía» para interpretar ‘Llámame más tarde’. El entusiasmo volvió a crecer con ‘Lo hace conmigo’ o con los “NO” que la concurrencia devolvía en ‘Bolsas’. Pero cuando alcanzó cotas paroxísticas (y emocionantes) fue cuando Rosalía regresó para cantar su hit ‘Antes de morirme’; no se les oía, porque todo el mundo la cantaba a grito pelado, explotando al máximo su potencial de himno amoroso generacional. Para cerrar el show nos pidió que encendiéramos todos los móviles, porque iban a cantar «el mejor tema que hemos hecho en nuestra puta vida» y se arrancó con ‘100k pasos’. Impresionante ver todas las pantallas encendidas acompañando al claro vencedor de la jornada.

El concierto de Triángulo de Amor Bizarro, a priori el más esperado de la noche por una servidora, se convirtió en un fiasco. No por culpa del grupo, que lo dio todo, sino porque los problemas de sonido que habíamos ido sobrellevando durante toda la jornada se cebaron especialmente en ellos. En ‘Robo tu tiempo’ ya veías que Zippo estaba inquieto. En ‘El espíritu de la transición’ la gente coreaba entregadísima, pero la cosa no daba de sí. Parecía que la banda no se oía por los monitores. Hasta Isa bromeaba: «Que yo me las sé de memoria y no me importa. ¡Pero espero que fuera salga!». Pero aquello siguió sonando a papilla sónica y, al final, por más ganas que le echara, me acabé sintiendo como si me hubieran expulsado del concierto.

Al día siguiente sólo seguía el BAM en la Fàbrica Damm y el cielo volvía a amenazar lluvia. Se estaba holgado en el show místico-enajenado de Saul Williams. Por suerte, el sonido esta vez sí que fue correcto. Saul, vestido como un homeless ciberpunk, solo acompañado en el escenario por proyecciones. Unos fotomontajes estridentes con imágenes de multitud de personajes, de Malala a Martin Luther King, con mensajes críticos y crípticos. Rapeó sus letras socialmente combativas, entró en trance y nos arrastró mientras recitaba la lista final de ‘Coded Language’ (héroes, villanos e infiernos). Ya teníamos la ropa pegada al cuerpo de bailar al ritmo marcial de ‘The Bear/Coltan as Cotton’, cuando de repente Saul bajó para cantar entre el público. Ahí siguió con ‘Burundi’, tras lo que volvió al escenario, donde remató el set cantando a pelo ‘Black Stacey’. Nos dejó tiritando tras cuarenta minutos de inmersión. Para rematar tanta intensidad, cayó otra tormenta en Barcelona. Nada que no arreglaran Konono nº1 meets Batida, estupenda mixtura entre los congoleses y el productor de música electrónica portugués. Una sesión de baile frenético para olvidarnos del agua y de que, un año más, se había vuelto a acabar el BAM.

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