El Fin de la Comedia: «La gente está teniendo problemas por cosas que han dicho por Twitter, cuando nosotros nos hemos pasado tres pueblos más»

Por | 28 Abr 17, 9:09

Pasaba el tiempo y parecía que aquella escena en la que Ignatius Farray se dejaba balancear en los columpios por su hija en la ficción no tendría continuidad. Los fans nos quedamos con algunas de las mejores escenas de la comedia de los últimos años en el recuerdo, preguntando de vez en cuando si la deseada segunda temporada del Fin de la Comedia llegaría. Por fin, un 15 de marzo se reunían en los Cines Luchana de Madrid la crema y la nata del humor patrio con el objetivo de disfrutar de uno de los estrenos más esperados -llega a explotar una bomba aquel día, y hubiera desaparecido el humor español al completo-. Miguel Esteban salía de su ostracismo en una de sus escasas apariciones sociales, Raúl Navarro se mimetizaba con el ambiente, como buen guionista, e Ignatius Farray recogía todos los flashes con su nuevo look afeitado.

Desde entonces, El Fin de la Comedia II se ha convertido en una realidad gracias a los medios de comunicación -a los que Central de Cómicos nos regalaba un exclusivo póster firmado junto a una barba-de-Ignatius- y el apoyo incondicional de Movistar+. Vuelta de tuerca perfecta, casi hollywoodiense, para aquellos que empezaron la primera temporada envueltos en el underground, y terminan la segunda inmersos en la vorágine del mainstream. Un mainstream que, paradójicamente, ha relegado a un canal privado las vicisitudes cotidianas de Farray, Esteban y Navarro, sobre las que se escribe y sustenta la trama de una serie vanguardista y de factura sencilla pero cuidada y mimada al extremo.

Debemos admitir, aún en este siglo XXI que tantas decepciones nos ha regalado (empezando por la ausencia de coches voladores y monolitos en el espacio sideral), que series tan magníficas como esta segunda temporada de El Fin de la Comedia sean relegadas al ámbito privado de la televisión. Si series de factura similar como ‘Loui’ o ‘Girls’ causan sensación en EE.UU. y se exportan y visualizan en todo el globo, aquí Ignatius Farray, Miguel Esteban y Raúl Navarro continúan siendo, pese a toda la visibilidad que puedan ofrecernos los medios, privilegio de unos pocos. Hablamos con estos tres creadores de su serie y los lugares comunes que han tratado de evitar, metiéndose en otros terrenos resbaladizos como la pedofilia, el asesinato, el maltrato o el cáncer. Todo muy post-humor.

¿Os habéis encontrado con muchos obstáculos a la hora de plantear una nueva temporada? Han pasado casi dos años desde el estreno de la primera.
Raúl Navarro: «En realidad, el único obstáculo fue que tuvimos mucha prisa, porque después de dos años en los que nosotros también habíamos tirado un poco la toalla (aunque sabíamos que Comedy Central estuvo los dos años peleando), nosotros ya tampoco contábamos mucho con otra temporada, y en el momento en que nos lo encargaron, tuvimos dos meses para escribir toda la temporada. Un mes menos que en la primera temporada. El problema fue que íbamos a toda hostia en verano».
Miguel Esteban: «Sabemos que Comedy Central ha estado desde el principio y que quería una segunda temporada, pero aun así, estas cosas de grandes directivos y de grandes… no sé».

«Prácticamente todo en ‘El fin de la comedia’ tiene una base real. Luego está ficcionado, pero creo que no hay nada sacado al 100% de la ficción»

¿La base de la ficción sigue siendo biográfica? Porque, según la veía yo, tiraba más de situaciones absurdas (que, igual, son reales).
M.E: «Prácticamente todo tiene una base real. Luego está ficcionado, pero creo que no hay nada sacado del 100% ficción. Todo son partes de situaciones que hemos vivido alguno de los tres. Luego la tienes que redondear un poco, tienes que jugar un poco a algo más interesante de lo que ha pasado en la vida real, pero todo tiene una base muy sólida, real, de lo que hemos pasado los tres».

Pero, por ejemplo en el capítulo en el que se recorren los distintos pisos del edificio en el que vive Ignatius… eso es totalmente surrealista.
M.E. «Sí, pero por ejemplo eso… es ficcionado, pero es algo que surge de uno de los motores de la serie (para mí): ¿Qué pasa en las casas?, ¿qué pasa alrededor? Un poco la gente con la que se va encontrando Ignatius. El motor de esa trama, que es que alguien tira la basura por el balcón, me pasó en la calle Embajadores. De repente, un tío tiró una bolsa de basura gigante, nos salpicó a mi novia y a mí, y preguntamos qué era aquello. Y un tío que estaba sentado nos dijo “es uno del edificio que tira siempre, a las 7 de la tarde, la basura por la ventana”».
R.N. «Y la historia de Ernesto Alterio también está un poco basada en la realidad. Y la historia del Trivial está basada en el tipo de cosas que hace Gustavo Biosca».
M.E. «Hace rarezas de estas, que son maravillosas. Como cuando va a tu casa, se queda con la dirección y el nombre de la gente del buzón y les manda una foto de un pelotari vasco dedicada. “Juanra, cuánto tiempo hace que no nos vemos, un beso”. Estas cosas raras. A mí me da pereza hacerlas, por eso las hago en la serie. Pero, aparte, lo bueno es que en la serie ves el efecto. Estas cosas que lanza Gustavo Biosca, en la realidad nunca ves el resultado, y a mí eso me frustra mucho. Aquí por lo menos, te lo puedes imaginar».

«Pasan cosas tan irreales que pensábamos que si las metíamos en la serie, la gente iba a pensar que era mentira y algo forzado, cuando en realidad había sido tal cual»

Y que la respuesta es correcta.
M.E. «Y la respuesta es correcta» (risas).
Ignatius Farray: «Me acuerdo de que en la primera temporada hubo cosas que quitamos porque eran reales, pero no había manera de contar eso y que pareciera verosímil. Cosas del juicio, por ejemplo. Si el tema principal de la segunda temporada es la salud mía y por otro lado, que conseguimos hacer la serie, el tema principal de la primera era que tenía que ir a juicio para pasar más tiempo con mi hija, y en mi vida real, cuando tuve que ir a juicio para pasar más tiempo con mi hijo, se dieron casos en el juicio de, de repente, yo… salía el tema de la película ‘KickAss’, entonces yo tenía que dar explicaciones sobre esa película, que mi hijo y yo habíamos visto juntos, y yo dando explicaciones a la jueza de por qué habíamos visto esa película. Entonces, cosas como esas nos parecían tan irreales que pensábamos que, si las metemos en la serie, la gente iba a pensar que era mentira y algo forzado, cuando en realidad había sido tal cual. Muchas veces sí que te encuentras con esa sorpresa, con que la frontera entre realidad y ficción es más difusa de lo que parece».

Otra de las ideas que sobrevuela la serie es dejar la comedia.
M.E. «Es una idea que sobrevuela la cabeza de todos los que llevamos mucho tiempo. Yo me lo planteo, sé que Ignatius también y Raúl también. El momento de dejarlo todo. Nos lo hemos planteado muchas veces. Yo tengo mi sueño, que es montar una tienda de legumbres a granel. (Risas) Tengo ya montado el diseño y todo en la cabeza. En cuanto me vengan seis meses malos, monto una tienda de legumbres a granel».

¿No has tenido nunca seis meses malos seguidos?
M.E. «La verdad es que… no tan malos. Tenemos mucha suerte».

¿Cuál es tu sueño, Raúl?
R.N. «Comprar legumbres a granel de su tienda».
M.E. «Creo que es el negocio del futuro, es el momento».
R.N. «Yo me estuve planteando seriamente abrir un bar en Valencia».
M.E. «Ignatius dice por ahí, en algún momento, de ser jardinero».
I.F. «Pues sí. Sí que lo del tema de la jardinería me gusta. No sé, yo creo que me vino porque una vez vi ‘El último emperador’, y al final, el protagonista acaba dedicándose, de una manera muy modesta, a cuidar de un jardín. Y yo empecé a fantasear con eso, y siempre he pensado que, si yo algún día no me puedo dedicar a esto, me dedicaría a la jardinería. Hay otra película que me gusta mucho que es ‘Bienvenido Mr. Chance’, de Peter Sellers, y que también él es jardinero. Y es verdad que siempre lo consideré un tema guay».

Pero tiraste tu planta yuca de interior a la basura.
R.N. «Una cosa es que quiera ser jardinero y otra cosa que vaya a ser buen jardinero».
I.F. «Es verdad, no tengo buenos precedentes. Tenía un conflicto con mi planta yuca. Claro, yo fantaseo con eso, pero luego se me morirían todas las plantas».

El mensaje que saqué en ese momento (y que quizás sea totalmente erróneo) fue que la comedia es un empleo más. Igual de mierda que todos los demás.
M.E. «Tampoco creo que haya una moraleja como tal. No hay un plan. Yo sigo insistiendo en que puede que en cualquiera de estos trabajos aleatorios fuéramos más felices. La comedia puede que tenga cierto carisma, cierto reconocimiento, pero…»

Bueno, para vosotros no. No aparecéis nunca en cámara.
M.E. «Claro, es lo que planteamos, con Messi, por ejemplo, ¿cómo voy a dejar de ser futbolista para abrir una tienda de libros de segunda mano?, ¿cómo vas a renunciar a esa pequeña cuota de reconocimiento? Eso es lo que nos ata un poco. Pero seguramente, en términos prácticos, seríamos más felices todos en esa tienda de legumbres a granel».

El cielo es una tienda de legumbres a granel.
M.E. «Yo estoy convencido. O la Cuesta de Moyano, estoy ahí ahí».

Una de las cosas que también noté es que me reía menos. Era más una sensación de angustia.
I.F. «Incluso el tema de la muerte es más recurrente. Yo creo que la segunda temporada llega a tener a veces incluso un tono siniestro, rozando en ocasiones el horror. A fans de la primera temporada, nos han dicho que les ha gustado más la segunda. Hay gente que a lo mejor, no. Pero sí que la segunda se puede considerar un poquito más audaz en el sentido de que le hemos dado una vuelta de tuerca más. Que, a lo mejor, nos hemos atrevido con temas que no suelen ser habituales cuando haces algo de comedia. Entonces hay veces que la gente lo flipa un poco. En plan “esto que estoy viendo no pertenece al universo de la comedia”, sino que es otra historia que tiene que ver ya con otros géneros».

Salen retratados el maltrato a los animales, el cáncer, la pedofilia, asesinatos…
I.F. «Sí, es verdad. Son cosas siniestras. Hay momentos en los que el tono cambia. Y yo creo que eso a mucha gente le llama la atención para bien».

Como por ejemplo, el capítulo del karma. El pederasta sale indemne con su cuadro y la maceta no le cae en la cabeza por poco…
R.N. «No tiene por qué ser pederasta. Podría haberse querido llevar el cuadro por la playa, no por el niño».

¡Venga ya! ¿Entonces los mal pensados somos nosotros, el público?
R.N. «No queda claro en ningún momento».

¡Pero en el siguiente capítulo habláis de pederastia!
M.E. «Son dos personajes diferentes. No se conocen. No puede haber relación entre ellos. Y lo de pederasta… es, como mucho, pedófilo».

Joder.
M.E. «La duda es si es pedófilo o no, lo de pederasta lo estás poniendo tú».
R.N. «El delito es distinto».
M.E. «La diferencia es muy grande entre pedófilo y pederasta. La diferencia está en follarte a un niño».
R.N. «Le gustan los niños. ¿Hace algo? No hace nada. Los mira. En 50×70 le gusta tener en el salón la foto de un niño. No hay nada ilegal ahí. Es la belleza».

Por eso la maceta no le da en la cabeza.
R.N. «Porque el karma es así. El karma (que no existe) es así».

«‘El fin de la comedia’ es una serie rebelde, no por los temas en sí que trata la serie, que no son realmente transgresores, pero la manera de hacer la serie sí que pienso que es una manera poco común de hacer series, sobre todo aquí en España»

Cuando decís que no hay un plan, que no hay mensaje, que no hay karma… ese tufillo de amargura es el que he creído ver en la serie.
M.E. «Esto no es ‘Whiplash’. No hay ninguna moraleja».
I.F. «Nosotros siempre hemos dicho que Comedy Central nos ha dado la libertad para hacer lo que nos diera la gana, y una cosa que nos apetecía era contar historias que no se cerrarán. En una narración convencional, si empiezas una historia, tienes que saber cómo se desarrolla y cómo termina, y a nosotros nos hacía gracia que hubiera historias que se abren en un episodio, pero que quedan ahí sin un desenlace. Y nos parecía una sensación de libertad poder colar algo que se te ocurre sobre la marcha en un episodio sin tener que llegar a desarrollarse del todo… una libertad guay. Sí que, en ese sentido, es una serie rebelde, no por los temas en sí que trata la serie, que no son realmente transgresores, pero la manera de hacer la serie sí que pienso que es una manera poco común de hacer series, sobre todo aquí en España. Por ejemplo, intentamos rehuir siempre de los chistes. Hay series estadounidenses de cómicos que sí que tienen ese tono, como ‘Loui’, como ‘Girls’… pero aquí en España no es normal hacer series con ese tono. Entonces, bueno, sí que es una serie rebelde en el sentido de que, modestamente, hemos conseguido hacerlo a nuestra manera».

Entonces, mi apreciación de que esta temporada es más dramática que cómica, es errónea.
R.N. «Precisamente en el capítulo dedicado a las profesiones, al final, Ignatius se derrumba en la cámara oculta. Ahí sí que hay un poco más de carga dramática».
M.E. «La comedia, a no ser en momentos específicos, tampoco es que apostemos a tope por ella. Ni siquiera en la primera temporada. Ni en esta. Luego, muchas veces, cuando vemos los capítulos con gente, nos sorprendemos con dónde se ríen. Nosotros pocas veces escribimos pensando en que la gente se ría. En esta serie. Todos los demás trabajos, sí. En esta serie, no. Para nosotros es un misterio si es graciosa la primera o es graciosa la segunda».
I.F. «Muchas veces, en el mundo audiovisual se infravalora al espectador. Se dice “esto no lo vamos a hacer así porque el público no lo va a entender”, y realmente eso es falso. La gente tiene mucho más nivel que el nivel de los medios. Y la gente que está dirigiendo los medios piensa al revés. Entonces, nosotros hemos intentado hacer una serie honesta y reconocer eso, hemos creado situaciones en los episodios que la gente puede interpretar a su manera y reaccionar a su manera. Eso es guay. Que la gente se vea la serie y que cada uno imagine que la situación se desarrolla como su imaginación le da a entender. Eso también nos ahorra trabajo a nosotros».

Supongo que se llama El Fin de la Comedia por algo.
M.E. «¡Claro! Es un título que nos viene perfecto. Si no te ríes… mira cómo se llama (risas). No puedes venir a reclamar. Si se llamara “La fiesta de las risas” tendríamos un problema. Aquí, si te ríes… oye, a tope».
I.F. «No había una intención determinada de provocar ciertas emociones. Quizá esa sensación no la había. Pero si había la intención de ser un poquito más valientes. Ya que habíamos tenido la suerte de que hubiera salido la segunda temporada, sí que queríamos aprovecharlo y no contenernos. No jugar a la defensiva, haciendo algo más convencional, sino ir un pasito más allá y atrevernos con más temas. Esa intención yo creo que sí existía. Pero la intención de crear ciertos estados de ánimo, quizás no. Simplemente, por ser ambiciosos en el sentido de contar los episodios de una manera menos previsible».

También me llamó la atención el metatexto con respecto a la primera temporada.
R.N. «Al final, como la serie sigue la vida de Ignatius, uno de los grandes cambios en su vida fue haber hecho la serie. Que la serie iba a estar presente en la propia serie era algo que teníamos claro desde el principio. Luego, dónde la metimos, que es como el final de la temporada… temporalmente no está bien. Porque se trata del final, y al principio ya está en Buenafuente, La Vida Moderna… Luego el rollo este de que el personaje de la primera temporada lo haga Rocío León y que Natalia de Molina esté viendo a Rocío León mientras Ignatius se está viendo en la tele…»

«Gracias a la serie, Ignatius se ha dado cuenta de que tampoco escuchaba en la vida real, y ahora escucha más a la gente»

¿Esa situación ocurrió?
R.N. «La de la primera temporada, sí».
M.E. «Sí que Ignatius dice que, gracias a la serie, escucha más a la gente. Por este problema que hay en el último capítulo, que dice “es que no estás escuchando al personaje”. Gracias a eso, se ha dado cuenta de que tampoco escuchaba en la vida real, y ahora escucha más a la gente. Y bueno, ese análisis de su vida, y escuchar más a la gente, puede dar la sensación de que ahora nos entendemos mejor gracias a la gente y… no. Tampoco».
I.F. «Ese siempre es mi caballo de batalla. Sí, tenemos la broma esa siempre, desde la primera temporada. Pero yo creo que sí, que se me da mejor. Por acumulación de tiempo que llevas dedicándote a esto, acabas ya sabiendo medir ciertas cosas, o de darte cuenta de ciertas cosas que están pasando, o de por qué está pasando. O a lo mejor es demasiado presuntuoso eso. Pero a lo mejor aprendes a medir, en el sentido de que te das cuenta más rápidamente todavía de cuando estás metiendo la pata. Entonces ganas tiempo para corregirlo sobre la marcha».

A lo mejor ahora que se te da mejor la interpretación, tiras hacia una rama cómica más intelectual, más seria.
I.F. «No, la verdad es que no. He aprendido a medir en el sentido de que te das cuenta de cuándo estás molestando. Pero todavía no he aprendido a medir lo suficiente, en plan de “quiero ir hacia este sitio”. No soy capaz de dirigir mi carrera de una manera cerebral. La sensación que tengo es que estoy saliendo del paso continuamente, que estoy manteniéndome a flote. Pero no tengo una sensación de “ahora quiero hacer esto”. Realmente sería demasiado presuntuoso actuar de esa manera».

«No estamos como para dar lecciones. La lección es que no hay lección»

¿Tú crees?
I.F. «Hombre, sí. Porque realmente es algo que, si eres un poco honesto, no está en la mano de nadie poder elegir eso. Tú vas eligiendo las cosas un poco a golpes, a fuerza de darte contra la pared, o por lo menos esa es mi sensación. Igual yo no lo he sabido hacer de otra manera. Realmente no tienes tanto margen de acción como uno se piensa. En el fondo, te das cuenta de que haces las cosas de una determinada manera, y si intentas cambiarlo, ya te das cuenta de que estás teniendo un poquito de postureo, o estás forzando un poco la situación, o ya queda un poco más artificial, pero realmente el margen que tiene una persona de hacer las cosas honestamente es muy reducido».
R.N. «Es que no hay más que vernos a nosotros».

Yo os veo bien.
M.E. «Sí, pero no estamos como para dar lecciones. La lección es que no hay lección».

Es curioso, porque en EFDLCII, cada vez que aparece un fan, es para meter en un aprieto a Ignatius (los gemelos de la primera temporada, los chavales del Barranquito…) y, siempre que Ignatius aparece en un medio mainstream, es para que le traten fatal.
I.F. «Sí, mis fans de siempre reniegan de mí porque me he pasado al mainstream y en el mainstream me tratan como a un puto payaso (risas). Eso es guay en el sentido de que acabas en una soledad absoluta. Hombre, es verdad que salir en programas como Late Motiv o el éxito que tiene La Vida Moderna en La Ser son cosas muy guays y las estamos disfrutando. Y este año, sobre todo, se nota que la cosa ha crecido bastante. Pero no tengo remordimientos porque, si sacas la cuenta matemática de quince años que llevo dedicándome a esto, uno me ha ido bien. O sea, matemáticamente sigo siendo un puto loser. Nunca me había esforzado tanto, en el sentido de que, de repente, sale mucho trabajo, y este año ha sido muy a tope. Pero la verdad es que lo estamos haciendo muy contentos, porque la serie, el programa de radio… todo eso son cosas muy guays. Entonces ha salido todo de golpe, a la vez».

«Mis fans de siempre reniegan de mí porque me he pasado al mainstream y en el mainstream me tratan como a un puto payaso»

En la primera temporada se jugaba con esa sensación de tú encima del escenario y tú debajo del escenario. En la segunda temporada se ha dejado un poco más de lado eso. ¿Qué es lo que pasa cuando subes al escenario para que te transformes tanto?
I.F. «Con esa pregunta nos acabas de dar un motivo por el que hacer una siguiente temporada. Me lo voy a apuntar. Es verdad que podría ser interesante saber de dónde viene eso».

Pero no me lo vas a contestar.
I.F. «Es que yo tampoco lo sé (risas). Pero deja que reflexione un poco. Hombre, yo me imagino que en el fondo soy bastante cobarde. Como persona. Y solo he encontrado el ámbito donde superar eso arriba de un escenario. A lo mejor es un poco por eso».

Con la autoridad que te da estar en un escenario.
I.F.: «Con la autoridad que te da la gente. El escenario te da una autoridad relativa, en el sentido de que tu puedes malutilizar eso, pero el poder realmente te lo da la gente. Cuando tú estás haciendo algo guay y la gente te refuerza eso, con las risas, por ejemplo, te vienes arriba e igual pierdes el miedo a mostrar cosas tuyas que en tu día a día normal no sueles hacer. La verdad es que es una suerte tener eso a mano. También, lo más sano sería ser capaz de hacerlo en tu vida normal. Sin necesidad de buscar una coartada».

«Nunca me han pegado unos raperos en un baño, pero sí que por internet hubo bastante polémica por cosas que puse»

¿Podéis mencionar alguna anécdota que os haya sucedido en la realidad y se haya visto materializada en la serie? Miguel ya ha contado cuando le tiraron la basura por la ventana.
R.N. «Pues la del piso. No me llegué a mudar. No me ofreció de forma tan clara matar al inquilino. El señor me llegó a decir que “estaban acabando con el problema”. De repente empezó a llamar a esa persona “el problema”. Y me dio a entender que le estaban, no sé si envenenando, o esperando a que muriese».
M.E. «Al final, lo de que odiase a los negros ya entra en el terreno de la ficción».
R.N. «Nunca llegué a conocer a ese señor. Pero quiero pensar que odiaba a los negros».
I.F. «Lo de que voy a la piscina sí que es real. Y lo de Gabilondo no fue real, pero hubiera sido gracioso. Lo que sí fue real fue el enfrentamiento con los raperos. Hasta el punto de que, en su día -esto fue hace años, en la época en la que también me metí con Juan Echanove por Twitter-, también me metí con los raperos muy a saco, y tuve a raperos muy enfadados respondiendo. Y recuerdo que Arkano, ya en aquella época (igual de aquello hace ya diez años… 8 o 7 años), intervino en aquel hilo de Twitter para poner un poco de calma. Y se notaba que tenía mucha autoridad, porque el resto de los raperos, automáticamente, le hicieron caso. Entonces estuvo bien recoger aquel momento, pero dándole la vuelta de que ahora sí que me terminan dando una paliza. Entonces, nunca me han pegado unos raperos en un baño, pero sí que por internet hubo bastante polémica por cosas que puse».

«Ahora tenemos un contexto social en el que se nota que ciertos jueces están haciendo el ridículo»

¿Cómo manejas esa presión?
I.F. «Yo debo de ser muy inconsciente, pero son cosas que es que yo no… igual que soy muy cobarde para otras cosas, pero no lo veo como valentía, es inconsciencia más bien. Realmente son cosas que no me atemorizan. Un poco porque, no sé, hay un contexto social en el que la gente se da cuenta de que cierto tipo de gente que están acusando… es ridículo que esa gente pueda ir a la cárcel. Entonces, te sientes amparado en ese contexto social. Si esto me lo dices en la época de la transición, igual acojonaba más. O en otras épocas. Pero realmente ahora tenemos un contexto social en el que se nota que ciertos jueces están haciendo el ridículo. Pero igual es que yo soy demasiado inocente. Igual esto sí que se convierte realmente en algo serio. Hombre, ya es muy serio que gente que intenta hacer comedia por Twitter tenga que acabar yendo a la cárcel. Pero que eso se convierta en algo que la gente ya no proteste contra ello o en algo normalizado, me parece… de locos. Que llegue a consolidarse esa línea de pensamiento. Igual yo me siento respaldado por eso, y por eso no tengo miedo. Es más, yo creo que un cómico vive un poco de estos momentos. Un cómico siempre está buscando la oportunidad de que pase algo fuera de lo normal para luego poder contarlo. Entonces, que a mí ahora mismo me puedan llevar a la cárcel sería perfecto para la tercera temporada. No sé si debería forzarlo un poco más para tener buen material ahí para continuar con la serie».

«La gente está teniendo problemas por cosas que han dicho por Twitter, cuando nosotros nos hemos pasado tres pueblos más que ellos»

Parece que te fueran cercando, como si te fueran a pillar cualquier día.
I.F. «Nosotros, en La vida Moderna, Quequé y yo lo decimos. Porque ahora la gente que está teniendo problemas, está teniendo problemas por cosas que han dicho por Twitter, que nosotros nos hemos pasado tres pueblos más que ellos. En algún comentario hemos dicho muchas burradas, y dice “a nosotros, en cualquier momento nos puede pasar igual”. Hace poco, en Al Rojo Vivo, sacaron momentos nuestros del programa de La Vida Moderna, con un juez en el programa, intentando ver si lo nuestro era para llevarnos a la cárcel o no. Y dijo que no, pero tuvimos suerte con este juez en concreto, pero a lo mejor, por otro motivo, sí.

Entonces tú no tienes miedo respecto a eso.
I.F. «Reconozco que no. Pero igual estoy equivocado. Pero mi sensación, honestamente, es que no me atemorizan ese tipo de situaciones».

Vamos a hablar de música. Tenéis la banda sonora más rara de la televisión. Mezcláis rap, trap y a Anntona (que sale actuando como pizzero) y a Tigres Leones…
M.E. «Sí, ambos salían en la primera temporada, también».
R.N. «Luismi, uno de los miembros de Tigres Leones, es el que compone toda la música de la serie. Los riffs de guitarra, los momentos así más bonitos musicales… él hace toda la banda sonora. Y nos gusta mucho tanto Tigres Leones como Anntona».
M.E. «Y son fáciles de gestionar para derechos. En el capítulo del Barranquito está todo el trap que hemos metido, que para nosotros ha sido algo que hemos descubierto así».

¿Os gusta el trap?
M.E. «A mí, ahora sí. Estoy a tope con Bejo. Salen un par de canciones suyas en el capítulo del Barranquito. Y tiene unos videoclips increíbles».

¿Y qué tal con el rap?
M.E. «Yo empecé a escuchar trap y rap por la serie, y a tope. Lo de las batallas de gallos de Arkano, que ha ganado dos mundiales de esos de Red Bull, es alucinante. Después de ver eso, me volví a ver 8 Millas».
I.F. «Yo no controlaba mucho de trap, pero por ejemplo Bejo me parece que hace un trap increíble».
R.N. «En la próxima temporada, solo rap y trap. Y a tomar por culo Tigres Leones».

¿Tigres Leones haciendo rap?
R.N. «Eso sería un bonito experimento».

Habláis de la tercera temporada, incluso tenéis hastag en Twitter, pero dentro de la serie… me pareció un final muy cerrado el de la segunda.
R.N. «Bueno, la primera también. Tampoco vamos a apostar».
M.E. «De los tres, yo soy el más pesimista. Yo creo que no va a haber tercera temporada nunca. Pero por eso creo que está bonito cerrarla bien. A mí me pareció muy difícil hacer la primera, muy difícil hacer la segunda, y creo que por estadística ya, lo lógico sería que no hubiera tercera».

¿Creéis que podréis salir algún día en una televisión generalista, o aquellos tiempos ya pasaron?
R.N. «¿Haciendo algo como El fin de la Comedia? Yo creo que no. No hay nada que se le parezca».

Antes estaban Muchachada Nui o La Hora Chanante, o cosas más “raras” en La2…
M.E. «Fue por La2. No sé, por nosotros, a tope. Sí cuanta más gente nos vea, mejor. Nosotros ya nos hemos embarcado en la parte más alternativa, nos identificamos mucho con una parte alternativa de la comedia, y estamos muy contentos allí. A mí me parece que hay que diferenciar un poco entre la parte de autor y la parte de guionista como trabajo. Que la tenemos, también. A mí me gustaría estar en una serie generalista como ‘Gran Hotel’, me parecería divertido. Hasta en ‘Amar en Tiempos Revueltos’, me parecería muy divertido. No mucho tiempo, pero un par de semanas…»

¿Se puede vivir de la comedia alternativa?
M.E. «Yo no me quejo. Yo me considero un privilegiado, absolutamente».
R.N. «Yo creo que nos va muy bien».

Pero tenéis vuestros trabajos aparte.
R.N. «Yo sí».
M.E. «Pero estás en Late Motiv, que tampoco es…»
R.N. «Sí, es un poco alternativo».
M.E. «Yo lo más generalista que he hecho nunca ha sido El Intermedio. Y no estuve tampoco muchísimo tiempo».

«La culpa de que haya menos personajes femeninos de los que debería es del heteropatriarcado»

¿Por qué aparecen tan pocas chicas en la serie?
M.E. «Yo creo que aparecen bastantes».
R.N. «En esta segunda aparecen bastantes más. En la primera sí que es algo que, a posteriori, lo vimos un poco».

Habéis metido a Patricia Sornosa, habéis metido a más cómicas pero ninguna en un papel más… destacado.
M.E. «Es que no hay papel que no sea secundario en esta serie. Salvo Ignatius».
R.N. «Es una serie en la que nunca pasaremos el test de Bechdel, pero porque todo el mundo habla con Ignatius. Nadie habla entre ellos al margen suyo».

Parece que teníais la crítica en la cabeza.
R.N. «Es una crítica que se hizo a la primera temporada, y es cierto que había poca presencia».

¿Y valoraste por qué había sido aquello?
M.E. «A ver, partimos de que hay un hombre que es el protagonista absoluto a un nivel… hay una distancia absoluta con el siguiente. ¿Cuál sería el siguiente en presencia en esta temporada, Iggy Rubin? Pero él tiene tres secuencias, también. Entonces, hay un protagonista absoluto, que es Ignatius. El resto de personajes que interpretan las mujeres son personajes que también podría haber interpretado un hombre: la doctora, Betsy la librera… no es que sea la chica de la que se enamora, no es que aporte sexualidad».

De hecho hay cero sexualidad en esta serie.
M.E. «Sí, y en la primera temporada solo hubo un capítulo. Lo último que me gustaría es que esta serie se catalogara como machista; porque, seguro que lo es, porque lo somos todos, pero desde luego no es nuestra intención. La culpa de que haya menos personajes femeninos de los que debería es del heteropatriarcado».

Últimamente han proliferado los eventos de mujeres humoristas, carteles de “solo cómicas” como protesta ante la discriminación de la mujer en la comedia.
M.E. «Es cierto que hay menos cómicas, y no creo que sea casualidad. Seguramente sea más difícil para una chica lo de subirse al escenario, está socialmente menos aceptado».

A mí lo que me fastidió especialmente fue el capítulo con Patricia Sornosa. Hace un monólogo cómico y después Ignatius la saluda para comentarle que la ha grabado, y la historia deriva en que se va a hacer una paja con ella. ¿De verdad hacía falta sexualizarla, no podía ser simplemente un cómico, sin connotaciones sexuales?
I.F. «Yo creo que también se ve que yo la admiro, ¿no? Simplemente que quiero dar un paso más allá y hacerme una paja (risas). Creo que se ve que yo tengo una admiración genuina por lo que ella hace, que yo no la adulo a ella simplemente por sexualizarla, sino que sí que se nota que hay una admiración. No creo que quede como una mujer objeto. No creas que fue intencionado, al igual que tampoco fue intencionado lo de no meter apenas mujeres en la primera, simplemente salió de esa manera, y punto. Yo creo que nosotros tres tenemos la convicción de que no somos machistas, o por lo menos… quiero decir, siempre hay un machismo residual que existe en la sociedad, pero nosotros tres pensamos que ese tema, a lo mejor no pecamos de eso. A lo mejor no tomamos la serie para demostrar nada en ese sentido. O sea, si sacamos mujeres es porque se nos ocurre que puede quedar bien en el episodio, no porque tengamos que cubrir cierta cuota necesariamente. Porque, por ejemplo, tanto a Valeria Ros como a Patricia, por decir las dos cómicas que pasan, son dos cómicas que admiramos cada uno de nosotros tres. Por ese lado, la admiración es genuina, y la ilusión de que ellas salieran en la serie. No estaba hecho con la intención de aparentar cierta paridad».
M.E. «Patricia es la única persona que sale actuando, aparte de Ignatius».
R.N. «También viene de masturbarse con Verónica Forqué».
M.E. «Él, a lo mejor, está descubriendo que eso no le molesta a la gente. Que es algo que nosotros descubrimos gracias a la serie. Que es algo que nosotros descubrimos también sobre la marcha. Tuvimos que contarle el papel que iba a hacer a Veronica Forqué en el momento».
R.N. «Ella pensaba que era una película y no había leído el guión. No le habían dicho absolutamente nada. Y nos metieron a Miguel y a mí, igual que cuando a Ignatius le meten en el primer capítulo con el viejo y cierran la puerta. Básicamente nos metieron en una sala donde estaba ella, cerraron y… ahí tuvimos que explicarle a Veronica Forqué pues… que Ignatius se masturbaba con ella, viendo sus películas».
M.E. «Pasamos la misma vergüenza que Ignatius en la serie. Pensábamos que esta mujer se iba a levantar, se iba a marchar y… exactamente igual que en la serie, dijo “ah! Qué bien, qué ilusión, qué divertido”».
R.N. «Hubo tantas pausas en esa secuencia como en la serie».

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